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Resumen - Benedict Anderson (1993) "Comunidades Imaginadas" Capítulos I, II, III, IV y XI

Resumen - Benedict Anderson (1993) "Comunidades Imaginadas" Capítulos I, II, III, IV y XI

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Benedict Anderson
(1993) T12COMUNIDADES IMAGINADAS. REFLEXIONES SOBRE EL ORIGEN Y LA DIFUSIÓN DEL NACIONALISMO
I. INTRODUCCIÓNQuizá vivimos una transformación fundamental en la historia del marxismo y de los movimientos marxistas. Sus señales másvisibles son las guerras recientes entre Vietnam, Camboya y China. Tienen una importancia histórica porque son las primeras queocurren entre regímenes de independencia y credenciales revolucionarias innegables, y porque ninguno de los beligerantes hahecho más que esfuerzos superficiales para justificar el derrame de sangre desde el punto de vista de una teoría
marxista
reconocible. Tales consideraciones ponen de relieve el hecho de que, desde la segunda Guerra Mundial, toda revolución triunfantese ha definido en términos
nacionales
. Y al hacerlo así se ha arraigado firmemente en un especio territorial y social heredado del pasado prerrevoluc
ionario. La realidad es evidente: el “fin de la era del nacionalismo”, anunciado durante tanto tiempo, no se
encuentra ni remotamente a la vista. En efecto, la nacionalidad es el valor más universalmente legítimo en la vida política denuestro tiempo. Pero si los hechos están claros, su explicación sigue siendo motivo de disputa. En contraste con la influenciainmensa que el nacionalismo ha ejercido sobre el mundo moderno, una teoría verosímil acerca del nacionalismo es claramenteescasa. La obra trata de
ofrecer algunas sugerencias tentativas para llegar a una interpretación más satisfactoria de la “anomalía”
del nacionalismo.
El punto de partida es la afirmación de que la nacionalidad, o la “calidad de nación”
, al igual que elnacionalismo, son artefactos culturales de una clase particular. La creación de estos artefactos, a finales del siglo XVIII, fue la
destilación espontánea de un “cruce” complejo de fuerzas históricas discretas; pero que, una vez creados, se volvieron“modulares”, capaces de ser trasp
lantados a una diversidad de terrenos sociales, de mezclarse con una diversidadcorrespondientemente amplia de constelaciones políticas e ideológicas.Los teóricos del nacionalismo se han sentido desconcertados ante estas tres paradojas: 1) la modernidad objetiva de las naciones aal vista del historiador, frente a su antigüedad subjetiva a la vista de los nacionalistas. 2) La universalidad formal de lanacionalidad como un concepto sociocultural frente a la particularidad irremediable de sus manifestaciones concretas. 2) El poder 
“político” de los nacionalismos, frente a su pobreza y aun incoherencia filosófica. El autor propone una definición de la nac
ión:una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana. Es
imaginada 
porque aun los miembros de lanación más pequeña no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas, pero en la mente de cada uno vive la imagen de sucomunión. La nación se imagina
limitada 
 porque incluso la mayor de ellas tiene fronteras finitas, aunque elásticas, más allá de lascuales se encuentran otras naciones. Se imagina
soberana 
porque el concepto nació en una época en que la Ilustración y laRevolución estaban destruyendo la legitimidad del reino dinástico jerárquico. Por último, se imagina como
comunidad 
porque,independientemente de la desigualdad y la explotación que en efecto puedan prevalecer en cada caso, la nación se concibe siemprecomo un compañerismo profundo, horizontal.II. LAS RAÍCES CULTURALESEl nacionalismo debe entenderse alineándolo, no con ideologías políticas conscientes, sino con los grandes sistemas culturales quelo precedieron, de donde surgió por oposición: la
comunidad religiosa
y el
reino dinástico
. Estos dos sistemas eran en su apogeomarcos de referencia que se daban por sentados, como ocurre ahora con la nacionalidad.
