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¿Qué es La Cámpora?

¿Qué es La Cámpora?

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Published by Natalia Zuazo
Por Natalia Zuazo, Le Monde Diplomatique Cono Sur, mayo de 2012
Formada a partir de la confluencia de jóvenes de orígenes muy diferentes, de los
organismos de derechos humanos al peronismo tradicional, de los movimientos
sociales a las universidades, La Cámpora suele ser demonizada por la oposición e
incomprendida por los medios. ¿Quiénes son y qué piensan sus principales referentes?
Por Natalia Zuazo, Le Monde Diplomatique Cono Sur, mayo de 2012
Formada a partir de la confluencia de jóvenes de orígenes muy diferentes, de los
organismos de derechos humanos al peronismo tradicional, de los movimientos
sociales a las universidades, La Cámpora suele ser demonizada por la oposición e
incomprendida por los medios. ¿Quiénes son y qué piensan sus principales referentes?

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4
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Edición 155
|
mayo 2012
¿Qué es La Cámpora?
L
a Cámpora, como toda novedad queconquista poder y construye un mito,se ha convertido en la gran generali-zación de la política argentina. Losmedios opositores y la derecha, perotambién sectores de izquierda y delpropio peronismo, dicen saber quiénes son, cómofuncionan y, sobre todo, qué buscan. La generaliza-ción los va armando como un grupo de “nenes bien(1), con blackberrys y sin calle, unos “chetos intere-sados por los cargos que no saben lo que es militar”(2), y entonces se escudan en la orden de la lealtadcomo valor tan supremo que llegan a parecerse a “laGuardia de Hierro” (3). Para la izquierda más recar-gada, no son más que una réplica del espíritu mene-mista que se lanza por cargos públicos para diezmaral Estado. Y hay quienes dicen que llegan a esos luga-res “usando” su condición de hijos de desaparecidospara “adoctrinar a jóvenes incautos e intoxicarloscon una falsa épica” (4). La lista de generalizacionespodría seguir, en parte explicada por el temor a una
por Natalia Zuazo*
Una radiograía de la agrupación que suma espacios de poder
nueva generación que viene no sólo con la potenciade un crecimiento firme en los últimos años, sinotambién por la innegable cercanía al poder de la or-ganización liderada por el hijo de la Presidenta. Perotambién se explica porque la propia agrupación pro-mueve, en varios sentidos, la evolución de ese mitohacia donde los prejuicios lo quieran llevar: hablanpoco y nada con la prensa (ocialista y opositora), secomunican por canales no ociales (blogs, redes so-ciales, celulares) y no parece interesarles conrmarni desmentir los relatos de los otros.Sin embargo, es evidente que La Cámpora esmás que una acumulación de generalizaciones ynecesariamente tiene que ser algo más comple- jo. Lo indica ya su lógica numérica y territorial:se calculan unos treinta mil militantes, que pro-vienen de agrupaciones políticas, universitarias,secundarias, académicas, barriales y territoria-les, que a su vez cruzan distintas clases sociales yedades. La realidad de militar en Jujuy o hacerloen la Ciudad de Buenos Aires, en una actividad so-cial, un centro de estudiantes o la gerencia de unaempresa estatal, no podría ser siempre igual. Pe-ro también se puede complejizar cuando –aleján-dose, otra vez, de los mitos– uno conversa con laspersonas que participan. En ese uno a uno, los in-tegrantes de La Cámpora: 1) son hallables, no sonagentes encubiertos de la CIA, usan sus propiosnombres y atienden sus celulares; 2) sí hablan conotros (y no sólo con otros camporistas); 3) sí ha-blan de política, incluso críticamente, no sólo res-pecto del gobierno sino respecto de su propia or-ganización. ¿Que es difícil, como periodista, publi-car luego esas conversaciones? Sí. En eso hay unaverdad bastante cercana al mito: son eles al secre-to, se reconocen íntimamente con ese código y al-gunos de ellos lo abrazan incluso para sentirse unpoco mejores al resto de la militancia kirchnerista;como si guardar un secreto en tiempos de políticahipermediatizada supusiera un acto heroico. Va-le reconocer que tal vez hagan bien en preservaralgún ostracismo, como estrategia de marketing.
