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Monolitos Meshíhkas, Profecías Universales

Monolitos Meshíhkas, Profecías Universales

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Monolitos Meshíhkas, Profecías Universales
Tepantzin Tlacaztalli (gran muro de piedra pequeña - indio blanco)

"Dios propone como parábola una ciudad, segura y tranquila,
que recibía abundante sustento de todas partes.
Y no agradeció las gracias de Dios.
Dios, en castigo por su conducta,
le dio a gustar la vestidura del hambre y del temor." (S.C. 16:112)

Si un investigador se encuentra con la civilización náhuatl de Tenochtítlan, el asombro será su constante. Descubrirá que superó casi en cualquier campo a las otras comunidades humanas que fueron sus contemporáneas, no sólo en las ciencias, también en sus tecnologías derivadas como la ingeniería, y a tal grado, que es la hora en la que ésta Ciudad de México, erigida sobre su antecesora, no consigue imitar sus éxitos hidráulicos por donde se le mire, sin entrar en vergonzosos detalles. En la medicina inclusive, tanto preventiva (medicina superior), como en las terapias de diversa índole para curar todos los padecimientos de este continente en esa Era (medicina inferior), lo cual necesita subrayarse y meditarlo. En la organización social y en la ética aventajábamos a los colonialistas hasta resultarles inalcanzables e incomprensibles. En fin, en prácticamente cualquier área en donde los humanos podemos desarrollar los dones que nos legó nuestro formador, nosotros descollábamos por varias cabezas al que se comparara con nuestros logros. La religión no podía quedarse atrás, y de ella se preserva una heredad cuya trascendencia va más allá de las fronteras y tiempos de ese imperio destinado a esperar centurias para volver a florecer.
Todas las culturas indias son y han sido culturas proféticas, y uso el término "indianidad" con absoluta propiedad, pues si bien comenzó como equívoco y continuó como insulto, ahora es asumido como designativo por los consejos indios. En la nación que se investigue se encontrará el rastro claro de la guía. ¿De cuál guía? es menester preguntar. ¿De aquella que un libro de la extinta materia de civismo explaya?, ¿la que un filósofo occidental, o intelectual, o maestro del mismo cuño dictan en sus charlas? No, de esta guía no hay traza alguna en la herencia ineludible de los indios americanos. Ni siquiera podemos encontrarle el sello del ego a las artes de variados medios que hallaron su más alta expresión en los lares amerindios, pues esas firmas de derecho autoral, invariablemente guían hacia el tallador, el pintor, el escribano, no a aquello que nuestras inmortales obras orientan.
En los innumerables restos físicos o intangibles de nuestra religión están las señales de la guía de Dios dada en custodia a sus mensajeros. Su lengua común habla un abecedario ajeno al que escribo en estos momentos, pero expresa un discurso que trasciende los idiomas, pues a cada uno puede trasladar sus contenidos sin pérdidas cuando se traducen sus símbolos, o mejor dicho, cuando sus mensajes y profecías son interpretados.
En este texto quiero abordar principalmente los monolitos proféticos, pues en ellos se observan fácilmente las intenciones y principales mensajerías de sus hacedores. De hecho, en ese evidente deseo de conservación que se induce por la calidad perdurable del medio elegido para entregar los discursos, en este caso piedras, se ve destacada la suprema importancia para sus redactores de esas cartas que hasta ahora los destinatarios recibimos y comenzamos a comprender. Es más sencillo prender fuego a un códice, que excavar aleatoriamente tratando de encontrar el código petreo oculto para destruirlo, e incluso encontrándolo, sigue siendo todo un reto convertirlo en polvo.
¿Por qué razones los talladores crearon obras que mayoritariamente terminaron ocultas bajo capas y capas protectoras de diversos materiales, e incluso quedando también escondidas bajo nuevas construcciones superpuestas al edificio original que las cobijaba? Un motivo se ha comentado recién, y es el de otorgar protección a esas tallas a través del tiempo y las gentes. Sin emb