LA COMUNIDAD RELIGIOSA
Las grandes culturas sagradas incorporan concepciones de comunidades inmensas. Pero eran imaginables en gran medida por medio de una lengua sagrada y una escritura. Todas las grandes comunidades clásicas se concebían a sí mismas comocósmicamente centrales, por medio de una lengua sagrada ligada a un orden de poder ultraterrenal. Pero tales comunidadesclásicas, ligadas por lenguas sagradas, tenían un carácter distinto de las comunidades imaginadas de naciones modernas. Unadiferencia esencial era la confianza de las comunidades antiguas en el carácter peculiarmente sagrado de sus lenguas, y por endesus ideas acerca de la admisión a la comunidad. Como lenguas verdaderas, imbuidas de un impulso en gran parte ajeno alnacionalismo, tienden hacia la conversión. Por conversión no se refiere a la aceptación de lemas religiosos particulares, sino laabsorción alquímica. Pero aunque las lenguas sagradas hicieran imaginables unas comunidades como la cristiana, el ámbito real yla verosimilitud de estas comunidades no pueden explicarse sólo por la escritura sagrada: después de todo, sus lectores eran pequeños enclaves de gente alfabetizada entre grandes multitudes de iletrada. Sería un error considerar a los letrados como unaespecie de tecnocracia teológica. Más bien, los letrados eran estratos estratégicos de una jerarquía cosmológica cuya cúspide eradivina. Pero a pesar de toda la grandeza y el poder de las grandes comunidades religiosamente imaginadas, su
coherenciainconsciente
se desvaneció a partir de fines de la Edad Media. Entre las razones de esta declinación, dos se encuentran
 
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directamente relacionadas con la peculiar calidad sagrada de estas comunidades. En primer lugar está el efecto que causaron lasexploraciones del mundo no europeo, que sobre todo en Europa ampliaron el horizonte cultural y geográfico y, por ende, laconcepción que tenían los hombres de las posibles formas de la vida humana. En segundo lugar, había una degradación progresiva de la propia lengua sagrada. La caída del latín era ejemplo de un proceso más amplio en el que las comunidadessagradas, integradas por antiguas lenguas sagradas, gradualmente se fragmentaban, pluralizaban y territorializaban.
EL REINO DINÁSTICO
El reino lo organiza todo alrededor de un centro elevado. Su legitimidad deriva de la divinidad, no de las poblaciones, cuyosindividuos, después de todo, son súbditos, no ciudadanos. En la imaginería antigua, donde los estados se definían por sus centros,las fronteras eran porosas e indistintas, y las soberanías se fundían imperceptiblemente unas en otras. Así se explica la facilidadcon la que los imperios y los reinos premodernos podían sostener su control sobre poblaciones inmensamente heterogéneas, y amenudo ni siquiera contiguas durante largos períodos. Estos estados monárquicos se expandieron no sólo por la guerra, sinotambién por la política sexual. A través del principio general de la verticalidad, los matrimonios dinásticos unían a poblacionesmuy diversas bajo nuevos ápices. Sin embargo, durante el siglo XVII inició su lenta declinación en Europa occidental lalegitimidad automática e la monarquía sagrada.
LAS APREHENSIONES DEL TIEMPO
Seria miope la concepción de las comunidades de naciones imaginadas como algo que simplemente surgió de las comunidadesreligiosas y los reinos dinásticos para sustituirlos. Debajo de la declinación de las comunidades, las lenguas y los linajes sagrados,estaba ocurriendo un cambio fundamental en los modos de aprehensión del mundo que, más que cualquiera otra cosa, permitía
“pensar” a la nación.
