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El Fenómeno de la Evolución de la Ciencia en Ilya Prigogine y Eduardo Nicol

El Fenómeno de la Evolución de la Ciencia en Ilya Prigogine y Eduardo Nicol

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Revista cinta de moebioSitio:
El Fenómeno de la Evolución de la Ciencia en Ilya Prigogine yEduardo NicolThe Evolution of Science in Ilya Prigogine and Eduardo Nicol
Dr. Rush González (rushlogo@yahoo.com.mx). Facultad de Humanidades, UniversidadAutónoma del Estado de México (Toluca, México)
Abstract
This text has as a purpose the realization of a comparative analysis between two points view about thehistory of science. Ilya Prigogine (Nobel Prize 1977) and Eduardo Nicol (Mexican-Spanish philosopher)discuss about time and history of science, allowing us to find a coincidence between physics and metaphysic.
Key words
: time, science, history, Prigogine, Nicol.
Resumen
El presente texto tiene como propósito la realización de un análisis comparativo entre dos puntos de vista, apropósito de la noción del tiempo y al fenómeno de la historicidad de las ciencias. Este diálogo se facturadesde el horizonte teórico del siglo XX: Ilya Prigogine (premio Nobel de física, 1977) y Eduardo Nicol (filósofotransterrado) encuentran en la preocupación por el tiempo y en el fenómeno de la historicidad delconocimiento científico una preocupación afín, la cual permite una coincidencia entre la física y la metafísicacontemporáneas.
Palabras clave
: tiempo, ciencia, historia, Prigogine, Nicol.Recibido el 03/02/2008Aceptado el 02/03/2008
Introducción
El presente trabajo se propone un análisis comparativo en torno al fenómeno de la evolución de la ciencia enel marco de dos autores del siglo XX, el ruso nacionalizado belga, Ilya Prigogine, y el español nacionalizadomexicano, Eduardo Nicol.Ilya Prigogine es un físico matemático. Obtuvo en 1977 el premio Nobel por sus investigaciones realizadas entorno a los sistemas inestables y las estructuras disipativas. La envergadura de su obra tiene la notablecaracterística de haber venido a suscitar nuevas interpretaciones en el dominio de varias ciencias, tales comola economía, la sociología, la biología, la filosofía, entre otras. Asimismo, vino a conferir una nueva imagendel conocimiento e idea de la ciencia. La preocupación principal que atraviesa de principio a fin su obra es laflecha del tiempo.Por su parte, Eduardo Nicol nace en 1907 en Barcelona. Podría decirse que la preocupación principal deEduardo Nicol está equitativamente repartida en el binomio ser – hombre. Es decir, por un lado, aunquesimultáneamente, aflora la insistencia en la tematización del ser, mientras que por otro, la meditación delhombre. A decir verdad, la filosofía de Nicol constituye una especie de organismo sistemático, bienengarzado. Representa una enorme dificultad, para el estudioso, cualquier intento de desglose temático de
 
