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Un habla plural/Blanchot

Un habla plural/Blanchot

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06/09/2013

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original

 
CAPITULO
IX
UN
HABLAPLURAL
LJiENso
EN
ESTA
afirmación
de Apolo cuando, por la voz
del
-•-
poeta
Baquílidcs,
le
dice
a
Admeto:
"Sólo
eres
un
mortal;
por eso tu
mente tiene
quenutrir
dos pensamientos
a la
vez."
Por lo
tanto, hablar varias hablas
en una
simultaneidad
de
len-guaje.Bien puede
el
dios, portador
del
pensamiento único, despreciar-
nos y
compadecernos
por
esta dualidad
de la que nos
hace cargo.
A
nosotros
noscorresponde
desplegarla
en
toda
la extensión, de
su
imperio,
al que no
escapa
ni
siquiera aquel
cielo
que ya no
habita
Apolo.
Hablar, siempre
es
poner
en
juego
la
duplicidadesencial
de la que se
saca partido
—esto
es la
ambigüedad,
la
indecisión del
Sí y del
No—,
pretendiendo reducirla mediante
las
reglas
de la
lógica. Pero
hablar
según
la necesidad de una
irreduc-
tible
pluralidad, como
si
cada habla
fuese
el
retumbar
indefinido
de sí
misma
en el
seno
de un
espacio
múltiple,
es muy
pesado
para uno
solo.
El
diálogodebe
ayudarnos
a compartir
esta
dua-
lidad.
Nos
ponemos
de a dos
para llevar
el
habla
doble,
menospesada
por
hacerse sucesiva mediante
la
alternancia
que se
desdo-
bla en
el
tiempo.
Ser
dos, pensar
y
hablar
entre
dos
dentro
de
la
continuidad
del
diálogo,
esto sería para Admeto,
en su
estatuto
de
hombre mortal condenado
a los
pensamientos simultáneos,
el
recurso
para
hacerse ingeniosamente igual
a
Apolo,
e
inclusosuperior,
puesto
que la
dualidadsiempre presente, aunque
fuere
entre
dos
personas,
mantiene
el
movimiento
del
pensamiento,
que
necesariamente
se
excluye
del ser
uno.Solución
perfecta.
Sin embargo,
habría
que
preguntarse
por
qué,
tan
pronto como
unoapartalas
coartadas
debuena
con-ciencia
que nos
proporciona, queda insuficiente esta solución
del
diálogo,
y
por qué
Admeto
se
habría equivocado sí hubiese
visto
143
 