El cristianismo asumió su forma universal a través de una miríada de especificaciones y particularidades:este sermón, esa reliquia, etc. Esta yuxtaposición de los cósmico-universal y lo mundano-particular significaba que, por vasta quefuese la cristiandad, y por vasta que se creyera, se manifestaba
diversamente
a las comunidades suavas o andaluzas comoreproducciones de sí mismas. Lo que ha llegado a tomar el lugar de la concepción medieval de la simultaneidad a lo largo del
tiempo es una idea del “tiempo homogéneo vacio” donde la simultaneidad es transversa, de tiempo cruzado, no marcada pro la
 prefiguración y la realización, sino por la coincidencia temporal, y medida por el reloj y el calendario. Podrá entenderse mejor laimportancia de esta transformación, para el surgimiento de la comunidad imaginada de la nación si se considera la estructura básica de dos formas de la imaginación que florecieron en el siglo XVIII: la novela y el periódico. Estas formas proveyeron los
medios técnicos necesarios para la “representación”
de la
clase
de comunidad imaginada que es la nación. La estructura de la
novela es un instrumento para la representación de la simultaneidad en “tiempo homogéneo, vacio”, o un análisis complejo de l
a
 palabra “mientras tanto”. El hecho de que los actos de los personajes se realicen a la misma hora y en el mis
mo día, pero conactores que podrían estar en gran medida inconscientes de la existencia de los demás, revela la novedad de este mundo imaginado,evocado por el autor en la mente de sus lectores. La idea de un organismo sociológico que se mueve periódicamente a través deltiempo homogéneo, vacio, es un ejemplo preciso de la idea de nación, que se concibe también como una comunidad solida queavanza sostenidamente de un lado a otro de la historia. ¿Cuál es la convención literaria esencial del periódico? Una yuxtaposiciónde eventos. ¿Qué los conecta entre sí? La arbitrariedad de su inclusión y yuxtaposición revela que la conexión existente entreellos es imaginada. Esta conexión imaginada deriva de dos fuentes indirectamente relacionadas. La primera es simplemente lacoincidencia en el calendario. La segunda fuente de conexión se encuentra en la relación existente entre el periódico como unaforma de libro y el mercado. En un sentido bastante especial, el libro fue el primer producto industrial producido en masa, al estilomoderno. El periódico es sólo una forma extrema del libro, un libro vendido en escala colosal, pero de popularidad efímera. Laobsolescencia del periódico al día siguiente de su impresión crea esa ceremonia masiva extraordinaria: el consumo casi
 precisamente simultáneo (“imaginario”) del periódico como ficción.
Síntesis: la mera posibilidad de imaginar a la nación surgió sólo cuando tres concepciones fundamentales perdieron su controlaxiomático sobre las mentes de los hombres.1- La idea de que una lengua escrita particular ofrecía un acceso privilegiado a la verdad ontológica, porque era una parteinseparable de esa verdad.2- La creencia de que la sociedad estaba organizada alrededor y bajo centros elevados: monarcas que gobernaban mediante algunaforma de dispensa cosmológica.3- La concepción de la temporalidad donde la cosmología y la historia era indistinguibles, mientras que el origen del mundo y delhombre eran idénticos en esencia.La declinación lenta y desigual de estas certeza
s interconectadas bajo el efecto del cambio económico, los “descubrimientos” y el
desarrollo de comunicaciones cada vez más rápidas, introdujeron una dura cuña entre la cosmología y la historia El capitalismoimpreso permitió que un número creciente de personas pensaran acerca de sí mismos, y se relacionaran con otros, en formas profundamente nuevas.
 
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III. EL ORIGEN DE LA CONCIENCIA NACIONALSi el conocimiento manuscrito era algo escaso y arcano, el conocimiento impreso sobrevivía por su capacidad de reproducción ydiseminación. Como una de las primeras formas de la empresa capitalista, la actividad editorial experimentó la busca incesante demercados. El mercado inicial fue la Europa alfabetizada, un estrato amplio pero delgado de lectores de latín. La lógica delcapitalismo significaba entonces que, una vez saturado el mercado elitista del latín, llegaría el momento de los mercados potencialmente enormes representados por las masas monolingües. El impulso revolucionario de las lenguas vernáculas por elcapitalismo se vio reforzado por tres factores externos, dos de los cuales contribuyeron directamente al surgimiento de laconciencia nacional. El primero, y en última instancia el menos importante, fue un cambio en el latín mismo. Gracias a losesfuerzos de los humanistas por revivir la literatura de la Antigüedad precristiana, el latín se volvió cada vez más ciceroniano y, por la misma razón, cada vez más alejado de la vida eclesiástica y cotidiana. El segundo factor fue la repercusión de la Reforma,que al mismo tiempo debía gran parte de su éxito al capitalismo impreso. Lutero se convirtió en el primer autor de éxitos delibrería
