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Elsa Drucaroff-Los Libros de La Guerra

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LOS LIBROS DE LA GUERRA*Por Elsa Drucaroff 30 .03.2007
Malvinas: una mancha temática que aún sangra el 2 de abril se cumplen 25 años del desembarco enPuerto Argentino que diera comienzo a la guerra de Malvinas. Si la literatura es un laboratorio designificaciones donde, aprovechando la coartada de la ficción, una sociedad se piensa y se interroga,produce a partir de traumas: ¿qué dicen los cuentos, relatos y novelas sobre la guerra? Una miradaretrospectiva a las ficciones sobre Malvinas que concibieron, entre otros, Carlos Gardini, Daniel Ares,Rodolfo Fogwill, Carlos Gamerro, Juan Forn y Rodrigo Fresán.Preguntar cómo aparece la guerra de Malvinas en nuestra literatura es preguntar por la Argentina. Todasociedad imagina en su literatura formas alternativa s del mundo, entrelaza experiencia s vividas ysignificaciones aceptadas con experiencia s imaginarias y significaciones latentes; literatura es ficción, esgenerar lenguajes y realidades que no tienen consecuencia directa sobre la realidad, un laboratorio parareflexionar sin límite, para elaborar lo que no se puede elaborar. David Viñas dijo que una literaturanacional tiene núcleos traumáticos que retornan, a veces se expresan en manchas temáticas que armanseries de obras, entrelazan épocas y dicen de combates, secretos, deseos y terrores de una sociedad.
Contra la patria militar.
Malvinas es una mancha temática extraordinariamente productiva, no por frecuencia sino por calidad ypersistencia. Calidad: generó dos de las grandes obras de los últimos 35 años: Los Pichiciegos (Fogwill), yLas Islas (Carlos Gamerro). Persistencia: empieza en 1982, en el extraordinario relato Primera línea , deCarlos Gardini; llega hasta hoy.En Primera línea asoma el género que sin ortodoxia alguna, manejado con amplia libertad, nutre partede la mejor literatura sobre Malvinas: la ciencia ficción. El cuento trabaja con la
gadget science fiction
 (relatos del género sostenidos en aparatología sofisticada y novedosa), sólo que acá son tristes
“gadgets” del
subdesarrollo. Primera línea es un relato sobre las víctimas del poder: la historia deCáceres, joven soldado que perdió piernas y manos. Cáceres es el típico héroe social de la ciencia ficción:protagonista individual y a la vez representan te general del combatiente, dañado existencial mente por
la guerra. El cuento imagina un “cuerpo especial de unidades MUTIL” –
Móvil Unitario Táctico Integralpara Lisiados
 –
que coopta a Cáceres y aprovecha su desesperación para transformar lo en kamikaze,hasta que el poder decide detener la guerra y simplemente reúne a sus unidades MUTIL, especie derobocops obsesionado s e irrisorios (cinco años antes de la saga cinematográfica) que son despojados deprótesis, motores y armas y expulsados al mundo como desechos humanos. Escrito con lenguajeimpecable y potente, sin nombrar Malvinas ni una sola vez pero señalándola todo el tiempo, Primeralínea no sólo ganó un concurso que tenía como jurados a Borges, Donoso y Pezzoni, iniciando con brillola carrera literaria de Gardini, también inauguró recursos que reaparecieron.Los pichiciegos, novela que Fogwill declara haber escrito en simultaneidad con la guerra, invierte
 
Primera línea porque el foco también está en los soldados como víctimas, pero si las unidades MUTILson los traicionado s por esa Patria que se ofreció como Significado para la mutilación brutal, lospichiciegos son desertores que cavan una cueva (la pichicera) donde se esconden y sobrevivennegociando con el enemigo inglés. La Patria traiciona a los MUTIL; los pichiciegos traicionan a la Patria.Las dos obras ponen en jaque el poder, que es el que define qué quiere decir Patria. La ciencia ficciónreaparece en Los pichiciegos con su obsesión por la utopía y los mitos. Se describe con interés minuciosouna
“sociedad pichi” refugiada bajo tierra, se imagin
a una civilización alternativa. El funcionamientopolítico, económico y cultural de esta microsociedad dedicada exclusivamente a sobrevivir no esdelirante, es posible y exitoso: hay gobierno aristocrático (de los mejores), legalidad autónoma queadmite tácitamente el asesinato para preservar el equilibrio ecológico, historia, mitología, rituales,lenguaje propio. Como en la ciencia ficción, algunos personajes encarnan tipos sociales (el Turco,comerciante talentoso; García, saber académico; el Ingeniero).Los pichiciegos. Visiones de una batalla subterránea reivindica una guerra oculta, subversiva, contratradi
ción de Malvinas: la de los que no reconocen la “Patria” por la que los militares envían a mor
ir, la dequienes desean vivir, la que ocurre en el anverso de la guerra oficial y burla al Estado. El mito
fundacional de la pichicera lo cuenta así: por un lado los “boludos”, por el otro los “vivos”; entre los“vivos”, el puñado que el sargento elige pa
ra cavar la pichicera antes de que lo mate la Marina; los
“boludos” son los dispuestos a pelear. A 24 años de publicada, Los pichiciegos muestra su importancia
para leer la mejor literatura que siguió, escrita por las generaciones postdictadura. No sólo por susreediciones: varias constantes de la nueva literatura aparecen por primera vez en Fogwill. Por ejemplo,la sintomática recurrencia de personajes fantasmales; muertos entre los vivos, en cuentos fantásticos,pero en otros, de un realismo extrañado, vivos apáticos que deambulan en disponibilidad, comofantasmas. Se lee ahí el trauma del genocidio que perpetró la dictadura contra padres o hermanosmayores de los que hoy escriben, pero los primeros fantasmas están en Los pichiciegos: las
“aparecidas”,
fantasmas de monjas francesas que deambulan por las islas, por un lado; los
“desaparecidos” pichis que, dados por muertos por la tropa, se confunden con fantasmas al ser
divisados fuera de la pichicera. Muertos entre los vivos, vivos que parecen muertos: de Los pichiciegoshasta hoy, el corazón siniestro de nuestra historia reciente sigue ardiendo en la literatura que se escribe.La pichicera se lee hoy como espacio-tiempo procesador del futuro: oscuridad caliente que protegedesertores pero sobre todo co
nstruye un presente perpetuo (“presente pasa”, es la contraseña para
entrar) donde se está reformulando el mundo, procesador de significaciones del mundo que va aadvenir, el de la democracia de la derrota (como la llamó Alejandro Horowicz), el del menemismo, lasociedad traumada donde se cortó la transmisión generacional y los hijos no pueden dar cuenta de lahistoria de sus padres, un pasado muy lejano e incomprensible, por más reciente que sea, borrado trasel terror de 1976. Ya el signo pichiciegos anuncia una Argentina de dañados, víctimas ciegas (las mulitas
o pichiciegos, cuenta el libro, son animalitos para comer, se cazan “metiéndoles el dedo gordo en elculo”).
Además de usar muy libremente la ciencia ficción, Los pichiciegos apela a lo fantástico, no sólo con las
“aparecidas”: ¿existió la pichicera o es invento de un ex combatiente enloquecido por la guerra? Leemos
y vacilamos, ambas cosas son posibles. Lo fantástico seguirá alimentando buena literatura sobre
 
