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06/02/2012

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AUTES, Michel. LES PARADOXES DU TRAVAIL SOCIAL (Las paradojas del TrabajoSocial).
 
Edition Dunod, Paris, 2005 [Traducción parcial de Gonzalo Montenegro]
Con la ordenanza del 4 de octubre de 1945 y el decreto del 8 de junio de 1964, se puedeconsiderar establecida en Francia la organización de la Seguridad social. Esta formaparticular de compromiso social desplaza la protección y la seguridad de los individuosdesde el marco de la propiedad privada, que ha sido la fórmula privilegiada a partir de laépoca moderna, para convertirla en un atributo ligado al trabajo, una consecuencia de laposición y del estatus de asalariado. Por ello, esta forma de seguridad es indisociable dela organización característica de la sociedad industrial y salarial. Sobre todo a partir lostrabajos de François Ewald, Henri Hatzfeld y Pierre Rosanvallon, se conocen los grandesprincipios de estas organizaciones, que algunos denominan como el «Estado-providencia», pero en que preferiremos el término de «Estado social», siguiendo en ellolas observaciones de Robert Castel y los usos que hace del concepto Jürgen Habermas.Esta fórmula de base se articula, por una parte, en torno a una operación de socializacióndel riesgo, y, por otra, sobre una respuesta social en términos de aseguramiento. Así, elaccidente laboral, con la ley del 9 de abril de 1898 –cuya génesis François Ewald analizaextensamente– será el primero que escapa a las regulaciones antiguas de la esferaprivada en el derecho penal y a la lógica del contrato entre las personas, para convertirseen un riesgo, una fatalidad ligada inevitablemente a las condiciones modernas de laproducción industrial y contra la cual nos aseguramos a través de un gesto colectivo quese sigue del principio de establecimiento de garantías. Sobre esta fórmula se construirána lo largo de los años siguientes el seguro de vejez, la protección contra la enfermedad,luego, el conjunto de protecciones ligadas a la familia y a la presencia de los niños, paradesembocar en la generalización inscrita en los textos de pos-guerra, pero cuyaconstrucción y puesta a punto se harán progresivamente. Más tarde incluso, pero allendela Seguridad social propiamente dicha, se instalará un sistema generalizado de seguridadante la cesantía, al finalizar los años 1950
1
.******Las discusiones sucesivas sobre la instalación de los diferentes regímenes entrañarádiscusiones cada vez más polarizadas sobre el Estado, entre aquellos partidarios másbien de la responsabilización individual en una visión liberal de la protección –lo que HenriHatzfeld llama justamente «la objeción liberal»– y los que se quieren los herederos de losprincipios republicanos de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano del24 de junio de 1793, la que afirma en su artículo 21: “La asistencia social es una deudasagrada. La sociedad debe asegurar la subsistencia de los ciudadanos desprotegidos,sea procurándoles un trabajo, sea asegurando los medios de existencia a los que noestén en condiciones de trabajar”
2*
.*******Este debate no se cierra jamás porque está fundado sobre la tensión mayor que organizala sociedad industrial y democrática: de un lado, la tensión entre el individuo libre deejercer sus talentos en el mercado pero que es ciudadano depositario del principio de
1
AUTÈS, Michel. LES PARADOXES DU TRAVAIL SOCIAL. Edition Dunod, Paris, 2005 Pags. 7-8.
2
AUTÈS, Michel. LES PARADOXES DU TRAVAIL SOCIAL. Edition Dunod, Paris, 2005 Pag. 8.
*
 http://www.derechos.net/doc/tratados/93.html[N. del T.].
 
soberanía y, del otro, el individuo recogido en los informes de dependencia ligados a laorganización del trabajo propio de la sociedad industrial. Tal es la necesidad de conciliarsin cesar, a la vez, la igualdad política formal y las desigualdades económicas reales, y devolver compatible la lógica del interés individual con las implicancias de los imperativosdel interés colectivo de la ciudadanía. El modelo salarial y la protección social que le esconsubstancial, son estructurados para resolver estas tensiones en un equilibrio siempreen construcción y que constituye la lógica misma del compromiso específico del Estadosocial; que, consideramos acá, los textos fundadores de la Seguridad social establecen,en todo caso, sin completarlo. Pues completarlo supondría que se resolvieran lastensiones fundamentales, en que la apertura de las mismas y la discusión permanentegarantizan la existencia de la sociedad democrática.Estamos, pues, en presencia de una forma, de una manera de construir una articulaciónentre la esfera económica y la esfera política, es decir, aquello que se denomina como lo«social», una forma específica del compromiso salarial y del establecimiento de garantíasde la sociedad industrial. Esta articulación existe en todas las sociedades, pero en formasque le son cada vez histórica, cultural y políticamente específicas. Lo que se suele llamarcomúnmente como «lo social» es para nosotros, por lo tanto, esta forma particular dearticulación
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.
****
La historia de lo social, y más particularmente de la acción social y del trabajo social, quese acaba de recorrer, llega a una bifurcación en este punto. La categoría de inserciónpolariza los asuntos en juego. Nacida desde el seno mismo del trabajo social, a partir delas acciones de reinserción de personas que se reorientan hacia «la inserción económica»al finalizar los años 1970, tiende a invadir las políticas sociales que, cada vez más, seconfunden con las políticas de empleo y del tratamiento social de la cesantía. Estatransición se realiza sin un plan de conjunto, por medio de un amontonamiento de textos ymedidas, en medio de las cuales la acción pierde toda legibilidad. La inserción está en elcruce de todas estas evoluciones. Significa también el acompañamiento de personas condificultades, de los desempleados de larga duración, de los jóvenes, de los desempleadosmayores, en una estricta conformidad a la lógica asistencial, que la estrategia de retornoal empleo convierte progresivamente en el único referente que da forma a la acción. Lainserción sustituye una lógica genealógica del recorrido de las lógicas precedentes,clasificatorias y categoriales. Pero, al mismo tiempo, hace pasar del tratamiento de losindividuos, portadores de características dignas de clasificación, a una gestión de laspoblaciones en territorios estigmatizados. La inserción es polisémica. A eso se debe quese trate de una nueva categoría de la acción pública: produce,
a la vez 
, el sentido y laacción. Acoplada al problema de la exclusión, que evoluciona a partir del tema de lapobreza, ella forma una totalidad semántica y práctica. Totalidad que libra un sentido –unapolisemia– y permite la acción organizada en estrategias divergentes
4
.******Para Pierre Rosanvallon, un Estado activo-providencia debe reemplazar al Estado pasivoindemnizador. La categoría de inserción está en el centro de este pasaje.
3
AUTÈS, Michel. LES PARADOXES DU TRAVAIL SOCIAL. Edition Dunod, Paris, 2005 Pag. 9.
4
AUTÈS, Michel. LES PARADOXES DU TRAVAIL SOCIAL. Edition Dunod, Paris, 2005 Pags. 213-214
 