Monolitos Meshíhkas, Profecías Universales
Tepantzin Tlacaztalli (gran muro de piedra pequeña - indio blanco)

"Dios propone como parábola una ciudad, segura y tranquila,
que recibía abundante sustento de todas partes.
Y no agradeció las gracias de Dios.
Dios, en castigo por su conducta,
le dio a gustar la vestidura del hambre y del temor." (S.C. 16:112)

Si un investigador se encuentra con la civilización náhuatl de Tenochtítlan, el asombro será su constante. Descubrirá que superó casi en cualquier campo a las otras comunidades humanas que fueron sus contemporáneas, no sólo en las ciencias, también en sus tecnologías derivadas como la ingeniería, y a tal grado, que es la hora en la que ésta Ciudad de México, erigida sobre su antecesora, no consigue imitar sus éxitos hidráulicos por donde se le mire, sin entrar en vergonzosos detalles. En la medicina inclusive, tanto preventiva (medicina superior), como en las terapias de diversa índole para curar todos los padecimientos de este continente en esa Era (medicina inferior), lo cual necesita subrayarse y meditarlo. En la organización social y en la ética aventajábamos a los colonialistas hasta resultarles inalcanzables e incomprensibles. En fin, en prácticamente cualquier área en donde los humanos podemos desarrollar los dones que nos legó nuestro formador, nosotros descollábamos por varias cabezas al que se comparara con nuestros logros. La religión no podía quedarse atrás, y de ella se preserva una heredad cuya trascendencia va más allá de las fronteras y tiempos de ese imperio destinado a esperar centurias para volver a florecer.
Todas las culturas indias son y han sido culturas proféticas, y uso el término "indianidad" con absoluta propiedad, pues si bien comenzó como equívoco y continuó como insulto, ahora es asumido como designativo por los consejos indios. En la nación que se investigue se encontrará el rastro claro de la guía. ¿De cuál guía? es menester preguntar. ¿De aquella que un libro de la extinta materia de civismo explaya?, ¿la que un filósofo occidental, o intelectual, o maestro del mismo cuño dictan en sus charlas? No, de esta guía no hay traza alguna en la herencia ineludible de los indios americanos. Ni siquiera podemos encontrarle el sello del ego a las artes de variados medios que hallaron su más alta expresión en los lares amerindios, pues esas firmas de derecho autoral, invariablemente guían hacia el tallador, el pintor, el escribano, no a aquello que nuestras inmortales obras orientan.
En los innumerables restos físicos o intangibles de nuestra religión están las señales de la guía de Dios dada en custodia a sus mensajeros. Su lengua común habla un abecedario ajeno al que escribo en estos momentos, pero expresa un discurso que trasciende los idiomas, pues a cada uno puede trasladar sus contenidos sin pérdidas cuando se traducen sus símbolos, o mejor dicho, cuando sus mensajes y profecías son interpretados.
En este texto quiero abordar principalmente los monolitos proféticos, pues en ellos se observan fácilmente las intenciones y principales mensajerías de sus hacedores. De hecho, en ese evidente deseo de conservación que se induce por la calidad perdurable del medio elegido para entregar los discursos, en este caso piedras, se ve destacada la suprema importancia para sus redactores de esas cartas que hasta ahora los destinatarios recibimos y comenzamos a comprender. Es más sencillo prender fuego a un códice, que excavar aleatoriamente tratando de encontrar el código petreo oculto para destruirlo, e incluso encontrándolo, sigue siendo todo un reto convertirlo en polvo.
¿Por qué razones los talladores crearon obras que mayoritariamente terminaron ocultas bajo capas y capas protectoras de diversos materiales, e incluso quedando también escondidas bajo nuevas construcciones superpuestas al edificio original que las cobijaba? Un motivo se ha comentado recién, y es el de otorgar protección a esas tallas a través del tiempo y las gentes. Sin emb

