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La clase trabajadora urbana y los primeros movimientos obreros de América Latina 1880-1930 - HALL y SPALDING

La clase trabajadora urbana y los primeros movimientos obreros de América Latina 1880-1930 - HALL y SPALDING

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Hall y Spalding "La clase trabajadora urbana y los primeros movimientos obrerosde América Latina, 1880-1930"
 Si bien durante este período, la mayoría de los trabajadores seguían siendo rurales, lostrabajadores urbanos se transformaron en una fuerza significativa de la vida nacionalde la mayoría de los países latinoamericanos.
La economía, la burguesía y el Estado
 Por su papel de exportadores de productos básicos e importadores de productosmanufacturados, los países latinoamericanos no desarrollaron una industria importantehasta bien entrado el siglo XX. La población activa estaba muy segmentada y además,mientras que los empleados en el sector exportación (portuarios, ferroviarios) tenían ungran poder de negociación, las medidas de fuerza tomadas por los trabajadores ligadosa la producción para el mercado interior (carpinteros, textiles), si bien podían tenerefectos graves, las repercusiones eran mucho menores.La posición estratégica que los mineros y los trabajadores del transporte ocupaban enuna economía basada en la exportación hacía que con frecuencia se vieran sometidosa toda la fuerza del control estatal, pero a veces su capacidad de negociación lespermitía obtener importantes ganancias económicas y, de vez en cuando, inclusoganancias políticas.Los trabajadores ajenos al sector de exportación, en cambio, se encontrabangeneralmente dispersos en empresas bastante pequeñas. Estos trabajadores no erannecesariamente artesanos independientes en el sentido estricto de pequeñosproductores especializados y dueños de sus propios medios de producción. Por otrolado, dado que la mecanización avanzaba con bastante lentitud, numerosos oficiossobrevivieron durante mucho tiempo.El tamaño de este sector no es fácil de precisar. Debido a las economías exportadoras,este sector tenía poco peso económico, y por ende, político. De todos modos, formaronorganizaciones combativas y tuvieron un papel importante en los movimientos obreros,incluso más allá de 1930. Por su parte, el proletariado industrial (trabajadoresempleados en fábricas grandes y mecanizadas) no ocupó un lugar central en laseconomías nacionales hasta después de esa fecha. Por otro lado, la distinción entrefábrica y taller seguía siendo poco clara, y excepto en el caso de México, ningúnproletariado de Latinoamérica desarrolló un papel independiente antes de 1930.
 
Además, la prontitud con que se formó una reserva de mano de obra industrial, marcóuna fuerte limitación para el desarrollo del movimiento obrero. La incorporación demigrantes por parte de los estados limitó la formación y el poder de negociación de lostrabajadores urbanos. La saturación del mercado de trabajo permitía mantener bajoslos salarios y mitigar los efectos e las huelgas (ya que los huelguistas eran fácilmentereemplazados por la mano de obra desocupada).Los trabajadores, además, se enfrentaban a una burguesía sumamente intransigente.Como la mano de obra solía representar una parte importante de los costes totales, lospropietarios recurrían a la franca coacción, ya que aún no habían ideado otras formasde ejercer control -ideológico e institucional- sobre los trabajadores. Pese a que laburguesía era aún muy heterogénea en su composición, generalmente conseguíanmovilizar al estado en su favor, organizar cierres patronales, coordinar normas en casode huelgas, y confeccionar listas negras de militantes.Si bien la burguesía industrial no era hegemónica en ningún país de América Latinaantes de 1930 (ya que el estado estaba controlado por grupos ligados a la exportación),en general se las arregló para alcanzar la mayoría de sus objetivos principales, y no erael menor de ellos, conseguir que el estado reprimieses a los trabajadores.En teoría la política del estado era liberal casi en todas partes; pero en la práctica, elestado intervenía en varios campos. Uno era la manipulación del mercado de trabajo(mediante políticas inmigratorias); y otro, el control de la política monetaria(depreciaciones de la moneda). Pero el más importante (en la relación capital y trabajo)era la coacción de los trabajadores por medio de la represión. El nivel de represiónpodía ser realmente muy alto (algunas represiones de huelgas y manifestacionesllegaron a reunir cientos de muertos).También se recurría a formas de represión menos sanguinarias, pero peses a ello, aúnviolentas. Virtualmente, todos los gobiernos latinoamericanos, en un momento u otro,cerraron sedes sindicales, saquearon redacciones de periódicos, prohibieron odispersaron mitines y manifestaciones, y ordenaron el apaleamiento y elencarcelamiento de líderes obreros. El uso frecuente de espías de la policía y agentesprovocadores dentro del movimiento obrero era un arma complementaria. La mayoríade los regímenes también protegía celosamente a los rompehuelgas y, a veces, inclusolos proporcionaba utilizando personal de las fuerzas armadas y de otros cuerpos,además de hacer lo imposible por detener e intimidar a los huelguistas.Con el pretexto de que había "agitadores extranjeros" detrás de la creciente inquietudobrera, los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, y Cuba dictaron leyes quepreveían la expulsión sumarísima de los militantes nacidos en el extranjero. Otrométodo de "persuasión" era enviar regularmente a militantes obreros a campos de
 
detención del país (en zonas alejadas: Ushuaia en Argentina; Amazonia, en Brasil), loque en muchos casos podía equivaler a la pena de muerte.Otra manera de controlar a la clase trabajadora antes de la Primera Guerra Mundial porparte del gobierno fue promoviendo la creación de organizaciones sindicales dóciles,aunque con resultados disímiles. Sin embargo, antes de 1917, apenas existíalegislación social, exceptuando algunas medidas esporádicas y limitadas respecto deldescanso dominical, horarios de trabajos, accidentes, y reglamentación del trabajo demujeres y niños. Por otro lado, muchas de estas leyes se restringían a categoríasconcretas de trabajadores (generalmente empleados del estado) o a ciertas regionescomo las capitales de nación. En general hasta después de 1917, y sobre tododespués de 1930, no acometieron los estados latinoamericanos una política másexhaustiva encaminada a reglamentar las relaciones entre el capital y el trabajo, asícomo entre los propios capitalistas.
La composición y la condición de la clase trabajadora
 La composición étnica de la clase trabajadora de los primeros tiempos variaba muchode un país a otro, e incluso de una ciudad a otra. La inmigración europea fue muyimportante en Buenos Aires, Montevideo y San Pablo.La composición inmigrante de la clase trabajadora de Argentina, Uruguay, y el sur deBrasil antes de la Primera Guerra Mundial trajo una serie de consecuencias que enesencia eran bastante ambiguas: pese a su mayor experiencia política vivida enEuropa, muchas veces sus proyectos individuales de ascensión social y las rivalidadesregionales entre ellos eran un serio obstáculo para la creación de formas deorganización amplias. Las diferencias entre nativos y extranjeros y entre los mismosextranjeros, eran entonces aprovechadas por los patrones.Sin embargo, gran parte de los muchos problemas que se han atribuido a la presenciade un gran número de inmigrantes fueron fruto principalmente de la reciente formaciónde la clase trabajadora.Pese a que los trabajadores inmigrantes venían escapando de una serie de controlesde sus países natales, acá no pudieron huir de ciertas formas de represión (ejemplos:pág 289).Por otro lado, el bajo nivel que presentaban los servicios públicos en la mayoría de lasciudades latinoamericanas, no pudo acompañar al fuerte crecimiento demográfico deeste período. Los trabajadores debieron sufrir hacinamiento, agua contaminada, ysaneamiento insuficiente. Una gran parte de los trabajadores vivían en horribles barrios

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