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Patricia D. Cornwell - La Granja de Cuerpos

Patricia D. Cornwell - La Granja de Cuerpos

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policiaco
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Published by: Pili Cabistany Esteban on Jun 21, 2012
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12/27/2012

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La Granja de Cuerpos
Patricia D. Cornwell
 
  Al senador Orrin Hatch, de UTAPor su lucha incansable contra la delincuencia
Los que a la mar se hicieron en sus naves,Llevando su negocio por las aguas inmensas,Vieron las obras de Yahveh,Sus maravillas en el piélago.Salmo 107 : 23-24
 
 1
El 16 de octubre, mientras el sol asomaba sobre el manto de la noche, unos ciervos tímidos seacercaron con cautela a las lindes de la oscura arboleda que se extendía ante mi ventana. Encimay debajo de mí, las cañerías gimieron y, una a una, las demás habitaciones se iluminaron al tiempoque los secos estampidos de unas armas que no alcanzaba a ver acribillaban el amanecer. Mehabía acostado y me levantaba con el sonido de disparos.Es un ruido que no cesa nunca en Quantico, Virginia, donde la Academia del FBI es una islarodeada de infantes de marina. Varios días al mes me quedaba a dormir en la planta de seguridadde la Academia, donde nadie podía llamarme sin mi consentimiento ni seguirme después de beber demasiada cerveza en la cafetería. A diferencia de los dormitorios espartanos que ocupaban los nuevos agentes y los policíasvisitantes, en mi habitación había televisor, cocina, teléfono y un cuarto de baño que no tenía quecompartir. No estaba permitido fumar ni tomar alcohol, pero sospecho que los espías y testigosprotegidos que normalmente eran recluidos allí obedecían las normas tanto como yo.Mientras el café se calentaba en el microondas, abrí el maletín para sacar un expediente que meestaba esperando a mi llegada, la noche anterior. No lo había examinado todavía porque eraincapaz de arroparme con una cosa como ésa, de llevarme a la cama algo así. En este aspecto, yohabía cambiado.Desde la Facultad de Medicina, me había acostumbrado a exponerme a cualquier trauma encualquier momento. Había hecho turnos de veinticuatro horas en Urgencias y había realizadoautopsias sola en el depósito hasta el amanecer. Dormir siempre había sido una breve escapada aun lugar oscuro y vacío del que muy rara vez guardaba recuerdo al despertar. Luego, con los años,poco a poco, se produjo cierto cambio a peor. Empecé a aborrecer el trabajo a altas horas de lamadrugada y me volví propensa a las pesadillas: imágenes terribles de mi vida aparecían en lamáquina tragaperras de mi inconsciente.Emily Steiner tenía once años y su naciente sexualidad era apenas un rubor en su cuerpo infantil

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