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MÍSTICA Y MISIÓN DE OJOS ABIERTOS
RETIRO CONFER, 14 OCTUBRE 2007
I PARTE 10:30-11:15
La primera vez que leí la expresión “mística de ojos abiertos” fue con el teólogoalemán J. B. Metz hablando del clamor de la tierra
1
, de la unión entre la experiencia deDios inspirada bíblicamente y percepción la intensa del sufrimiento ajeno y en seguidapensé: cuando dice mística de ojos abiertos es que ¿existe una mística de ojoscerrados?:
“La experiencia de Dios inspirada bíblicamente no es una mística de ojos cerrados, sino unamística de ojos abiertos
;
no es una percepción relacionada únicamente con uno mismo sin una percepciónintensificada del sufrimiento ajeno.”.
Y la primera vez que comprendí y experimenté esta expresión fue releyendo laexperiencia de Teresa de Jesús a la luz de los barrios de cloacas en la ciudad deManila. Y la primera vez que pude confrontar y confirmar mi experiencia con profesoresy compañeros teólogos, psicólogos y filósofos fue en el Congreso Internacional sobre elfenómeno místico que se celebro en el centro Internacional de estudios místicos de Avila en noviembre del 2003. Por ello, desde la pequeña luz de mi experienciaconfrontada y discernida, porque yo también creo como dice Ivone Gebara
“no puedodejar de hablar de mi experiencia porque ella me ha constituido vitalmente” 
2
,
propongouna alternativa diferente a la de Metz. No hablemos de una mística de ojos cerradosfrente a una mística de ojos abiertos, porque la primera creo que no existe. Hablemosmejor de un
momento de ojos cerrados que da paso a una vida con ojos abiertos
,a la luz, a la lucidez, a la iluminación de descubrir a Dios presente en todas las cosas.
No existe una experiencia cristiana de encuentro con Dios que se puedallamar de ojos cerrados.
Con esta afirmación quiero centrarme: a) en la comprensiónde la experiencia mística en primer lugar. b) En segundo lugar, quisiera deshacer untópico, bastante habitual pero en mi opinión poco cierto: la identificación de nuestrosgrandes místicos, especialmente de Teresa de Jesús como “mística de ojos cerrados”.c) En tercer lugar me adentraré en nuestra propia experiencia espiritual y mística comocamino de lucidez, de apertura a la realidad y a la historia con los ojos de Dios y delevangelio. d) Y por último, en la segunda parte, quiero presentar algunos encuentroscon Dios en el Antiguo y Nuevo Testamento, algunas experiencias místicas que soniconos de actitud vigilante y ojos abiertos.
A) QUÉ ES LA MÍSTICA
Una definición sencilla de mística es la del teólogo Juan Martín Velasco en elCongreso Internacional sobre el fenómeno místico como
“la experiencia de una presencia inobjetivable en el centro mismo de lo real pero desde la absolutatrascendencia”.
Parece contradictorio y sin embargo es así de fascinante todo loreferido al misterio de Dios, un misterio trascendente y cercano a la vez, del cual nopodemos casi decir nada pero si podemos tener la certezas muy hondas, tanto quesostengan nuestra vida. Martín Velasco destaca que el encuentro místico no se quedaen un estado de ánimo sino que da lucidez porque
el amor 
-usando su expresión que
1
J. B. METZ,
El clamor de la tierra,
Verbo Divino, Estella 1996, 26
2
I. GEBARA,
Teología a ritmo de mujer,
San Pablo, Madrid 1995, 17
1
 
