Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Save to My Library
Look up keyword
Like this
3Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
La interrupción como en una sup de Riemman/Blanchot

La interrupción como en una sup de Riemman/Blanchot

Ratings: (0)|Views: 25 |Likes:
Published by Román

More info:

Published by: Román on May 30, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

04/15/2013

pdf

text

original

 
CAPITULO
VIII
LA
INTERRUPCIÓN
COMO
EN UNA
SUPERFICIE
DE RIEMANN
I A
DEFINICIÓN,
quiero
decir,
la
descripción
más
simple
de
-^
la
conversación
más
simple podría
ser la
siguiente: cuando
dos
hombres hablan ¡untos,
no
hablan juntos, sino
uno
tras
otro.
•Uno
dice
algo,
luego
se
detiene.
El
otro
dice
otra cosa
(o la
mis-macosa) y se
detiene.
El discurso coherente que sostienen estácompuesto
de
secuencias que, cuando
hay
cambio
deinterlocutor,se
interrumpen,
aun
cuando
se
ajustan
para
corresponderse.El
he-
cho de que el
habla
necesite
.pasar
de uno a
otro,
ya sea
para
confirmarse,
ya seapara contradecirseo
desarrollarse,
muestra lanecesidad
del
intervalo.
Se
interrumpe
el
poder
de hablar, y
esta
interrupción
desempeña un papel que parece subalterno, el papel,
prcisamentc,
de una
alternancia
subordinada. Papel sin embargo
tan
enigmático
que
puede interpretarse como portador
del
enig-mamismo
del
lenguaje.
Pausa
entre
las
Erases,
pausa
de un
inter-locutor
a
otro
y
pausa vigilante,
la de la
audición
que
dobla
el
poder
de
locución.
Me
pregunto
si se ha
reflexionado
lo
suficiente
sobre
las
diversas
significaciones
de esta pausa, sin embargo la única quepermite
que se
constituya
el
habla como
diálogo e
incluso comohabla.
Al que
habla
sin
parar terminan
por
encerrarlo. (Recor-demos los terribles monólogos de
I-Iitler
y cualquier Jefe de Es-tado,
si
goza
de ser
el
único
que
habla
y,
gozando
de su
hablaaltiva y
solitaria,
la impone a los
demás,
sin cuidado, como un
habla superiory suprema,
participa
de la
misma
violenciadel
dictare,
la repetición del monólogo
imperioso).
Démonos la con-versación más seguida, s sustraídaalcapricho aleatorio. Auncuando
el
discurso sea
coherente,
siempre tiene que
fragmentarse
cambiando
de
protagonista.
De uno a
otro,
se
interrumpe
y laititc-
135
 
