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Construccion Historica White

Construccion Historica White

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Published by: Emilio Rodríguez Herrera on Jun 18, 2012
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06/18/2012

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Construcción histórica*
 Hyden White(Traducción de Margarita Costa)¿Cómo se construyen los pasados históricos? Que los pasados históricos debenser construidos parece evidente. En verdad, los historiadores hablan de su tareacomo reconstrucción más bien que como construcción. Para los historiadores elpasado pre-existe a cualquier representación de él, aun si sólo se puede acceder a ese pasado a través de sus restos fragmentarios. Los historiadores hablan de sutarea como reconstrucción, a fin de distinguir su objeto de estudio de lasconstrucciones de los fabulistas, novelistas y poetas, quienes, aun cuando puedaninvocar el pasado histórico, se refieran a él y hagan enunciados sobre él, tienenlicencia para ignorar la evidencia disponible acerca del pasado real y para hacer con sus elementos lo que quiera que la imaginación y sus poderes de creatividadpoética deseen que haya acontecido.Los historiadores trabajan con los restos (ruinas y reliquias) de formas pasadas devida y su fin es restaurar y exhibir lo más exactamente posible las formasoriginales de vida, de las cuales estos restos, aun en estado de deterioro, sonseñales y manifestaciones. Pero como cualquiera que haya estudiado larestauración de artefactos artísticos, arquitectónicos o arqueológicos sabe, todareconstrucción — de una pintura, un edificio, una pared, un documento, unaherramienta o un arma — no sólo requiere una gran parte de la construcciónoriginal, sino también un grado considerable de destrucción del original. Volver aunir lo que Dios, el tiempo, el hombre o la naturaleza ha dañado es un asuntotécnico delicado, pero también una cuestión de ética profesional relacionada conel difícil problema de la responsabilidad de los vivos respecto de suspredecesores. Es por eso que los antiguos griegos y romanos creían que cualquier actividad de construcción de puentes, en rigor cualquier construcción que fuese,era una empresa sagrada, que debía acompañarse de sacrificios y ritospropiciatorios a los dioses, por pretender querer unir lo que el destino y los dioseshabían separado.Si el fin de la investigación histórica es la reconstrucción del pasado tal comorealmente fue o ha sido, debe tenderse un puente que cubra la brecha entre unpasado cualquiera y el presente desde el cual ha de emprenderse unainvestigación histórica. Esta actividad de construir puentes supone una noción(ontológica) de un presente que tenga continuidad con la parte del pasado queconstituye el objetivo de interés y esté a la vez desconectado de él. Que el objetivode interés existió alguna vez es atestiguado por la presencia actual de esosartefactos — documentos, monumentos, instrumentos, instituciones, prácticas,costumbres, etc..., que tienen el aspecto de "lo viejo" (lo que alguna vez fue joven), y de lo muerto (de alguna vez haber estado vivo) Así, pues, un objetivo de
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la investigación histórica (cualesquiera otros usos que puedan hacerse de susdescubrimientos) es ciertamente reconstructivo (cualesquiera otros usos quepuedan hacerse de su reconstrucción), pero sus reconstrucciones pueden lograrsesólo sobre la base de construcciones, tanto imaginativas o poéticas comoracionales y científicas. Entre esas construcciones está ese "presente" que debeservir como suelo seguro desde el cual pueda proyectarse un puente hacia unpasado incompletamente trazado, habitado por fantasmas y marcado por tumbas.La investigación histórica, por tanto, requiere una doble construcción: de unpresente desde el cual emprender una indagación, y de un pasado que sirva comoposible objeto de investigación.* * *La historia (o más bien los estudios históricos) continúa siendo la menos científica— tanto en sus logros como en sus aspiraciones — de las ciencias humanas ysociales. Muy a menudo hay un movimiento para hacer más científicos losestudios históricos, ya sea proporcionándoles una base teórica, tal como elpositivismo o el materialismo dialéctico, o introduciendo en ella una metodologíaprocedente de una u otra de las "ciencias sociales". Pero estos esfuerzos rara veztienen éxito, en gran parte por la manera en que es definido el objeto principal delestudio histórico: el suceso.Los sucesos históricos se consideran temporal y espacialmente específicos,únicos e irrepetibles, no reproducibles en condiciones de laboratorio y sólomínimamente descriptibles mediante algoritmos y series estadísticas. Es por esoque los intentos de transformar la historia en una