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Producto Etnográfico Alexander Cardona Galeano

Producto Etnográfico Alexander Cardona Galeano

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Producto etnográfico realizado para el primer semestre de la maestría en Estudios socioespaciales de la UdeA, construido luego de una entrevista con dos adultos mayores de la vereda El Llano
Producto etnográfico realizado para el primer semestre de la maestría en Estudios socioespaciales de la UdeA, construido luego de una entrevista con dos adultos mayores de la vereda El Llano

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Domingo 20 de Noviembre de 2011.Vereda El Llano. Corregimiento de Santa Elena Medellín5: 45 p.m.
¨De regreso a mi casa, me acompañaba un sentimiento ambivalente, por un lado,estaba feliz de haber podido efectuar la entrevista, y de toda la información que 
ella me procuraba… ya mi mente hacía todo tipo de asociaciones y conjeturas; por 
otro lado me embargaba una profunda tristeza, que se había ido constituyendo a 
lo largo de la visita… esa sensación tenía que ver con el estado de indefensión
con el que percibí a los dos viejos. Pero no era porque sintiera que hoy estaban abandonados a su suerte, era porque sentía que eran abandonados, desterrados de otro tiempo, al cual ya no podían volver por más que lo desearan.Abandonados en su propio espacio pero en otro tiempo, en el cual, sus prácticas cotidianas, sus ideales de ¨progreso¨, sus vecinos y personas conocidas, se 
habían ido lentamente desvaneciendo… ahora están es sus espacios,
suspendidos, sin peso, sin la posibilidad que su existencia deje profundas huellas como las que dejaron atrás. Recordaba el título de un libro de arquitectura en mis tiempos de estudiante: ¿De qué tiempo es este lugar? Y lo relacionaba con su complemento ¿De qué lugar es este tiempo?¨ 
Posliminar: Fragmento de la Herramienta etnográficaconstruida por Alexander Cardona G.para la asignatura de Taller de Etnografía del EspacioMaestría en Estudios Socioespaciales
¿DE QUE TIEMPO ES ESTE LUGAR?¿DE QUE LUGAR ES ESTE TIEMPO?
Lunes 21 de Noviembre de 2011.Vereda El Llano. Corregimiento de Santa Elena Medellín4:30 a.m.Desperté en la mañana, ataviado con buso y chaqueta y doble par de medias; lanoche fue particularmente fría, eso me obligó a aprovisionarme de un gorro amedia noche, para taparme las orejas;
¨si tiene caliente las orejas, el resto del cuerpo estará caliente¨,
es el secreto de quienes viven en este clima frio y que mecontara una mujer en la buseta de subida al ¨morro¨, como le he empezado a decircariñosamente a esta montaña.Puse al fogón un agua de panela, para después prepararme un café instantáneo.Sobre el mesón de la cocina permanece desde hace ya varios días una bolsa decafé Kusny, que me trajera a regalar un amigo desde Pasto, producido por elpueblo indígena Inga, habitante de otro ¨morro¨, el Gran Macizo Colombiano,quienes seguramente a esta hora estarán también con sus orejas tapadas. Esabolsa de café me recuerda que no me gusta el café instantáneo, y que llevo varios
 
