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Emma Goldman - La tragedia de la emancipación de la mujer

Emma Goldman - La tragedia de la emancipación de la mujer

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09/22/2013

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La tragedia de la emancipación de la mujer
Emma GoldmanComienzo con una concesión: independientemente de todas las teoríaspolíticas y económicas, que tratan las diferencias fundamentales entre variosgrupos dentro de la raza humana, independientemente de la distinción de clasey raza, independientemente de los límites artificiales entre los derechos de lamujer y del varón, sostengo que existe un punto donde estas diferenciacionespueden converger e integrarse en un todo. Con esto no pretendo proponer untratado de paz. El antagonismo social general, que ha tomado toda nuestravida pública, causada por la fuerza de intereses contradictorios y opuestos, sedesmoronará cuando la reorganización de nuestra vida social, basada enprincipios de justicia económica, sean una realidad.La paz y la armonía entre sexos e individuos no depende necesariamente deuna equiparación superficial de los seres humanos, ni tampoco demanda laeliminación de rasgos y peculiaridades individuales. El problema es, encomunión con lxs demás, conectarse profundamente con todxs lxs humanxs yaún así mantener las propias características individuales. Esta me parece quees la base sobre la que masa e individux, el varón y la mujer pueden convergersin antagonismo ni oposición. El lema no debería ser “Perdónense” sino másbien “Entiéndanse”. La famosa frase de Madame de Stael : “Entender todosignifica perdonar todo” nunca me ha gustado, tiene olor a confesión, perdonaral prójimo transmite la idea de superioridad farisaica. Es suficiente conentender al otrx. Esta concesión representa parcialmente el aspectofundamental de mis ideas sobre la emancipación de la mujer y sus efectossobre el sexo en su totalidad.La emancipación debería hacer posible que la mujer sea humana en el sentidomás verdadero del término. Todo lo que dentro de ella anhele afirmación einiciativa o agentividad debería alcanzar su máxima expresión, todas lasbarreras artificiales deberían romperse, y el camino hacia una mayor libertaddespejado de toda huella de siglos de sometimiento y esclavitud. Este fue elobjetivo original del movimiento para la emancipación de la mujer. Sinembargo, los resultados hasta ahora obtenidos han aislado a la mujer y la handespojado de la fuente de su felicidad esencial. La emancipación puramenteexterna convirtió a la mujer moderna en un ser artificial, que nos recuerda auno de los productos de la arboricultura francesa con sus árboles de arabescosy arbustos, pirámides, ruedas, coronas, cualquier cosa excepto las formas quealcanzaría a través de la expresión de sus propias cualidades internas. Haymuchas de estas plantas de sexo femenino artificialmente engendradasespecialmente en la así llamada esfera intelectual de nuestra vida.¡Libertad e igualdad para la mujer! Cuales fueron las esperanzas y aspiracionesque estas palabras despertaron cuando fueron pronunciadas por primera vezpor algunas de las almas más nobles y valientes de aquellos días. El sol contoda su gloria iba a elevarse sobre un mundo nuevo, en este mundo la mujeriba a ser libre para dirigir su propio destino- uno objetivo ciertamente digno degran entusiasmo, coraje, perseverancia, e incesante esfuerzo, albergado por
 
los primeros varones y mujeres, que apostaron todo contra un mundo deprejuicio e ignorancia.Mis esperanzas también se dirigen hacia ese objetivo, pero sostengo que laemancipación de la mujer, tal como se la interpreta y aplica hoy, ha fracasado.Ahora la mujer se enfrenta a la necesidad de emanciparse de la emancipación,si realmente quiere ser libre. Esto puede sonar paradójico pero es la puraverdad.¿Qué ha logrado con su emancipación? Sufragio universal en algunasregiones. ¿Purificó eso nuestra vida política, como predijeron muchos bienintencionados defensores? Ciertamente no. A propósito, es tiempo de queaquellas personas con sólido razonamiento cesaran de hablar acerca de lacorrupción en la política con aires de pedantería. La corrupción política nadatiene que ver con la moral o la laxitud de la moral de las personalidadespolíticas. Su causa es material. La política es el reflejo del mundo comercial eindustrial cuyos lemas son “Tomar es mejor que dar”, “Compra barato y vendecaro”, “Una mano manchada lava la otra”. No hay esperanzas de que la mujercon el derecho a voto purifique la política.La emancipación trajo la equidad económica entre el varón y la mujer, es decir,ella puede elegir su propia profesión, un oficio, pero como su entrenamientofísico ni pasado ni presente la dotó de la fuerza necesaria para competir con elhombre, ella se ve obligada a extinguir sus fuerzas, consumir su vitalidad, ytensión a cada nervio para alcanzar el valor del mercado. Pocas lo logran,porque es un hecho de que las maestras, las médicas, las abogadas, lasarquitectas, y las ingenieras- teniendo la misma confianza que sus colegasvarones- no reciban la misma remuneración. Y todas aquellas que alcancen ladeseada igualdad generalmente lo hacen a expensas de su bienestar físico ypsíquico. Y para la gran masa de mujeres trabajadoras, ¿cuánta independenciase gana si la estrechez y falta de libertad del hogar es reemplazada por laestrechez y falta de libertad de la fábrica, las tiendas o la oficina? Mas aúndespués de un duro día de trabajo, está la carga de ocuparse de un “hogardulce hogar”- frío, atemorizador, desordenado, poco acogedor. ¡Gloriosaindependencia! No es sorprendente los cientos de jóvenes dispuestas aaceptar la primera oferta de matrimonio hartas y cansadas de su“independencia” detrás de un mostrador, una máquina de coser o de escribir.Están tan dispuestas a casarse como chicas de clase media que anhelanquitarse el yugo de la supremacía parental. La así llamada independencia quelleva a tan sólo alcanzar la mera subsistencia no gusta tanto, ni es tan ideal,como para que una mujer sacrifique todo. Nuestra tan preciada independenciaes, después de todo, un proceso lento de embotamiento y endurecimiento de lanaturaleza de la mujer, de su instinto de amor y de su instinto maternal. Sinembargo, la posición de la joven trabajadora es más natural y humana queaquella de su aparentemente más afortunada hermana profesional-maestras,físicas, abogadas, ingenieras-, que tiene que tener una apariencia digna yapropiada mientras la vida interna crece vacía y muere. La estrechez de laconcepción existente de la independencia y emancipación de la mujer, el miedoa amar a un hombre que no es de su clase social, el miedo a que el amor lesustraiga la libertad y la independencia, el horror de que el amor o la dicha de
 
