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02_clastres_constructores de otredad

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10/10/2012

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Entre silencio y diálogo
1
Pierre Clastres 
L
ossalvajes,comosesabe,desaparecendesdequeenelsiglo XVI el Occidente triunfante ha lanzado su téc-nica, su moral y su fe a la conquista de los Trópicos. Lasculturas “primitivas”, tal vez demasiado frágiles, y desar-madas en un combate tan desigual, se apagan una trasotra; y, así desposeídos de sí mismos, esos hombres dife-rentes que devuelven al primer silencio selvas y sabanas enadelante desiertas, se ven condenados a la extinción y lamuerte, pues pierden el gusto por la vida.Un balance tan trágico y la conjunción permanenteentre la expansión de la civilización europea y el aniquila-miento de las culturas primitivas obligan a preguntarse sino se trata de algo muy distinto de un accidente sistemá-tico.Enefecto,saldelasmatanzasydelasepidemias,más allá de este singular salvajismo que el Occidentetransporta consigo, parecería existir, inmanente a nuestracivilizaciónyconstituyendola“tristemitaddesombraenla cual se alimentasu luz, la notable intoleranciade la civi-lización occidental ante las civilizaciones diferentes, su in-capacidad para reconocer y aceptar al Otro como tal, sunegativa a dejar subsistir aquello que no es idéntico a ella.Losencuentrosconelhombreprimitivosehanproducidocasi siemprecon el estilode laviolencia, groserao sutil. O,con otras palabras, descubrimos en el espíritu mismo denuestra civilización, y a lo largo de su historia, la vecindaddelaviolenciaylaran,entantolasegundanolograesta-blecer su exigente reinado si no es mediante la primera. LaRazón occidental remite a la violencia como su condicióny su medio, pues lo que no es ella se encuentra en “estadode pecado” y cae entonces en el terreno insoportable de lairracionalidad. Y es de acuerdo con este doble rostro deOccidente, su rostro completo, que debe articularse elproblema de su relación con las culturas primitivas: laefectivaviolenciadeque éstasson víctimasno es extrañaalhumanismo, no es sino el signo visible de una proximidadmás lejana con la razón; y esta dualidad no define menosnuestra civilización por el hecho de hallarse enmascarada.Todo ocurre, pues, como si nuestra cultura no pudieramanifestarsesinoescontraloqueellacalificadeirraciona-lidad.Lo que nuestra historia atestigua, desde el Renaci-miento, es que esta intención de repulsa pudo cumplirseenladoblecircunstanciafavorabledelaexpansiónpolíticay del proselitismo cristiano. Con todo, es preciso señalarque aquélla estaba ya presente en la aurora griega denuestra civilización, puesto que entonces los hombres sedividían en civilizados y bárbaros, la violencia no se mani-festabaaún sino en ellenguaje.¿Y cómonorecordarahoraese otro reparto entre razón e irracionalidad del que noshabla Michael Foucault? Pues una curiosa analogía dibujala forma de un destino común a la Locura y al Salvajismo,identificados negativamente por la doble división en lacualelaniquilamientodelasculturasprimitivashaceecoala“granreclusn delospobres”.Nosedesearesucitar,sinduda, la antigua trinidad en que el salvaje y el loco, juntocon el niño, mantenían para Occidente la misma relacióncon el adulto civilizado. Trátase sólo de que tanto el alie-nado como el salvaje se hallan vinculados de manera idén-tica con la razón, para la cual son esencialmente extraños,peligrosos y por ende objetos de exclusión o de destruc-ción.DementeenEuropaosalvajeenAmérica,unoyotrosevenpromovidosapesarsuyoaesteparentesconacidodelanegativadeOccidenteamezclarseconesoslenguajesex-tros.Yquizáseaennombredeesemitocaractesticodenuestrasmanerasdepensar–elsalvajeyellococomofron-teras de la razón– que a veces se deba asistir a encuentrossorprendentes: Artaud entre los tarahumaras.Sería injusto, no obstante, desatender las voces que seelevan en defensa de los salvajes: de Montaigne y Léry aDiderot y Rousseau, no se dejó de recordar que la verda-dera barbarie no siempre era la que se creía y que a me-nudo las instituciones y costumbres de esos pueblos le- janos estaban inspiradas por una gran sabiduría. El salvajese convirtió pues rápidamenteen el “buen salvaje”.Existía
14
Introducción
1
En: Pingaud, B. y otros,
Lévi-Strauss: estructuralismo y dialéctica.
Editorial Paidós. Buenos Aires, 1968.

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