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M
ONOLITOS
M
ESHÍHKAS
, P
ROFECÍAS
U
NIVERSALES
Tepantzin Tlacaztalli (gran muro de piedra pequeña - indio blanco)
"Dios propone como parábola una ciudad, segura y tranquila,que recibía abundante sustento de todas partes.Y no agradeció las gracias de Dios.Dios, en castigo por su conducta,le dio a gustar la vestidura del hambre y del temor." (S.C. 16:112)
Si un investigador se encuentra con la civilización náhuatl de Tenochtítlan, el asombro será su constante.Descubrirá que superó casi en cualquier campo a las otras comunidades humanas que fueron sus contemporáneas,no sólo en las ciencias, también en sus tecnologías derivadas como la ingeniería, y a tal grado, que es la hora en laque ésta Ciudad de México, erigida sobre su antecesora, no consigue imitar sus éxitos hidráulicos por donde se lemire, sin entrar en vergonzosos detalles. En la medicina inclusive, tanto preventiva (medicina superior), como enlas terapias de diversa índole para curar todos los padecimientos de este continente en esa Era (medicina inferior),lo cual necesita subrayarse y meditarlo. En la organización social y en la ética aventajábamos a los colonialistashasta resultarles inalcanzables e incomprensibles. En fin, en prácticamente cualquier área en donde los humanos podemos desarrollar los dones que nos legó nuestro formador, nosotros descollábamos por varias cabezas al que secomparara con nuestros logros. La religión no podía quedarse atrás, y de ella se preserva una heredad cuyatrascendencia va más allá de las fronteras y tiempos de ese imperio destinado a esperar centurias para volver aflorecer.Todas las culturas indias son y han sido culturas proféticas, y uso el término "indianidad" con absoluta propiedad, pues si bien comenzó como equívoco y continuó como insulto, ahora es asumido como designativo por los consejos indios. En la nación que se investigue se encontrará el rastro claro de la guía. ¿De cuál guía? esmenester preguntar. ¿De aquella que un libro de la extinta materia de civismo explaya?, ¿la que un filósofooccidental, o intelectual, o maestro del mismo cuño dictan en sus charlas? No, de esta guía no hay traza alguna enla herencia ineludible de los indios americanos. Ni siquiera podemos encontrarle el sello del ego a las artes devariados medios que hallaron su más alta expresión en los lares amerindios, pues esas firmas de derecho autoral,invariablemente guían hacia el tallador, el pintor, el escribano, no a aquello que nuestras inmortales obras orientan.En los innumerables restos físicos o intangibles de nuestra religión están las señales de la guía de Dios dadaen custodia a sus mensajeros. Su lengua común habla un abecedario ajeno al que escribo en estos momentos, peroexpresa un discurso que trasciende los idiomas, pues a cada uno puede trasladar sus contenidos sin pérdidas cuandose traducen sus símbolos, o mejor dicho, cuando sus mensajes y profecías son interpretados.En este texto quiero abordar principalmente los monolitos proféticos, pues en ellos se observan fácilmentelas intenciones y principales mensajerías de sus hacedores. De hecho, en ese evidente deseo de conservación que seinduce por la calidad perdurable del medio elegido para entregar los discursos, en este caso piedras, se ve destacadala suprema importancia para sus redactores de esas cartas que hasta ahora los destinatarios recibimos ycomenzamos a comprender. Es más sencillo prender fuego a un códice, que excavar aleatoriamente tratando deencontrar el código petreo oculto para destruirlo, e incluso encontrándolo, sigue siendo todo un reto convertirlo en polvo.¿Por qué razones los talladores crearon obras que mayoritariamente terminaron ocultas bajo capas y capas protectoras de diversos materiales, e incluso quedando también escondidas bajo nuevas construccionessuperpuestas al edificio original que las cobijaba? Un motivo se ha comentado recién, y es el de otorgar proteccióna esas tallas a través del tiempo y las gentes. Sin embargo, no ha quedado claro para algunos que se enterraran esasingentes esculturas casi recién se terminaban de hacer. Un artista estaría escandalizado si le compraran susmármoles para enterrarlos al poco tiempo, valga este ejemplo.Otra razón explicando el velamiento que poco se ha considerado es la visión que un profeta náhuatl

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