la maternidad sólo la limite en el completo ejercicio de su profesión: todo esto junto hace de la mujer moderna emancipada sea una virgen vestal, ante la cualla vida, con sus grandes penas clarificadoras y sus profundas extasiantesfelicidades, se desarrolla sin tocarle o arrebatarle el alma. La emancipación talcomo la entiende la mayoría de sus exponentes y defensoras es demasiadoestrecha como para permitir el amor sin barrera y el éxtasis contenido en laprofunda emoción de la mujer verdadera adorable, madre en libertad.La tragedia de la mujer económicamente independiente y emancipada yace enno demasiadas sino más bien pocas experiencias. Es cierto, ella supera a sushermanas de las pasadas generaciones en el conocimiento del mundo y de lanaturaleza humana, ella siente una profunda falta de esencia que por si solapodría enriquecer el alma humana, y sin la cual la mayoría de las mujeres setransforman en meras autómatas profesionales. Que tales acontecimientoshabrían de acontecer fue previsto por aquellos que se dieron cuenta que, en eldominio de la ética, todavía quedaban muchas ruinas en desintegración de lostiempos de la superioridad indiscutida del varón, ruinas que todavía hoy seconsideran útiles. Y lo que es más importante, un gran número de mujeresemancipadas no son capaces de relacionarse con ellas. Cada movimiento quetiene por objetivo la destrucción de las instituciones existentes y su reemplazocon algo más avanzado, más perfecto, tiene sus seguidorxs que en teoríasostienen las ideas más radicales, pero quienes, sin embargo, en sus prácticasdiarias, son como el filisteo promedio fingiendo respetabilidad y pidiendo agritos que sus enemigos lxs consideren con respeto. Hay socialistas yanarquistas incluso que abogan a favor de la idea de que la propiedad privadaes robo, y sin embargo se indignarían si alguien les debe el valor de unadocena alfileres.Estxs filistexs también se encuentran en el movimiento de mujeres. Losperiodistas amarillistas y los intelectualoides han plasmado imágenes de lamujer emancipada que le pondrían los pelos de punta a cualquier buenciudadano y a su aburrida pareja. Cada miembro del movimiento de derechosde la mujer fue retratada como George Sand* en su absoluto desacato a lamoralidad. Nada era sagrado para ella. No tenía respeto por el ideal de relaciónentre el varón y la mujer. En resumen, la emancipación era vista como una vidatemeraria de lujuria y pecado, independientemente de la sociedad, la religión yla moral. Las exponentes del movimiento de derechos de mujeres estabanindignadas por tal representación y sin humor, utilizaron todas sus energías enprobar que ellas no eran así sino todo lo contrario. Por supuesto, mientras unamujer fuera la esclava del varón, no podría ser casta y pura, pero ahora que eraindependiente y libre probaría cuán buena podría ser y que su influenciatendría un efecto purificador sobre todas las instituciones sociales.Ciertamente, el movimiento por los derechos de la mujer ha roto muchascadenas pero también ha forjado nuevas. El gran movimiento de verdaderaemancipación no se ha encontrado con una gran raza de mujer que puedemirar a la libertad a la cara. Su visión estrecha y puritana ha desterrado de suvida emocional al varón como personaje molesto y dudoso. No se iba a toleraral hombre bajo ningún punto, excepto al padre de su hijx, ya que unx niñx nopodría desarrollar su vida correctamente sin un padre. Afortunadamente, lasmás rígidas puritanas no serán nunca suficientemente fuertes como para matar

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