ciencia toman típicamente laforma de intentos de redefinir el suceso, o eliminarlo absolutamente como objetopropio de estudio científico (Cf. Braudel). Sin embargo (o posiblemente por ello) lahistoria continúa gozando de un status fundacional en comparación con las otrasciencias humanas y sociales. Como Foucault ha señalado en Les mots et leschoses, desde mediados del siglo diecinueve la historia ha ocupado un lugar a lavez íntimamente relacionado, pero sólo contiguo, a las otras ciencias humanas(más bien que integrado con ellas). La historia sirve a la vez como base y comoanti-tipo de las otras ciencias sociales, en virtud de su continuado compromiso conun método idiográfico (analógico) para la descripción de eventos singulares y suconvicción de que el establecimiento de una relación de sucesividad temporalentre eventos, proporciona una explicación de ellos. Esta forma de construir eventos por descripción, o bien por representación (miméticamente, por ejemplo)es básica para cualquier ciencia humana o social, comprometida con el empirismocomo un medio de constituir sucesos como posibles objetos de estudio científico.Pero como Lévi-Strauss acostumbraba decir, un procedimiento empírico quetiende a establecer una relación de sucesividad (o como la llama Eduard Said:consecución) no constituye un método ni aun una teoría. Es más bien un paso
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preliminar en el procesamiento de los datos, como preparación para su tratamientocon un método propiamente científico: una disposición de los sucesos en su ordende acaecimiento cronológico. Tal disposición proporciona sólo una taxonomíaprimitiva (la del calendario) de los eventos así ordenados, pero ninguna forma deexplicación científica de por qué ocurrieron del modo en que lo hicieron (excepto elprincipio de sentido común de post hoc ergo propter hoc ). Por tanto, Lévi-Straussllegó a la conclusión de que una explicación meramente histórica de fenómenossociales o humanos, puede cuanto más proporcionar información más o menos útilpara disciplinas científicas específicas, pero no puede por sí misma proporcionar absolutamente ninguna comprensión (excepto de sentido común) de estosfenómenos.Esta crítica del status científico de los estudios históricos tenía en cuenta lacreencia tradicional de los historiadores de que la historia explica eventosnarrativizándolos. Por cierto, la revolución estructuralista de la historia (de ladécada del ’50 a la del ’70) buscaba reemplazar eventos por estructuras comoobjeto apropiado de estudio, y denunciaba específicamente el modo narrativo derepresentar los fenómenos históricos, como el signo principal del estado pre-científico de la historia. Roland Barthes, hablando a favor de un enfoqueestructuralista del análisis histórico, insistía en que se podía reconocer,simplemente por su forma narrativa, sin ninguna consideración de sus contenidos,que la historia tradicional era todavía "mítica" en su modo de comprensión. Y enuna famosa inversión del que fuera una vez el dictum canónico de Croce acercade la relación entre la historia y la narrativa, Fernand Braudel sostenía que dondehabía narrativa no podía haber historia — al menos de carácter científico.En el contexto de nuestra conferencia, me parece que es importante destacar queeste debate entre estructuralistas y narrativistas no se fundaba en la cuestión de si"el pasado" podía servir como objeto adecuado de un estudio científico(wissenschaftliche) sino más bien en la cuestión de cómo los datos (los registrosdocumentales, monumentales y geológicos) de ese pasado, estaban construidos:si como sucesos singulares o clases de sucesos; y cómo debían ser representados en un discurso: si como relatos (grands o petits récits) o comoestructuras. Ni era tampoco una cuestión de "constructivismo". El pasado era paralos estructuralistas una colección de procesos reales que podían ser fielmenterepresentados en la forma de correlaciones estadísticas, así como para losnarrativistas eran un conjunto de acciones reales de individuos y grupos, trabadosen luchas y conflictos que podían ser fielmente representados en la forma de lasclases de relatos que se encuentran en los mitos, la ficción y el drama.La tarea del investigador era descubrir estas estructuras o historias en los datos —documentos, monumentos o registros arqueológicos — y elegir y aplicar (más bienque construir) las formas de descripción más adaptadas a su representaciónverdadera (o inteligible) en un discurso escrito. Por cierto, algunos estructuralistascreían que los narrativistas inventaban sus historias y se las imponían a loshechos, y la mayor parte de los narrativistas creían que los estructuralistasimponían a los datos esquemas o modelos conceptuales que despojaban a los
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