rrupción
permite el intercambio. Interrumpirse para oírse y en-tenderse, oírse para hablar.No
obstante,
es evidente que Jas pausas que puntúan, ritman
y articulan
eldiálogo, no siempre son de la misma índole. Hay
pausasque
bloquean
la
conversación.
Kafka
deseaba saber
en qué
momento
y
cuántas
veces, cuando ocho personas
están
sentadas
cu
el
horizonte
de una
conversación, conviene tomar
la
palabra
SÍ
no se quiere pasar por silencioso.
Pero
tal silencio, aunque
fuese
desaprobador,
constituye la
parte motriz
del
discurso:
sin
ella
no se hablaría, aunque después uno tenga que preguntarse
si
no
estaba
confundido
acerca
de la
actitud
del
interlocutor
y
no lo hizo
hablar
a uno el
otro
{as!
como,
en
otras circuns-
tancias,
se
reprocharía a! huésped el habernos inducido a
beber
—por lo demás es la
misma
embriaguez). E incluso
cuando
el
mutismo
es de rechazo, rara
vez
es
abrupto,
sino que participaenel discurso, lo modula con sus matices,cooperaen la espe-
nmza o
la
desesperanza
de una
concordia
final.
Todavía no
"es
másque un
habla
diferida,obien llevala
significación
de una
diferencia
tercamente mantenida.
La
interrupción es necesaria para cualquier serie de palabras.La intermitencia posibilita el
devenir;
la discontinuidad
afianza
la
continuidad
de la audición y el acuerdo. De aquí, sin duda,
hahríaque
sacar muchas conclusiones.
PercJ,'por el momento,
quisiera
mostrar
que esta
intermitencia,
mediante la
cual
el discurso se
convierte
en diálogo, es decir, en discurso, se presenta según dos
direcciones muy
diferentes.
En el
primer
caso,
la suspensión-intervalo
escomparable
a'la
pausa
ordinaria gue
permite el
"turnarse"
de una
conversación.
Entonces,
la discontinuidad es esencial, puesto que promete el
intercambio;
esencial,
pero
relativa; ella apunta, aunque
fuese
pura
tarde
o
para nunca,
y a la vez
para
hoy
mismo,
la
afirma-
ción
de la verdad en. la que ya no
cesará
el
discurso
coherente
y,
ya
incesante,
se
confundirá
con su
anverso silencioso. Dentrode
esta
perspectiva, la ruptura sigue haciendo el
juego
del habla
común,
aun cuando la
fragmente,
la contraríe o la enturbie; no
sólo
da un
sentido,
sino
que
despeja
el
sentido común
como
136
horizonte. Es la respiración del discurso. En esta categoría cabríantodas
las
formas que
dependen
de una
experiencia
dialéctica de
la
existencia
y de la
historia—desde
la charla
cotidiana
hasta
los más
altos momentos
de la
razón,
de la
lucha
y de la
práctica.
Interrumpirse
para
oírse
yentenderse.
Pero
hay otra especie de interrupción, más enigmática y más
grave.
La queintroducelaesperaquemideladistancia
entredos interlocutores, ya no
distancia
reductible, sino
lo
irreductible.Muchas veces aludíaellaen
estos
estudios,y
nuevamente
me
limitaré
a la
alusión.
En el
espacio
intcrrelacional,
puedo intcn-
••tar
comunicarme
con
alguien
de
diversas maneras:
una
primeravez, considerándolo
como
una
posibilidad
objetiva del mundo ysegún
los
modales
de la
objetividad;
una
segunda vez, mirándo-
lo
coma
a
otro
yo, muy
diferente
quizá,
pero
cuya
diferencia
pasa por una
identidad primera,
la de dos
seres
con la
misma
posibilidadde
hablar
en
primera persona;
una
tercera vez,
ya
no en unarelación mediatadeconocimiento impersonalo decom-
prensión moral,
sino
en un
intento
de relación inmediata, lo
mismo
y lootro pretendiendo
perdur.se
unodentrode
otro
o
aproximarse
uno a
otro
de acuerdo con la proximidad del tuteo
que
olvida
o
borra
la
distancia.
Estas relaciones
tienen
en
común
que las
tres tienden
a la
unidad:
e]
"Yo"
quiere
anexarse
al
otro
(identificarlo
consigo) conviniéndolo en su cosa o estudián-dolo como una cosa, o bien quiere recuperar en el otro a
otro
ego,
ya
sea
mediante
el
reconocimiento
libre
o la
unión instantánea
del
corazón.
Queda
otra modalidad (sin
modo).
Esta
vez, ya no
se trata de unabúsquedaunificadora. Ya no quiero reconocer en
el
otro
a
éste
o
esto
que una medida todavía común, la pertenen-cia a un espacio común, mantiene en una relación de continuidado de unidad conmigo. Ahora, lo que está en juego es la extra-nezaentre nosotros, y no
sólo
esta parte oscura que escapa anuestro
conocimiento,
mutuo
y no
es
nada
más que la
oscuridadde laposición dentrodel
ego
—la
singularidadde!
ego
singu-lar—, condición de Extraño
Extranjero
que todavía es muy
rela-
'
tiva {un
ego
siempre
se
aproxima
a un
ego,
inclusoen
la
dife-
rencia,
la
competencia, el
deseo
y la necesidad). Lo que está en
juego y exige relación es
todo
cuanto me separa del
otro,
es
1.37
 