días subiendo la cafetera que tengo en casa de mi madre en Medellín. Cuando sevive en las alturas, subir las cosas causa más dificultad, y es producto de unamayor cantidad de olvidos, bajarlas resulta más sencilloRetiro la sábana que he improvisado por cortina en las noches
 –
otro olvido, subirunas cortinas más encubridoras para la noche-, realmente no hay mucho que verafuera, una densa capa de neblina lo cubre todo. Saldré a tomar el café más tarde.Enciendo mi portátil y mededico a revisar los e-mail,aprovecho para descargar losaudios de la entrevista de
ayer… y entonces
losrecuerdos empiezan a llegar ami mente. Después de efectuarla entrevista a mis vecinosoctogenarios, Doña Amparo yDon Arturo, el resto del día yano fue el mismo. De regreso ami casa, me quedé unosminutos en el corredor,mascullando lo ocurrido yviendo como la lluvia se llevabaatrapada entre sus gotas el resto de la tarde. Había tenido muchasconversaciones con viejos, pero no como esa. Cada gesto y cada palabra con losque habían conjurado el pasado a través de su memoria, seguía vivo en mi mente.La magia había funcionado, esa magia que como acto de alquimia transmutó losrelatos en imágenes, unas imágenes metidas en mi mente, que con certeza se, noeran las imágenes de sus propias mentes, pero que venían a la mía, suaves ycálidas, recubiertas con una pátina de tiempo, que me hacían sentir y hasta viviresas historias de su vida en el pasado. Pensé por un momento que también allí,debía haber otros conjuros, los conjuros de la etnografía y su pócima de¨extrañamiento¨, la cual empezaba a ver como el mejor de los alucinógenos, paraque saltaran ante los ojos, hiper texturizados, coloridos y sinestésicos, fragmentosde una realidad vista todos los días. O toda esta vívida sensación sería efecto deldesdoblamiento al que me había auto sometido, durante mi entrevista con ellos;poner fuera de mí, a otro yo gendarme, so pretexto de supervisar las palabras, lossentidos y las preguntas, de vigilar mi excesivo entusiasmo, para que noconfundiera aquella conversación con cualquier charla in
formal… ¡extrañamiento y
desdoblamiento!, ¡algo tiene que hacer eso en la mente de un simple mortal!Oteo nuevamente por la ventana y veo el paisaje difuso que me es todo un deleite;la niebla en retirada y como si pintara, bosqueja lentamente los rasgos de lageografía que rodea mi casa. Decido tomarme el café fuera.El sector de Los Ríos va emergiendo lentamente ante mis ojos; ahora creoentender realmente, porque lleva ese nombre. Es en este lugar, en donde
 
aproximadamente desde la década del 10, del siglo XX, la familia Ríos no hacesado de amasar, moldear y transformar este
¨medio mundo de tierras¨ 
, como lodiría Don Arturo. El suelo que ven mis ojos, con sus montículos, oquedades yaplanamientos no son sólo expresión de una conformación fisiográfica, se hanconfigurado mediante un constante modelamiento, producto de prácticas agrariasque utilizando palas, azadones, rastrillos y machetes no han cesado de domesticarun medio ¨hostil¨ para sus vidas, los bosques nativos.Los padres de Doña Amparo y Don Nicolás, llegaron al paraje del Llano a ¨romperesas tierras a la brava¨, porque una vez estaba
¨el pedazo despejado sembraban papa, maíz, victoria, habas, frijoles¨.
La economía extractiva del bosque estabaseguida y/o alternada por la instauración de una mediana economía agrícola. Estalógica económica que algunos enfoques han hecho parecer como lineal, nodescribe un proceso de apropiación del lugar, por el contrario, propone unaeconomía que iría de unas prácticas extractivas ¨bárbaras¨ a otras agrícolas¨civilizadas¨. En el paraje de la familia Ríos y quizás en muchos otros más, a unaetapa indiscriminada de ¨saqueo de los recursos del bosque¨ cómo lo dirían lasagendas ambientales, no le sigue otra más racional, amigable y ¨tradicional¨ deproducción agrícola. No se tumbó el monte bajo la lógica del simple réditoeconómico, se sometió la naturaleza porque se vivía la vida. Tumbar monte eraademás comer, vestirse, relacionarse, construir la casa, hacer la fiesta y comerciaren Medellín, mientras que paralelamente y mediante el despeje del bosque, seiban habilitando espacios aptos para el cultivo, asegurando el autoabastecimientoalimentario y una economía menos finita.Aún quedan algunas de esas huellas en el paisaje, árboles solitarios de gruesostroncos, ondean sus ramas entre campos de cultivo de papa, tomate y¨cartuchales¨; otros, a la vera del camino que conduce al parque, son parasitadosy recubiertos por la invasiva enredadera ¨ojo de poeta¨, la cual homogenizalentamente el paisaje. Algunos tantos, hacen calle de honor al paso de laquebrada San Pedro, sirviendo de corredor de movilidad a la avifauna, queaunque poca, encuentra protección y alimento en su penumbra.

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