Dossier
Lapolíticadelos jóvenes
Formada a partir de la confuencia de jóvenes de orígenes muy dierentes, de losorganismos de derechos humanos al peronismo tradicional, de los movimientossociales a las universidades, La Cámpora suele ser demonizada por la oposición eincomprendida por los medios. ¿Quiénes son y qué piensan sus principales reerentes?
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5
Pero, llevada al extremo, esta actitud retorna co-mo un boomerang de señalamiento colectivo en la“soberbia”, el famoso adjetivo que Pablo Giussani(5) dejó para siempre asociado a Montoneros. Sinembargo, muchos de ellos militan territorialmentey por convicción, muchos de quienes ocupan luga-res en el Estado están formados para sus puestos,y otros (de generaciones menos jóvenes) ya esta-ban militando y/o ocupando cargos en el entrama-do estatal, y ahora se unieron a La Cámpora, algu-nos más por creencia, otros más por conveniencia.“Como en todos lados”, dirían en el barrio. “Comoen todos lados, no”, decimos, para no seguir gene-ralizando. Entonces, enfocamos.
Una tropa propia
“El kirchnerismo quiso abrir una convocatoria a la juventud política desde el principio, desde que Nés-tor asumió. Era lógico: la propia tropa eran los quevenían del sur, Parrilli, De Vido, Alicia Kirchner, y elresto era el apoyo del peronismo duhaldista. Necesi-taban construir cuadros propios para gobernar, perono ‘prestados’, sino gente que creyera íntegramenteen el proyecto”, dice un ex integrante de la agrupa-ción para explicar los inicios de La Cámpora.Parece un país atrás, pero en 2003 habían pasa-do sólo dos años de la crisis de 2001 y a Kirchnerle tocaba la posta de Duhalde tras los asesinatos deDarío Santillán y Maximiliano Kosteki. Las orga-nizaciones sociales y sindicales surgidas de la re-sistencia al neoliberalismo y las agrupaciones quenacieron con ese 2001 estaban en pleno trabajo enlos barrios, reconstruyendo entramados sociales li-quidados, y a veces trabajaban unidas entre sí. Enellas había una gran cantidad de nuevos militantes,más jóvenes, hijos del 19 y 20 de diciembre, nun-ca involucrados con lo público. Con esos jóvenes,algunos de arraigo más tradicionalmente peronis-ta, otros más de izquierda, más agrupaciones pro-venientes de las universidades y organismos de de-rechos humanos, el kirchnerismo fue encontrandoa esa juventud militante que lo iría siguiendo. Laconvocatoria no era tan distinta a la que Néstor Kir-chner hacía en el espacio de los partidos políticostradicionales, apelando a la transversalidad comollamado convocante. Con la juventud también fueuna invitación transversal, pero no únicamente porpragmática: tanto Néstor como Cristina decidie-ron que la juventud iba a ocupar lugares en el po-der y con esa decisión fomentaron el crecimientode las agrupaciones. Entre ellas, y en poco tiempo,La Cámpora se convirtió en la más importante, nosólo porque su líder es el hijo de la Presidenta, sinopor los espacios que ganó en el Estado. “Ni lo dudes:la agrupación de Cristina es La Cámpora”, me con-rma Hernán Reibel Maier, el vocero de la organi-zación, en su ocina de la Casa Rosada, pequeña yde recién llegado, entre dos puertas que comunicana otra ocina, mientras la gente pasa, pide discul-pas y yo tomo nota rápido porque no me deja grabar.Entre ellos no coinciden sobre la fecha en que laorganización comienza como tal, y tampoco seríalógico, por las proveniencias y armados diversos.Pero, como cualquier banda que aspire al hit, tie-nen un mito de origen: La Cámpora nace el 28 dediciembre de 2006, cuando la familia del ex presi-dente Héctor J. Cámpora le entrega a Néstor Kir-chner los atributos presidenciales del “Tío”. Enese acto, la lealtad de Cámpora queda legada al pa-tagónico. Alrededor de ese relato los jóvenes de laagrupación encontraron su bautismo y una visióncomún que, junto con la militancia, el acompaña-miento a los actos decisivos de gobierno (juiciospor derechos humanos, estatización de las AFJP),los conictos (retenciones, Ley