alguno de sus puntos: la tracción de una pieza repercute en el resto del sistema.Esto no obsta para que en ambos autores se desarrolle una reflexión en torno al tiempo y al concepto yevolución de la ciencia, de hecho, el apercibimiento nuestro de dicha coincidencia fue el móvil que nos instóa realizar el presente esfuerzo. Lo interesante, y lo importante, es que en ambos autores, en el ámbito de sudisciplina específica, manifiestan una serie de preocupaciones afines. Y más sorprendente es la coincidenciadel desenlace teórico vertido en sus propuestas. Pensamos que el vínculo principal entre ambos es lapreocupación por el tiempo. Asimismo, la coincidencia teórica en torno a la evolución de la ciencia, se fincaen la esencial incompletitud de la explicación de la teoría. La provisionalidad de las conclusiones en la cienciano obedece al método, sino a la forma dinámica de ser del ser. La brevedad del aparecer de cada faceta delser es lo que marca la vigencia de cada teoría, al tiempo que representa la pauta para una nuevareelaboración.Cabe también mencionar que debido a esta forma de proceder en la investigación científica, Prigogine volteaa mirar hacia las ciencias sociales y propugna, curiosamente, que el modelo moderno de la ciencia seresuelve justamente en la pauta que marcan los estudios culturales. Prigogine, al igual que Nicol, coincidiránen que hoy toda respuesta asequible vertida por las ciencias, deberá ser
 provisional y relativa
, tal como lasciencias sociales lo sabían desde Weber.
Ilya Prigogine: la insuficiencia explicativa de la teoría y la flecha del tiempo, motores de laevolución de la ciencia
Uno de los tópicos cruciales a los cuales se ha enfrentado la epistemología en los últimos cien años ha sido elproblema de la unidad de la ciencia. Sin embargo, este pico no viene a la reflexión filosóficacompletamente aislado, viene contornado por otros tantos cuestionamientos tales como por ejemplo elproblema de la demarcación del conocimiento científico y la búsqueda de la razón de la historicidad de laciencia. Es un hecho que la ciencia es una creación histórica, pero ¿cómo se explica la intercalación de lasteorías en el proceso de evolución de la ciencia? Mucho talento y esfuerzo se ha invertido en la dilucidaciónde este problema, tal como el desplegado por Popper, Kuhn, Lakatos, entre otros; ofreciendo cada cual unargumento particular en torno a este fenómeno.Podría decirse que uno de los factores importantes que vino a detonar la meditación en torno a la evoluciónde la ciencia, fue la presencia del tiempo como factor ineludible en todas las creaciones del hombre y elreconocimiento de éste como nota esencial de la realidad desde a mediados del siglo XIX. Parece inaudito,pero el alba de la ciencia en los albores del siglo XX comienza redescubriendo una dimensión obnubilada porla física y metafísica clásica, a saber, la esencial temporalidad del ser. Resulta curioso, pero la física clásica,que se extiende desde Aristóteles hasta Newton, reposa sobre la idea de un universo inmóvil y estático;desde luego, las formulaciones explicativas en los distintos sistemas de la física clásica son dispares unosrespecto a otros. La física de Aristóteles está construida mediante descripciones cualitativas, mientras que ladescripción de Newton es cuantitativa. No obstante, el común denominador en ambas es la inmovilidad deluniverso.Aristóteles, por ejemplo, cuando aborda la cuestión del tiempo en el libro cuarto de
La Física
, ciertamentereconoce el tránsito del antes y el después, reconoce el tránsito de la potencia al acto; sin embargo, estetránsito se le atribuye más a una donación del alma y no una propiedad intrínseca de la naturaleza,literalmente el estagirita dice: “pero cuando percibimos un antes y un después, entonces hablamos deltiempo. Porque el tiempo es justamente esto: número del movimiento según el antes y el después” (Aristóteles 1995: VI 219b); el tiempo para Aristóteles es un número “y en tanto que número, no es unamedida numerante, sino que designa fases del movimiento, que se explicita en la numeración cuando hayuna mente que distinga sus fases” (nota 125 en Aristóteles 1995:271); el tiempo adquiere realidad sólofrente a una conciencia testimoniante del cambio de las cosas. Además, para el estagirita todo cuerpo enmovimiento tiene la natural tendencia a detenerse, es decir, el sentido de la física en este autor se resuelveen el reposo como causa final de todo movimiento, todo lo que se mueve tiende al reposo. Asimismo, lafísica moderna, cuya historia se cuenta a partir de Galileo, inventa una manera nueva de renovar el anhelocientífico de un universo estático, concibiendo la noción matemática de ley causal como la clave de accesohacia la verdad última de la realidad, es decir, la física moderna pregona una suerte de omniscienciaomnipotente escudada en la posesión del metro de la ley natural. Este anhelo queda magistralmenteexpresado en las formulaciones de Laplace quien dice: “Si conocemos las condiciones iniciales de un sistemasometido a esta ley, es decir su estado en un instante cualquiera, podemos calcular todos los estadossiguientes así como todos los estados anteriores..., pasado y futuro desempeña el mismo papel, puesto quela ley es inamovible” (Laplace, citado por Prigogine 2000:19). En otras palabras, Laplace afirma que en ununiverso estático y causal el tiempo guarda una asombrosa simetría hacia el pasado igual que hacia el
 
