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Flavio Josefo Antigue dades de los judíos I

Flavio Josefo Antigue dades de los judíos I

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LIBRO I
Prefacio
1. No todos los que emprenden la tarea de escribir la historialo hacen por la misma razón, sino por diversos motivos que difie-ren en los distintos autores. Algunos se dedican a esta ramade la ciencia para exhibir su habilidad en el arte de lasletras y para lograr reputación de elocuentes. Otros seproponen favorecer
a
los personajes que intervienen en lahistoria, y para hacerlo no ahorran esfuerzos; antes bien,exceden en la tarea su propia capacidad. Otros, en fin, escribenla historia por imperio de las circunstancias, porque ellosmismos están involucrados en los sucesos y no puedenabstenerse de relatarlos a la posteridad. Y no son pocos los quese ven incitados a sacar los hechos a la luz del día,exponiéndolos al interés público, debido a la gran importan
cia
de los acontecimientos. De las diversas razones que mueven a loshistoriadores a escribir sus libros, debo declarar que las míasson las dos mencionadas en último término. Como yo estuvemezclado personalmente en la guerra que sostuvieron los judíoscon los romanos, y conocí sus alternativas y supe en quéterminó, me he sentido obligado a relatar su historia cuandovi que otros escritores que lo habían hecho antes habíanfalsificado la verdad
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Se refiere especialmente a Justo de Tiberíades, que participó en la guerra y escribióluego sobre la misma un relato en el que ataca la actuación de Josefo, y a quien éstereplicó en su autobiografía, y a otros historiadores a los que en el preámbulo de
 LaGuerra de los Judíos
tacha de inexactos y parciales.
 
 
2. Me tomé el trabajo de escribir esta obra pensando que to-dos los griegos la encontrarían digna de estudio; porque conten-drá nuestras antigüedades, y la constitución de nuestras cosaspúblicas, tal como las presentan las escrituras hebreas. Ya mehabía propuesto anteriormente, cuando historié la guerra de los judíos, explicar el origen de los judíos, las vicisitudes por quepasaron y quién fué el legislador que les enseñó la religión y laobservancia de otras virtudes. Así como las guerras que libraronantiguamente, antes de verse envueltos sin quererlo en la últimacontienda con los romanos. Como sería un trabajo muy amplio, lodividí en varias partes, con su comienzo y su fin. Con el correrdel tiempo, como suele suceder con los que acometen grandesempresas, me fatigué y reduje el ritmo de mi labor. Encontraba,por otra parte, pesada la tarea de transladar nuestra historia aun idioma
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extranjero a cuyo manejo estamos poco acos-tumbrados.Muchas personas que deseaban conocer nuestra historia meanimaron a seguir adelante, sobre todo Epafrodito, gran amantede las ciencias pero especialmente de la historia. También élconoció las grandes empresas y las mudanzas de la suerte,revelando siempre una gran fortaleza de ánimo y un espírituvirtuoso. Cedí a sus instancias, que acostumbra a ejercer con losque poseen alguna capacidad útil y digna, para mancomunaresfuerzos; avergonzado de permitir que mi pereza pesara más enmi espíritu que el placer de trabajar de lleno en un estudio útil,reanudé con más ímpetus mi labor. Aparte de estas razones nodejé de meditar detenidamente en algunas otras, como ser la deque nuestros antepasados deseaban difundir aquellos hechos yde que no pocos griegos se interesaban mucho en las cosas denuestra nación.3. Averigüé de ese modo que el rey Ptolomeo 11
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era muydado a la sabiduría y a los libros, y estaba empeñado en obteneruna traducción al griego de nuestra ley y
 
de nuestraorganización política allí estipulada. El pontífice Eleazar, par denuestros más altos dignatarios, no deseaba dar al rey esafacilidad, y se la habría negado, si no fuera porque sabía que en
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Ptolomeo II Filadelfo (285-247 a. J.).
 

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