de Medios) fuerondiferencias de origen que permitieron construirun liderazgo propio. Quienes hoy integran la me-sa de conducción nacional de La Cámpora –An-drés Larroque, José Ottavis, Eduardo “Wado” dePedro, Juan Cabandié y Mayra Mendoza–, y otrasguras importantes de la organización como Ma-riano Recalde y el fallecido Iván Heyn, demues-tran la heterogeneidad del colectivo.En esa heterogeneidad de sus proveniencias, losintegrantes de La Cámpora también fueron apor-tando a la organización una combinación de mé-todos y experiencias de militancia propios que lesdieron una identidad en términos generacionalesmás allá de sus “padres políticos”, Néstor y Cris-tina. El paso por los organismos de derechos hu-manos, la resistencia contra las políticas neolibe-rales y el aprendizaje fallido del “que se vayan to-dos” constituyen factores que los unieron antes yque los fueron haciendo encontrarse como iguales,para luego reunirse en un espacio común. Estas ex-periencias luego se ensamblaron en ese proyectoaun más colectivo: el Modelo, con mayúsculas, co-mo ellos lo llaman. Pero quizás lo más interesan-te es que esos caminos previos de sus integrantesayudan no sólo a su identidad, a qué visión tienende su lugar dentro del kirchnerismo, sino a la ac-ción: a cómo manejan la cosa pública, día a día, enlos lugares que les toca ocupar.
La red social
“Este cargo no honra a mi persona; honra a una ge-neración”, dijo Julián Álvarez al asumir como vi-ceministro de Justicia hace dos años, cuando só-lo tenía 29. Junto con él, varios integrantes de LaCámpora comenzaron a hacerse visibles por ocu-par lugares de relevancia en el Estado, constru-yendo una red de jóvenes sub-35 que enorgullecea algunos y crea sospechas en otros. Actualmente,La Cámpora tiene catorce legisladores nacionalesy provinciales, dos viceministros, varios subsecre-tarios, puestos clave en Télam y Canal 7, numero-sos directores y gerentes en empresas estatales oen directorios (como Mariano Recalde en Aerolí-neas o Axel Kicilo en YPF), y en organismos co-mo la SIGEN, el PAMI y la ANSES.Los lugares, tanto en las legislaturas como enel Ejecutivo, fueron ocupados no sin conictos, yocasionaron roces públicamente conocidos en elarmado de las listas de las últimas elecciones de2011 entre dirigentes del PJ, sindicalistas y otrasorganizaciones sociales. Sin embargo, la decisiónde Cristina Kirchner fue que los miembros de LaCámpora estuvieran en sitios destacados. Así, se-gún fuentes periodísticas, instruyó a su secretarioLegal y Técnico, Carlos Zannini, para que, entreotras gestiones, se comunicara con un ministro deScioli: “Les tienen que dar a los pibes dos o tres lu-gares de los ocho primeros de las listas a legisla-dores provinciales” (6), y siguiera el mismo cami-no con los dirigentes provinciales. El tan repetido“recambio generacional” era una realidad: se habíainiciado durante el gobierno de Néstor Kirchner yprofundizado durante el de Cristina.¿Pero qué es lo que le aporta La Cámpora alpoder como generación? “Está asociada fuerte-mente a prácticas como el escrache, tomado deHIJOS y llevado por grupos como el MovimientoEvita, el Frente Popular Darío Santillán o agru-paciones estudiantiles a sus respectivos ámbi-tos de militancia”, dice el sociólogo Gabriel Pu-ricelli. “Muchos son ‘hijos de la generación del70’, de la izquierda peronista y otros partidos,como Wado de Pedro o Franco Vitali, mezcladoscon emergentes del 2001 como Larroque, otrosprovenientes del PJ y el radicalismo tradicionalcomo Ottavis, e hijos de la élite peronista comoMariano Recalde y Máximo Kirchner, como elepítome del ‘hijo de’”, agrega. Esa flexibilidad enla convivencia es algo novedoso en el peronismode izquierda, históricamente caracterizado porlos conflictos entre agrupaciones que competíanpor quién era más vanguardia que la otra. Porquesi bien La Cámpora puede mostrar a veces acti-tudes aislacionistas en sus líderes, en el trabajodiario, en las bases, los encuentros de militancia,los actos, las actividades territoriales, trabajan junto a otras organizaciones afines, como el Mo-vimiento Evita, Kolina (de Alicia Kirchner), la JPDescamisados, la Tupac Amaru, los Kumpas, laCorriente Peronista, el Frente Transversal, la Co-rriente Nacional Martín Fierro…De hecho, todos ellos compartieron el recordadoacto del 14 de septiembre de 2010 en el Luna Park,