futuro, es decir, mediante la posesión de la ley, se puede calcular la posición y trayectoria de cualquiermóvil, ya sea hacia el pasado o bien predecir su ubicación en el futuro. Esta simetría del tiempo, en tantoreversible, que deriva de la ley causal, es el más claro indicio de la inmovilidad del universo sobre el cual sefincó el edificio de la física clásica.Pensamos que es importante señalar el esfuerzo empeñado por Prigogine al redescubrir el tiempo en la físicamatemática contemporánea, porque este hallazgo le va permitir la construcción de un nuevo marco para lainterpretación de la verdad y la historia de la ciencia. El tiempo, dirá el autor belga, es un dato que nocontraviene el sentido común, es más, es objeto de la experiencia común, el cual no por ser objeto de unaexperiencia inmediata, deja de ser real. No es posible que el tiempo de la existencia sea distinto al tiempo dela ciencia. Esta disparidad entre el tiempo de la física clásica y el tiempo de la existencia llama fuertementela atención de Prigogine, de hecho considera que esta dislocación ha sido, en cierta manera, causante delolvido del hombre por parte de la ley natural; el hombre simplemente no pudo encontrar asidero en el clarode la ley causal de la física. Es decir, el hombre, en la imagen del universo de Galileo y Newton, ha quedadomarginado, las leyes de la mecánica clásica no aplican a un ser tan ambiguo e impredecible como el hombre.Una cosa es cierta, la preocupación por el tiempo va a representar el horizonte de unidad en la meditaciónfísica y metafísica del siglo XX: “La ciencia [desde principios del XX], nos dice Martínez Miguélez, varedescubriendo el tiempo en todos sus dominios y niveles: en la evolución de las formaciones geológicas, delas especies, de las sociedades, de la moral, etc. Así, el tiempo parece convertirse en un nuevo
tipo deunidad 
del conocimiento científico, en el
hilo conductor 
de una exploración que nos permite articular lasdescripciones del Universo” (Martínez Miguélez 1997:129). La física contemporánea se distingue de laclásica, precisamente por la incorporación del tiempo como horizonte y talante de sus meditaciones; en elsigo XX caben destacar tres episodios en la ciencia física, precisamente por su insistencia en el dinamismodel ser: la teoría de la relatividad, la mecánica cuántica de Heisenberg y la teoría del caos de Ilya Prigogine.Podría decirse que la teoría del caos, fundada por Prigogine, tiene como eje central la preocupación, eincorporación a la realidad, de la flecha del tiempo, esta incorporación decanta en conclusiones quecontravienen algunas de las consideraciones más refinadas de la física, tales como por ejemplo lareversibilidad del tiempo y la obsesión suprema de previsión en la ciencia. La teoría del caos puedeentenderse como la formulación científica que nos presenta a la naturaleza como un todo dinámico einestable, “un universo fragmentado, rico en referencias cualitativas, [subraya] las evoluciones, las crisis ylas inestabilidades. [Dice Prigogine] cualquiera que sea el fenómeno, reloj químico, ondas de concentración,la inestabilidad tiene como efecto la ruptura de simetría temporal como espacial” (Prigogine y Stengers1997: 35 y 194). La teoría del caos incorpora nociones tales como, “estados atractores”, “procesosdisipativos”, insiste en los procesos de desequilibrio en la naturaleza, acepta la incursión del azar en losprocesos naturales. “La palabra caos hace pensar en desorden, imposibilidad de previsión..., se puede incluirel caos en las leyes de la naturaleza, pero a costa de generalizar esta noción, incorporándole las deprobabilidad e irreversibilidad” (Prigogine 1999:8). Esta teoría va a ocasionar una drástica transformación enla concepción tradicional de las verdades de la ciencia y en la visión acerca de la realidad, amén de que va irgenerando a la par una contundente crítica a la ciencia clásica.La irreversibilidad del tiempo no es creación de teoría, es un dato de experiencia común, la flecha del tiempoavanza en una sola dirección y no conoce reversa. Todos sabemos que cada minuto en la existencia decualquier ser es único e irrepetible; sin embargo, la ciencia clásica, a decir de Prigogine, nada sabe acerca dela dirección de la flecha del tiempo: “La dinámica clásica se consagró al estudio de fenómenos periódicos,como el movimiento de los astros..., [sin embargo], dichos fenómenos ignoran la dirección del tiempo” (Prigogine y Stengers 1997:20). Desde luego, en la factura de la ciencia clásica, desde la griega hasta la deNewton, se impuso vehementemente la preeminencia de la razón, esto ocasionó la negación de ciertasevidencias del saber común. En la factura de la ciencia clásica existe una preeminencia marcada de la razón,y más aun es una razón intemporal, y es bien sabido que en una razón intemporal no hay lugar para eldevenir: “Reducir nuestro tiempo vivido a una ilusión corresponde a una empresa de deificación de la razón” (Prigogine 1996:164). Por esto Prigogine acusa, “la ciencia clásica negaba las cuestiones más evidentes[como el tiempo] suscitadas por la experiencia de las relaciones entre el hombre y su entorno” (Prigogine yStengers 1997:43). En este sentido, se acusa la urgencia de otra dirección en el método de la ciencia, endonde la razón proceda ya no como la medida ni la pauta del conocimiento, sino como un testigo atento alaparecer de los hechos. “La razón, en lo sucesivo, dice el autor belga, [debe estar] más a la escucha delmundo que al acecho de un dominio sobre un mundo sometido sin condiciones” (Prigogine 1996:189). Estenuevo método, impone otro talante en la ciencia, obliga a reconocer que “la existencia de la flecha deltiempo no es una cuestión de conveniencia.
Es un hecho impuesto por la observación
” (Prigogine 2000:119,el subrayado es nuestro). Este método que nos dibuja el autor belga procede a la inversa del idealismo, vade los datos impuestos por la observación hacia las construcciones de la razón. Prigogine diría que en ciencia

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