CULTURAR, Las Formas del Desarrollo
Héctor Ariel Olmos y Ricardo Santillán Güemes
Ed. CICCUS - 2008
I
ntroducción: primeras aproximaciones
Suele hablarse del desarrollo local como un fenómeno relativamente nuevo y podrá serio desde el punto de vista de su tratamiento teórico, su planificación, ejecución y evaluación. Pero comofenómeno en sí existe desde el principio de la historia; es más, podría decirse que fue el primer mode-lo de desarrollo que vivió la especie: absolutamente adherido al suelo.Con la aparición de la agricultura los grupos humanos se afincaron crearon comunidad, anunciarony
formularon sistemas religiosos, estilos de vida, usos y costumbres, arte, tecnología y todo ese hacer al que habitualmente llamamos cultura.La domesticación de animales para transporte y carga primero, la navegación luego, las máquinasa vapor, el automóvil y por último la aviación
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dieron, progresivamente, a la experiencia humana ladimensión planetaria a la que habitualmente llamamos globalización.Pero hasta hace unos pocos siglos -apenas un episodio en la historia grande de la especie, diríaKusch- o aún unas pocas décadas, según 1 perspectiva que se elija, la inmensa mayoría de las personas basaban
el
desarrollo en una relación sacralizada con el territorio.Incluso en las migraciones: el objetivo era instalarse y construir un hábitat mejor; expresiónconcreta de antiguos relatos, la tierra prometida la Biblia o la Tierra sin Mal de los guaraníes por citar dos ejemplos parad máticos de un repertorio infinitamente más extenso.Es decir, pensando en la amplitud y profundidad histórica y símbolo del tema, nuestras vertientesculturales, tanto la occidental como la americana originaria, tienen sobre el lugar donde transcurre lavida una visión mítica común o, cuando menos, equiparable.Claro que también hay otros discursos y otras prácticas. La modernidad occidental se inauguró conla circunvalación del planeta y la invención los tipos móviles que permitieron transmitir informacióny conocimiento prescindiendo, casi, del tiempo y el espacio: se podía llevar de Europa a América elQuijote o los evangelios en unos pocos meses.La más amplia movilidad laboral, la planetarización de los consumos y modelos culturales, ladespersonalización de los espacios públicos fueron arrinconando -en los siglos XIX y la mayor partedel XX- a la ciudad y la aldea en lugar secundario de los discursos que organizaban la ecologíahumana.La explosión tecnológica que siguió a la implosión del estado soviet convirtieron al planeta en eseobjeto que sostiene a la lejana telaraña ml dial: world wide web (www).Pero esto que parecía la consagración de la posmodernidad -el fin de historia en un extremo-terminó replanteando nuevamente la relación en comunidad y territorio. Algunos autores llegaron a plantear la recuperación del llamado "paradigma del no transporte": trabajar, estudiar, comprar di deel hogar.Quizás, y esa es la propuesta de este texto, debiéramos repensar el desarrollo local como un proceso de recuperación de la comunidad de proyecto construida entre quienes comparten un hábitatcomún.Todas las culturas del orbe se han constituido sobre la base de una cierta comunidad de origen:desde la genealogía bíblica que rastrea el origen hasta el primer hombre creado por Dios hasta el mitode las cuatro humanidades sucesivas del
Popol Vuh.
Pero también de una cierta comunidad de proyecto:
"sobre la tierra levanta una nueva y gloriosanación",
reza nuestro himno primero.Subrayando, además, que la diversidad y multiculturalidad se h instalado definitivamente comouna característica inalienable de la experiencia humana. Cualquiera de los pueblos y ciudades delterritorio argentino registran hoy una increíble homogeneidad en su condición. Fiestas de lascomunidades donde se mezclan trajes de las más lejanas latitudes con tradiciones gastronómicas igualde planetarias conviven creativamente con grupos folklóricos bolivianos y centros de inspira
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