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Kathleen Woodiwiss - Shanna

Kathleen Woodiwiss - Shanna

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1
 
LIBRO ESCANEADO PARA EL GRUPODEJUDE DEVERAUXYKATHLEEN WOODIWISS
ESCANEADO POR:
ANNE SHIRLEY (vgmm@euskalnet.net)
CORREGIDO POR:
TITULO EN INGLES:
SHANNA
 ESTAMOS EN EL SIGLO XVIII 
.Shanna, mujer joven, aristócrata y hermosa, se enamora del audaz e intrépido Ruark, unhombre que desea poseerla totalmente para vengarse de antiguos fantasmas. Shanna sele entrega con toda la candidez de su espíritu y, a la vez, con toda la sensualidad de uncorazón ardiente.Su matrimonio tendrá que pasar por duras pruebas y vencer numerosos obstáculos — entre ellos, el que opone el padre de Shanna— como medio para conquistar su felicidad  y el amor eterno, que no obstante llegará a ser traicionado. La historia es apasionante, no sólo por el desbordamiento de emociones sino por el marco en que se desarrolla: las exuberantes plantaciones del Caribe, los maresinfectados de piratas y la colonia inglesa de Virginia. De estilo romántico, la novela está escrita con prosa moderna y ágil, que obliga a leerlade un tirón.Sus tormentosas aventuras, su ritmo ágil y bien sostenido podría perfectamente ser llevado a la gran pantalla.
2
 
KATHEENWOODIWISS
CAPITULO PRIMERO
Medianoche, 18 de noviembre de 1749LondresLa noche ceñía a la ciudad con una oscuridad fría y brumosa. Pesaba en el aire la amenaza del invierno.Un humo acre irritaba las fosas nasales y la garganta porque en todos los hogares los fuegos eranalimentados y atizados para combatir el frío, traído por el mar, que penetraba hasta los huesos. Nubes bajas dejaban caer finas gotas de humedad que se mezclaban con el hollín arrojado por las incontableschimeneas de Londres ames de depositarse en una delgada película sobre todas las superficies.La inhospitalaria lobreguez ocultaba el paso de un carruaje que rodaba por las calles estrechas como sihuyera de un terrible desastre. El vehículo se sacudía y equilibraba precariamente sobre el empedrado ysus ruedas lanzaban a los lados cataratas de agua y lodo. En la calma que seguía al paso del coche, elsucio líquido volvía a acumularse lentamente en charcos como espejos negros, quebrados por la caída degomas o surcados por nítidas ondulaciones paralelas. El cochero, ominosa mente corpulento, embozadoen su capote, tiraba de las riendas y profería juramentos contra los dos caballos rucios, pero su voz se perdía entre el pesado golpear de los cascos y el ruido de las ruedas sobre las piedras desiguales. Elestrépito retumbaba en la noche con mil ecos que parecían venir de todas partes. La forma oscura delcarruaje cruzaba raudamente los sectores débilmente iluminados por las linternas de las fachadas barrocasfrente a las que pasaba. Desde lo alto, gárgolas agazapadas en los aleros hacían muecas sardónicas ysoltaban una baba de hilos de lluvia por sus bocas de granito, como si tuvieran hambre de la presa que pasaba debajo de sus nidos de piedra.Shanna Trahern se afirmó contra los mullidos cojines de terciopelo rojo del carruaje, buscando un pocode seguridad contra la alocada velocidad. Poco le preocupaban las tinieblas más allá de las cortinillas decuero o, en realidad, cualquier otra cosa que no fueran sus propios pensamientos. Iba sola, silenciosa. Surostro estaba desprovisto de expresión, aunque de tanto en tanto la linterna del carruaje iluminaba elinterior y revelaba el fulgor vidrioso de sus ojos de color azul verdoso. Ningún hombre que ahora losmirara habría encontrado en esos ojos una traza de calidez para animado o un indicio de ternura paraconfortar a su corazón. La cara, tan arrebatadoramente joven y hermosa era indiferente. Sin, el habitual público de ansiosos admiradores no había necesidad de presentar una imagen encantadora o graciosa,aunque, por cierto, era raro que Shanna Trahern se empeñase en ello más allá de lo que duraba uncapricho momentáneo. Si estaba de humor podía subyugar a cualquiera, pero ahora su mirada mostrabauna severa determinación que habría arredrado hasta el espíritu más heroico.Suspiró y una vez más analizó sus razonamientos en busca de una falla. Ni su belleza, ni las riquezas desu padre la habían ayudado. Tres años en los mejores colegios de Europa y Gran Bretaña la habíanaburrido hasta el hartazgo. Los así llamados colegios para damas se ocupaban más de modales cortesanos,modas y las diversas y tediosas formas de labores de aguja que de las técnicas de escritura o de hacer números. Allí se había visto perseguida por su hermosura y expuesta ala doblez de jóvenes libertinos que buscaban extender sus reputaciones a expensas de ellas. Muchos sintieron el aguijón del desdén de ella yen seguida, descorazonados, se alejaron malhumorados. Cuando se supo que ella era la hija de OrlanTrahern, uno de los hombres s ricos que jamás frecuentara el mercado, todos esos jóvenes ensituaciones apuradas vinieron a buscar su mano. A estos petimetres ella no pudo Soportados más que alresto y desbarató cruelmente sus sueños con palabras dolorosas como la hoja de una daga.Su decepción con los hombres motivó el ultimátum de su padre. Empezó muy simplemente.
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