Malvinas: cuentos como El beso de la valquiria de Gardini, Hombres y piedras, de Alejandro Alonso.
Los noventa.
Nadar de noche (Juan Forn) e Historia argentina (Rodrigo Fresán), últimos libros de escritores jóvenesargentinos que tuvieron lectores y visibilidad mediática, tienen sendos cuentos sobre Malvinas.Aparecen en 1991 y miran la guerra, a diferencia de Gardini o Fogwill, con inmensa distancia y el espíritude la época. Sin embargo su actitud es diferente. Memorándum Almazán, de Forn, asume la ideamenemista de la vida como escalera al éxito para contar que, irónicamente, la culpa llega, inmanejable,
y frena la carrera del más promisorio joven trepador, quien, como dice Andrés Neuman, “parece asumir
 implícitamente una responsabil
idad en la masacre de su generación” y pierde su b
rillante futuro alproteger a un supuesto ex combatiente de Malvinas. El cuento es una rara avis en Nadar de noche, libro
(dice Neuman) “en apariencia ajeno a cualquier problemática social (aunque no a la temperaturaideológica del menemismo imperante)”. E
l relato interesa porque explora en un estrato social de
yuppies que no se sintió en riesgo (los “chicos de la guerra” fueron mayoritaria mente de familias
humildes) y percibe allí la culpa como siniestra, inquietante amenaza para sus objetivos conscientes.Soberanía Nacional, el cuento de Fresán, expresa en cambio un entusiasmo acrítico por el espíritu de los90. Trivial, convencida de su ingenio, la escritura intenta reír, jugar y caricaturizar, festejando las peorescosas. Humor, juego y caricatura alrededor de Malvinas brillarán en Las Islas, que Gamerro empieza aescribir en 1992, pero si en Las Islas son herramienta s que destronan, deshacen ideologías cristalizad asy denuncian, en Fresán intentan enmudecer el trauma y olvidar la injusticia. Valores de los 90 dirigen a
sus protagonist as: un soldado inverosímil, algo “intelectual”, un
rolinga delirante que quiere caerprisionero, llegar a Londres y ver a los Rolling Stones y un fanático que sueña ser héroe de guerra.Oscilando sin resolverse entre el juego disparatado y torpes guiños a la verosimilitud, el cuento acumula
lugares comunes menemistas: el “intelectual” encuentra a un gurkha y piensa como cholulo en pedirle
un autógrafo, el rolinga imagina que comparte el escenario con los Rolling (como plomo, es apenas hijode un electricista y ni en sueños Fresán le permite olvidarlo), el fanático patriota no está dispuesto amorir como los mutilados de Gardini, sino a matar para ser héroe. El motivo es puramente utilitario:quiere que la fama le dé impunidad porque acaba de cometer un crimen. Soberanía nacional testimoniala trivialidad con la que una Argentina envilecida puede mirar su pasado. El disparate y el humor (que yaasoma en Los pichiciegos) tiene mejor destino en la novela Banderas en los balcones (1994), de DanielAres, un ejemplo de ironía, caricatura e inteligencia. En esa línea, aunque no sólo, trabajará Las Islas, deCarlos Gamerro.Desde los 90, en obras de escritores que el 2 de abril de 1982 vivieron la primera fecha políticamentesignificativa para su vida consiente, la guerra aparece de soslayo (marca lateral e intensa) al relatarexperiencia s de crecimiento, autobiográficas o no. Postdata para las flores (1991), de Miguel Vitagliano,alude a Malvinas y sobre todo a la sangrienta marcha del 30 de marzo de 1982, que se mira desde los
que sienten que no pertenecen a la “generación de los hermanos mayores”, interpelada d
e otro modopor los acontecimientos. En Los ojos así (1996), también de Vitagliano, uno de los novios de laprotagonista irá a la guerra y a ella le toca asistir a la llegada del Papa, en 1982, que se narra con humor

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