“Desde luego, de manera todavía muy titubeante en efecto, es en torno a la palabray la idea de inserción que se expresa la tentativa de encontrar nuevas relacionesentre el empleo y el Estado-providencia” (Rosanvallon, Pierre.
La nouvelle question sociale. Repenser l’État-providence 
, Paris, Le Seuil, 1995, p. 166).Según Pierre Rosanvallon, esta nueva orientación pasa por dos estrategias. La primeraconsiste en crear un verdadero derecho a la inserción que vendría tomar su lugar al ladode los derechos de libertad y de los derechos de colectividad
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. Esta nueva categoría delderecho respondería a la nueva vulnerabilidad que resulta del debilitamiento delasalariado. Esta vulnerabilidad, siempre según el autor, tiende a reemplazar la noción deriesgo que correspondía al Estado-providencia protector. Asimismo, el blanco central noson más los individuos con dificultades, sino categorías enteras de la población. Lasegunda estrategia, que corresponde a la puesta en acción de esta nueva categoría jurídica de derecho a la inserción, consiste en intervenciones más localizadas,especializadas y territorializadas del poder público. De suerte que el Estado se hace «máspequeño» para ser más eficaz. Esta estrategia es una respuesta a la diversificación y a laindividualización mayor de las situaciones, diversidad que supone a su vez una mayoradaptabilidad y agilidad en las respuestas. Se aprecia claramente la tensión que organizaesta toma de posición. Oscila, de hecho, entre una percepción de tipo político, dondeapunta un defecto radical en la capacidad política para crear las condiciones de unanueva cohesión social; y la constatación pura (y simplemente registrada) de laindividualización creciente, donde cede a una lectura económica de la realidad. Desdeentonces, la problemática consiste en encontrar respuestas políticas a las medidas deflexibilidad económica. A un funcionamiento económico flexible, variable y fluido, debecorresponder un funcionamiento político que respete los mismos criterios, si no corre elriesgo de rigidez. Aparece, pues, un desfase entre la constatación y la respuestapropuesta. Si el asunto en juego es el de continuar «haciendo nación» después delEstado-providencia, la respuesta no es del orden de la técnica de gobierno, sino del ordende la legitimidad de lo político
5
.*******Lo que está en juego es la cuestión de la legibilidad de una forma, de «una mismalengua». Se ha visto bien que la tecnificación de la acción pública constituye lacaracterística mayor de las políticas de empleo. Esta se construye como una letanía largay aburrida de medidas que se enredan y que parecen desplegarse a la sombra de unaduda insistente, que cuestiona la eficacia misma de la acción pública. Como si perdierande manera permanente lo esencial, pues, definitivamente no convencen. Por ello, con justa razón, Rosanvallon estigmatiza el riesgo de «volver asalariada la exclusión ».¿Ahora bien, yendo hasta el límite de la lógica del derecho a la inserción, no es finalmente
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De acuerdo con la tradición forjada a lo largo del siglo XX en el Servicio Público francés, los derechos seclasifican en derechos de libertad relativos al resguardo de los individuos (droits-libertés) que implican unalimitación de las acciones del Estado, y en derechos de la colectividad relativos al cuidado de los interesescomunes que incitan al Estado a tomar parte activa en su defensa (droits-créances). De acuerdo a unatradición liberal, entre los primeros reconocemos la libertad de expresión, el derecho de opinión y libertadreligiosa, la igualdad ante la ley y la protección de la propiedad privada. Inspirados en la Declaraciónuniversal de los derechos del hombre de 1948, los segundos conciernen a derechos tales como los desindicalización, huelga y asociación. La tesis que sostiene que los derechos a la inserción vienen a sumarsea los recién nombrados es, por lo tanto, una tesis de peso con consecuencias históricas relevantes parapensar la configuración de los derechos que permean el Servicio público del país galo [N. del T.].
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AUTÈS, Michel. LES PARADOXES DU TRAVAIL SOCIAL. Edition Dunod, Paris, 2005 Pags. 214-215

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