en
ella
una
réplica justa
a la
maldición
del
dios.
Porque
el
diá-logo está basado
en la
reciprocidad
de las
hablas
y en la
igualdad
de los que
hablan.
Sólo
dos
"Yo" pueden
establecer
una
rela-
ción
dialogal.
Cada
uno
reconoce
en
el
segundo el
mismo
poder
de
hablar
que en sí
mismo, cada
uno se
dice igual
al
otro
y no
ve en el
otro nada
más que
otro
"ego".
Es el
paraíso
del
idea-
lismoconformista.
Pero,
por una
parte,
sabemos
que
casi
no
hay
especie
de
igualdad
en
nuestras sociedades. Basta haber
oído,
bajocualquier
régimen,
el
"diálogo"
entre
un
presunto
"inocente"
y
el
magistrado
que
lo
interroga para saber
lo que
significa
esta
igualdad
de palabra a partir de una desigualdad de cultura, decondición,
de
poder,
de
felicidad.
Ahora
bien,
en
cualquier
mo-
mento, cada
uno de
nosotros
es un
juez
o se
halla frente
a un
juez.
Toda hablaesmandamiento, terror, seducción, resentimien-to,elogio, empresa.
Toda
hablaes
violencia
ypretender igno-rarlo
al
pretender dialogar,
es
añadir
la
hipocresía liberal
al
opti-
mismodialéctico,
para
el
cual
la
guerra sigue siendo
una
formadel diálogo.
Pero
hay que decir más. Incluso
fuese
posible
hablar en igualdad,
incluso
si
hablar asegurase esta
igualdad,
y
trabajase
por
esta identidad,
no
dejaría
de
faltarle
algo esencial
iil
habla. Volvamos
a
Admeto.
A
Admeto
se
le
confía
el
trabajoticpensar,
es
decir, hablar doblemente
en
un
mismo
acto
de
len-
guaje.
Cree salvarse desdoblando esta duplicidad
y
repartiéndolaentre
dos
hombres que
hablan
en igualdad. Entonces tenemos ailos hablas
en
una,
dos
hablas diferentes
y, sin
embargo, idén-
ticas.
Sí, es
impresionante, reconozcámoslo
de
nuevo.
En
este
j(Íro
admirable,
sin
embargo,
se ha
perdido algo,
o sea la
misma
(¡\\crencia,
una
diferencia-
que
nada debe
simplificar
ni
puedeIgualar, y sólo ella, misteriosamente, hace hablar, manteniéndolas
separadas,
a las dos hablas
que
se quedan
juntas
tan sólo por
esta
separación.
Admcto,
fundador
del
diálogo, todavía
es
víctima
del
terror
divino.
Sometidoalideal
del
dios,
sólo
tieneenperspectivala
unidad,
como
si lo Uno en la mira de lo mismo tuviese que ser
l.i
verdad
de
toda comprensión,
el fin de
toda relación humana
y
divina.
Pero
no es
así.
En
el
sepacio
interrelacional,
el
diálogo
y lu
igualdad
que
supone el diálogo
no
tienden
más que a
incre-
l't'l
mentar
la
entropía,
y
asimismo,
sí la
comunicación dialéctica exi-
ge
dos
polos
antagónicos, cargados de hablas
contrarias
y provo-cando
por
esta contrariedad
una
corriente común, ella tambiénestá destinada,
después
de
deslumbrantes
estallidos,
a
apagarse
en
la identidad
enttópica.
El
diálogo
es la
geometría plana, allí don-
de las
relaciones
son
rectas
y
permanecen idealmente simétricas.
Pero
supongamos
que
el campo
de las
relaciones dependa
de
algu-
na
anomalía análoga
a
lo
que los
físicos
llamarían
curvatura
del
universo,
ya sea una
distorsión
que
impide
toda
posibilidad
de
simetría
e
introduce
entre
las
cosas
y
particularmente entre
el
hombre
y el
hombre
una
relación
de
infinitud. Supongamos
que
este nudo
de
espacio, aquel punto
de
abrupta
densidad,
esta pola-rización que ahueca y abulta extensión y duración de manera
que no hay
nada
que sea
igual
ni
tampoco nada
que sea
sola-mente desigual, supongamos puesquedicha irregularidad
funda-
mental
no le
corresponda
al
habla reducirla,
ni
desviarse
de
elladeclarándola indecible, sino
presentarla,
es
decir
(pese a todo),darle forma.
Sí,
supongámoslo.
Y
aceptemos
reconocer
toda
la
extensión
de
la
exigencia que se ofrece a nosotros por esta supo-sición.
Y,
ante
todo, esto:
que
hablar,
sin
duda, consiste
en
reducirlo
otro
a lo mismo en la búsqueda de un habla media-dora, pero que también consiste primero en intentar acoger a lo
otro
como
otro
y al
extraño
extranjero
como
tal,
el
otro
en su
irreductible diferencia,en su
infinita
condicióndeExtrañoEx-
tranjero,
condición
(vacía)
en que
sólo
una
discontinuidad
esencial
puede preservar
la
afirmación
que le
pertenece.
En el
fondo ¿qué
es lo que el
dios-pide
a
Admeta? Quizá nada menos
que
sacu-dir elyugodeldiosysaliral fin delcírculo
donde
élpermaneceencerrado
por la
fascinación
de la
unidad.
Y
esto, desde
luego,
no es
poca cosa. Quiere decir dado
que
cesa
de
pensar
sólo
con
miras
a la
unidad.
Esto,
por lo
tanto, quiere decir
no
temer
afirmar
la
interrupción
y la
ruptura,
a fin de
llegar
a
proponer
y
a
exponer
—labor
infinita—
un hablaverdaderamenteplural.
Habla
que
precisamente siempre está destinada
de
antemano (di-
simulada
también)
en la
exigencia escrita.
Hacia
esta Diferencia, arrancándonos
a
todo
diferente,
nos
orienta,
en
primer lugar, bajo
una
forma misteriosamente alter-
145 '

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