hasta entonces conocido
. La coalición creada entre el protestantismo y el capitalismo impreso, que explotaba las ediciones populares baratas, creó rápidamente grandes grupos de lectores nuevos y al mismo tiempo los movilizó para fines político-religiosos. El tercer factor fue la difusión lenta, geográficamente despareja, de lenguas vernáculas particulares como instrumentosde la centralización administrativa, realizada por ciertos aspirantes a monarcas absolutistas privilegiados. El nacimiento de laslenguas vernáculas administrativas antecedió a las revoluciones de la imprenta y la religión del siglo XVI y por lo tanto debeconsiderarse como un factor independiente en la erosión de la sacra comunidad imaginada. Sin embargo, la elevación de estaslenguas vernáculas a la posición de lenguas del poder, cuando eran en cierto sentido competidoras del latín hizo su propiacontribución a la decadencia de la comunidad imaginada de la cristiandad. Lo que hizo imaginables a las comunidades nuevas erauna interacción semifortuita, pero explosiva, entre un sistema de producción y de relaciones productivas (el capitalismo), unatecnología de las comunicaciones (la imprenta) y la fatalidad de la diversidad lingüística humana. Estas lenguas impresas echaronlas bases de la conciencia nacional en tres formas distintas. En primer lugar crearon campos unificados de intercambio ycomunicaciones por debajo del latín y por encima de las lenguas vernáculas habladas. En segundo lugar, el capitalismo impresodio una nueva fijeza al lenguaje, lo que a largo plazo ayudó a forjar esa imagen de antigüedad tan fundamental para la ideasubjetiva de la nación. Tercero, el capitalismo impreso creó lenguajes de poder de una clase diferente a la de las antiguas lenguasvernáculas administrativas.La convergencia del capitalismo y la tecnología impresa en la fatal diversidad del lenguaje humano hizo posible una nueva formade comunidad imaginada, que en su morfología básica preparó el escenario para la nación moderna.IV. LOS PIONEROS CRIOLLOSLos nuevos Estados americanos de fines del siglo XVIII y principios del XIX despiertan un interés desusado porque parece casiimposible explicarlos en términos de dos factores que han dominado gran parte del pensamiento europeo acerca del surgimientodel nacionalismo. En primer lugar, la lengua no era un elemento que los diferenciara de sus respectivas metrópolis imperiales. Ensegundo lugar, hay razones para dudar de la aplicabilidad, en gran parte del hemisferio occidental, de la tesis de
Nairn
, que afirma
que: “el surgimiento del nacionalismo, en un sentido distintivamente moderno, estaba ligado al b
autismo político de las clases
 bajas…”. Lejos de tratar de “llevar a las clases bajas a la vida política”, uno de los factores decisivos que impulsaron inic
ialmenteel movimiento de independencia en casos como los de Venezuela, México y Perú, era el
temor 
a las movilizaciones políticas de la
“clase baja”, como los levantamientos de los indios o los esclavos negros.
Éste es entonces el enigma: ¿por qué fueron precisamente las comunidades
criollas
las que concibieron en época tan temprana laidea de su nacionalidad, mucho antes que la mayor parte de Europa? Los dos factores más comúnmente aducidos en la explicaciónson el fortalecimiento del control de Madrid y la difusión de las ideas liberalizadoras de la Ilustración. El éxito de la rebelión delas Trece Colonias a fines del decenio de 1770, y el estallido de la Revolución francesa a fines del decenio de 1780, ejercieron unainfluencia poderosa. Pero la agresividad de Madrid y el espíritu del liberalismo, siendo fundamentales para toda comprensión delimpulso de resistencia en las Américas españolas, no explican por sí mismos el hecho de que entidades como Chile, Venezuela YMéxico fuesen posibles en el terreno emocional, y viables en el terreno político. El principio de una respuesta se encuentra en elhecho notable de que cada una de las nuevas repúblicas sudamericanas había sido una unidad administrativa desde el siglo XVIhasta el XVIII. La misma vastedad del imperio hispanoamericano, la diversidad enorme de sus suelos y sus climas, y sobre todo,la dificultad inmensa de las comunicaciones en una época preindustrial, tendían a dar a estas unidades un carácter autónomo.Además, las políticas comerciales de Madrid convertían las unidades administrativas en zonas económicas separadas. Paraentender como las unidades administrativas pudieron llegar a ser concebidas a través del tiempo como patrias, se debe examinar las formas en que los organismos administrativos crean un significado. El impulso interior del absolutismo era la creación de unaparato de poder unificado, controlado directamente por el gobernante contra una nobleza feudal particularista y descentralizada.Los funcionarios absolutistas emprendían así viajes que eran básicamente diferentes de los viajes de los nobles feudales. En su

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