creo que es preciosa-
es vidente
. ¿Por qué? Pues por algo sencillo, porque el amor verdadero permite penetrar distintos niveles de la realidad más hondos, que a menudoni siquiera descubrimos. Nos ocurre con el corazón como con el cerebro: la mayoría delos estudios sobre el funcionamiento del cerebro coinciden en destacar nuestrodesconocimiento ya que no usamos habitualmente toda la capacidad de nuestrocerebro, pues igual nos ocurre con el uso del corazón; ya que habitualmente no somoscapaces de experimentar todas las posibilidades de un amor maduro y auténtico en elser humano. A menudo, estas posibilidades que se abren en el encuentro místico nopueden ser descritas si no es, como dice Teresa de Jesús, por los “dejos” que son losefectos que se dan en el proceso de transformación-visión personal. La experienciamística no es por tanto, contrariamente a lo que mucha gente pueda pensar una seriede fenómenos extraños que asemejan al místic@ a alguien visionario y fuera de estemundo, en absoluto. Los fenómenos a veces son ciertamente poco comunes pero sóloson uno de los aspectos más externos de ese proceso de visión- transformación místicaque se va dando en la persona.Martín Velasco y muchos otros autores, junto con los propios místicos coincidenen invitarnos a esta aventura que es para todos, a “
estar atentos al eco que las lecturasmísticas dejan en nosotros porque estamos hechos de la misma condición aunque notengamos la misma experiencia”.
En palabras de la propia Teresa de Jesús:
“¡ No sé qué mayor amor puede ser que éste! Y no dejaremos de entrar aquí todos, porque ansí dijo Su Majestad: No sólo ruego por ellos, sino por todos aquellos que han de creer en mi también”, y dice:“Yo estoy en ellos” (IVM 2,10)
Por tanto se nos invita a todos a entrar en la experiencia mística. De KarlRahner el gran teólogo del siglo XX es la tan repetida y profética frase:
el cristiano delfuturo será místico o no será cristiano
. Todos estamos llamados a ser místicosporque todos somos llamado a vivir en plenitud la experiencia personal con el Dios Unoy Trino. ¿Habéis vivido alguna vez una experiencia de Dios tan fuerte que es capaz desostener una vida y de resituar todas nuestras relaciones y vinculaciones? ¿Unaexperiencia de encuentro con Dios tan fuerte que es capaz de enseñarnos a mirar deotra forma la vida y a los demás, empezando por nosotros mismos? Yo creo que esosson encuentros
místicos
. Ese encuentro con el Dios de la vida que se da en el ámbitode lo nuestro más personal, tal y como somos, sin tapujos ni máscaras; tomando ladefinición que dábamos antes
en el centro mismo de lo real pero desde la absolutatrascendencia
, esos encuentros son místicos. Dios nos ama en lo que somos, poco omucho, en nuestra desnudez; esta certeza de saberme profundamente amada por Diospone raíces firmes a la vida hasta el punto de cambiar el centro de mis deseos, de misconvicciones, de mis acciones y la visión de la vida y de la gente con la que merelaciono.Y ante esta relación tan profunda con el Dios de Jesús, el Dios que es comunióny relación, Uno y Trino me surge la primera pregunta: ¿Cómo es posible que esteencuentro cierre nuestros ojos y nos haga vivir en la intimidad y desviar la mirada de larealidad?
3
, como menciona algún autor reciente sobre nuestros grandes místicos. Nome parece probable ni teológica, ni experiencialmenteYa en el siglo XII decía Ricardo de San Victor que el elemento incomunicable deDios, su esencia, es el amor como salida hacia el otro. Esa es también nuestra esenciapuesto que somos imagen de Dios. La aperturidad, la alteridad, la salida hacia otros, esnuestro sello trinitario y también la promesa de nuestra plenitud como personas creadas
3
G.B BENJAMIN,
Ver o perecer. Mística de ojos abiertos,
Sal Terrae, Santander, 2006, 63.
2
 
a imagen de Dios. ¿Será posible pensar o imaginar un encuentro hondo con el Diostrinitario, con el Dios encarnado, que nos lleve a cerrar los ojos para no ver a los otrosni la realidad, que no nos fortalezca precisamente en esa alteridad, en el olvido de si ysalida hacia el otro? ¿No será que es así como hemos malentendido un encuentro quese da desde la absoluta trascendencia? ¿No será más bien que el encuentro con elDios Trino, si es verdadero, nos capacita para la relación, nos arranca las escamas delos ojos y nos da una nueva visión para descubrirlo presente en todo lo creado?.
B) TERESA DE JESÚS ¿MÍSTICA DE OJOS CERRADOS?
Teresa de Jesús se descubre habitada por Dios amor y descubre a la luz de suexperiencia que Dios está no sólo en su interior sino en toda persona y en todas lascosas. Es una experiencia tan fuerte que le permite incluso llevar la contraria a algunosteólogos y doctores de su época que niegan que esta presencia sea posible. El centrode su experiencia mística de encuentro es el descubrimiento de que somos imagen deDios, y cada persona tiene una dignidad infinita no por lo que haga o por lo que seasino por esta habitada por el rey, como ella llama al Padre. Teresa describe nuestrointerior con la bella imagen de un castillo hecho de diamante o muy puro cristal dondevive este rey y la vida espiritual es, según ella, la aventura de dejarnos conducir por lasdiferentes moradas de este castillo hasta llegar al centro que es donde habita Él, el sitiode mayor intimidad personal, donde ocurre el encuentro y la unión mística:
(…) considerar nuestra alma como un castillotodo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchosaposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. Que si bienlo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sinoun paraíso adonde dice El tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un Rey tan poderoso, tansabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No halloyo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran
capacidad;
 
verdaderamente apenas deben llegar nuestrosentendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así comono pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que noscrió a su imagen y semejanza.Pues consideremos que este castillo tiene -como he dicho muchasmoradas, unas en lo alto, otras en bajo, otras a los lados; y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que esadonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma. (IM 1,1-3)
Esta es el gran descubrimiento de Teresa, que nuestra profunda dignidad resideen ser imagen de Dios, bella y cuidada. Personas hechas para la comunión y la relaciónno para vivir cerradas en la intimidad de unos sentimientos personales, sino para vivir en la objetividad de la vida y de la historia, con libertad de los hijos de Dios. Y estadignidad llega a su plenitud tras un largo camino de interrelación, es entonces cuandohemos ido recorriendo este complejo camino de relaciones de amistad con Dios. conlos demás y con nosotras mismas, cuando no somos sólo imagen de Dios sino que nosconvertimos en semejanza suya, en memoria viva de Jesucristo. El final del proceso,que según Teresa, se da en las VII Moradas del Castillo, es la transformación total de lapersona al estar tan unida a Dios que prolongamos sus manos, sus ojos, su corazón,que salimos a los caminos a continuar su misma misión, esa la semejanza :3

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