 Néstor le habla a la juventud, la juventud le habla a Néstor
, un mes antes de la muerte del ex Presiden-te, que dejó a miles de militantes afuera y que fue talvez el momento donde Néstor y Cristina ocializa-ron a la juventud como un actor político, ya no co-mo acompañante sino como protagonista. Un añodespués, ya fallecido el ex Presidente, Larroque di- jo: “Tenía razón Néstor Kirchner cuando dijo que elacto del Luna Park era un punto de inexión para la juventud porque iba a dejar atrás viejas antinomias”,y entonces los convocó arecorrer el país por la re-elección de Cristina Kir-chner. Pero ese arranquede unión fraternal enépocas proselitistas se-guido por el desigual re-parto de puestos públicoshacen ver a algunos máspragmatismo que convi-vencia. Así lo expresó Jo-sé Pablo Feinmann: “Loque me preocupa de LaCámpora –dijo– es quehay un exceso de prag-matismo y una carenciade ideas” (7).Como “hijos de los 70”,los integrantes de La Cámpora juegan permanen-temente con frases y ecos de la época, como “dar lavida por Cristina”. Aun con esa retórica, está claroque para esta generación es sólo eso: retórica. “Sise hace referencia a los 70, acá nadie va a
dar la vida
 por Cristina. Y está muy bien que así sea porque laviolencia ha sido desterrada del menú de opcionesde la política argentina. Hay una valoración de lavida que las juventudes políticas anteriores no te-nían”, dice Nicolás Tereschuk, politólogo y editordel sitio de análisis Artepolítica.Esto no quita, claro, que varios de los padres dequienes hoy son referentes de La Cámpora sí hayandado la vida por un ideal político, como los de JuanCabandié y Wado de Pedro, quienes se acercaron a lamilitancia a través de la reconstrucción de sus histo-rias como hijos de desaparecidos. La historia de Ca-bandié es la más conocida: nacido en la ESMA, es elnieto recuperado 77º y hoy es diputado de la Ciudadde Buenos Aires. De Pedro, hoy diputado nacional,tiene una historia similar: sus padres fueron asesi-nados en 1977 y él permaneció secuestrado algunosmeses, cuando tenía dos años, hasta que su familialo recuperó. Militó en HIJOS en los 90 y después enDerecho en la UBA, en la agrupación NBI (Necesida-des Básicas Insatisfechas), donde conoció a Maria-no Recalde y a Santiago Álvarez. En el 2001 conocióal “Cuervo” Larroque, que en ese momento estaba alfrente de la agrupación Juventud Presente y anteshabía militado en villas y en el Centro de Estudian-tes del Colegio Nacional Buenos Aires. Luego se unióJosé Ottavis, que provenía del duhaldismo. Ya habíacomenzado el kirchnerismo. Entre 2004 y 2006, losprimeros integrantes de La Cámpora se fueron su-mando a las distintas estructuras estatales y reunién-dose en Compromiso K, una agrupación apadrinadapor Carlos Zannini. Fue la “proto-Cámpora”.
Ocupar el Estado
 Ya desde sus inicios, La Cámpora dejaba en cla-ro que la militancia y el trabajo en el Estado erancompatibles. En verdad, las dos actividades siem-pre habían estado muy unidas, pero tras el despres-tigio estatal de los 90 y el descrédito profundo de ladirigencia en el 2001, parecía valorarse un tipo defuncionario “técnico”, alejado de la política. Pero la juventud camporista venía con otra idea. “En la ju-ventud kirchnerista está la idea de ‘romper’ con laherencia de los 90 y ‘reparar’ las consecuencias del2001. Esta generación deja de ver al Estado con ab-soluta desconanza para verlo como el lugar desdeel cual se producen los cambios”, dice Tereschuk.Así me lo conrma, a la salida del trabajo, de ca-
Desde sus inicios,La Cámporadejaba en claroque la militanciay el trabajo enel Estado erancompatibles.
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