decir,
el
otro
en la
medida
en que estoy
infinitamente
separado
de él,
separación,
fisura,
intervalo
que lo
de¡a
infinitamente
fuera
de mí,
pero
pretende
fundar
mi relación con él en
esta mismainterrupción,
que es una
interrupción
de ser
—alteridad
por la
cual
él no es
para
mí, ni
otro
cgo,
ni
otra
existencia, ni
una
modalidad
o un
momento
de la
existencia
universal,
ni una
super-cxistencia, dios
o
no-dios, sino
lo
desconocido
en su
distancia
"Alteridad"
que se
mantiene
bajo
el
dominio
de lo
neutro.
Para
simplificar,
digamos que,
por la
presencia
del
otrooído
enneutro,
hay en elcampode las relaciones una distorsión que
impide toda comunicación
recta
y
toda
relación
de
unidad,
otambiénuna
anomalía
fundamental
que al
habla
le'corresponde
no
reducir,
sino sobrellevar aunque íuese sin decirla ni
significar-
la.
Ahora
bien, a
este
hiato
—la extráñela,
la
infinitud
entre
no-
sotros—
responde,
en
el
mismo
lenguaje,
!a interrupción que in-troduce
la
espera.
Pero
aquí,
entendamos bien
que
la
detención
no
está
marcada necesaria ni simplemente
por
un silencio, un
'
blanco
o un
vacío (qué
burdo
sería), sino
por un
cambio
en la
forma
o en la
estructura
del
lenguaje (cuando hablar, primero,
es
escribir)
—cambio
comparable, metafóricamente,
al
que
hizo de
lu
geometría
de
Euclides
la de Riemann (Valéry
confesaba
a unmatemático
que
premeditabaescribir
—hablar—
en
"una super-
ficie
de
Riemann"
1
). Cambio
tal que hablar
(escribir}
es
cesar
í¡c
pensar sólo
con miras a la unidad y
hacer
de las relaciones
de
palabras
un
campo esencialmente disimétrico
que
rige
la
dis-continuidad.
Como
si se
tratara, tras haber renunciado
a la
fuerza
Ininterrumpida
del
discurso
coherente, de
descubrir
un
nivel
de
lenguaje
allí donde sepuede
ganar
el poder no
sólo
de
expresarse
de un
modo intermitente,
sino
de
otorgar
la
palabra
a la
inter-
mitencia,
habla
no
unificante,
que
acepta
no ser más un
paso
oun
puente,
habla
no
doctoral, capaz
de
franquear
las dos
orillas
que
separa
el abismo, sin colmarlo ni
re-unirlas
{sin
referencia a
la
unidad).Entre
estasdosclasesde
interrupción,
talcomo
acabo
de es-
quematizarlas,
teóricamente
la
diferencia
es muy
firme.
Esta
dife-
rencia
corresponde
a los dos
tipos
de
experiencia
del
habla,
una
1)8
dialéctica,
y
otra
no, un
habla
del
universo
que
aspira
a la
unidad y
contribuye
acumplirel
todo,
y la otra, habla de escri-
tura
que
lleva
una
relación
de
infinitud
y
extrañeza.
Sin
embar-go, esta diferencia decisiva siempre es ambigua en su
decisión.
Cuando
dos
personas hablan,
el
silencio
que
les
permite, al
hablar
juntas,
hablar
por
turno, todavía
no es más que la
pausa alter-nada
del primer
grado,
pero
asimismo,
en
esta
alternancia,
ya
puede
estar obrando la
interrupción
por la cual se
señala
lo
des-
conocido.
Y hay
algo
más
grave. Cuando
se
interrumpe
el
poder
de
hablar,
no se
sabe,
nunca
se puede
saber
a las
claras
qué
está
actuando.
La
interrupción
que
permite
el intercambio, o la que
suspende
el
habla para restablecerla
a
otro
nivel,
o la
interrupción
negadora
que, lejos
de
seguir siendo
el
habla
que
toma aliento
y
respira, pretende
—si
es
posible—
asfixiarla
y
destruirla
como
para
siempre. Por ejemplo, cuando la interrupción es la del can-sancio,
del
dolor
o de la
desgracia
(formas
de lo
neutro),
¿sa-
bemosde qué
experiencia
depende?
¿Podemos
estar
seguros
de
que, incluso siendo
esterilizante,
sólo
es
estéril?
No, no
esta-
mos
seguros
(lo
cual,
además, aumenta
el
cansancio
y la
desgra-cia).
Asimismo,
presentimos
que siel
dolor
(o el
cansancio
y
la
desgracia) abre entre los seres un
vacío
infinito,
tal vez
lo
más
importante
de
este
vacío sería que, dejándolo
vacío,
condu-
jera
hasta la expresión, hasta
.el
extremo de
que
hablar por can-sancio,
dolor
o
desgracia, podría
ser
hablar según
la
dimensión
del
lenguaje
en su
infinitud.
¿Y no
puedeirse
aún más
lejos?Supongamos una
interrupción,
por asídecirlo,absoluta y absolu-
tamente
neutra. Supongámosla
no ya interior a ia
esfera
del
lenguaje,
sino exterior
y
anterior'a cualquier babla
y a
cualquier
silencio.
Llamémoslala
postrera,
lahiperbólica.Con ella habría-
mos alcanzado la .ruptura que nos liberaría, aunque
fuese
hiper-
bólicamente,
no
sólo
de
toda
razón (sería poco),
sino
de
toda"sinrazón"
[í.e. el
desvarío],
es
decir
de esta
razón que-siguesiendo la locura.
'¿También
no estaríamos
obligados
a pregun-
tarnos
si
de
tal
interrupción
—el
mismo retraimiento
salvaje—
no vendría una
exigencia
a la
que
sería preciso responder hablan-
do, e
incluso
si
hablar (escribir)
no essiemprepretender im-
plicar el
Afuera
de toda lengua en el mismo
lenguaje,
es decir,J39

You're Reading a Free Preview

Download
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->