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Published by: Jairo Salazar Lanuza on Jun 21, 2012
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06/21/2012

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GAUDIUM ET SPES 48-52(Comentario)
n. 48. Santidad del matrimonio y la familia
Considero que este numeral ofrece las bases esenciales si se quiere resaltar y, más aún, promover la dignidad de la que están revestidas el matrimonio y la familia. Aquí se ofrecenluces eficaces para comprender, valorar y devolver a la realidad matrimonial y familiar ellugar fundamental que ocupa principalmente en el proyecto de salvación querido por Diosdesde siempre y, en consecuencia, en la vida social de la humanidad. Más aún, es urgente quese tomen en cuenta y se defiendan los fundamentos de la dignidad del matrimonio y de lafamilia en un mundo sumido en diversas crisis que tienen su origen en la crisis profunda queestá atravesando actualmente la persona humana, la cual, en términos generales ha alterado elorden armónico establecido por Dios para el bien del hombre.Sin duda alguna, la grandeza del matrimonio y de la familia reside en que Dios es suautor. Y si Dios es su fundador, ello apunta a la realización plena del ser humano. En otras palabras, la institución divina del matrimonio y de la familia se enfoca a la santificación detodos y cada uno de sus miembros, quienes están llamados a desempeñar su propio papel enel seno familiar con responsabilidad. Lógicamente esto tiene un alcance eclesial y social muyimportante, pues tanto la Iglesia como la sociedad están conformadas por el conjunto defamilias; de ahí que la situación eclesial y social es reflejo de la situación familiar. Por tanto,con toda razón se afirma que la familia es la iglesia doméstica y también que es el núcleo dela sociedad.Así que no hay contradicción alguna entre el deseo del hombre y el querer de Dios conrelación a una experiencia matrimonial y familiar sana y estable, vivida desde el amor y lafidelidad mutua según el espíritu de Cristo bajo las virtudes de fe, esperanza y caridad. Por tanto, esto excluye absolutamente todo tipo de situación que ponga en riesgo o quebrante launidad indisoluble del matrimonio, garante de una vida familiar equilibrada. Así que no sedebe atentar de ninguna manera, esto es ni desde dentro ni desde fuera, contra algo tansagrado como es el matrimonio, imagen y participación de la alianza de amor de Cristo y dela Iglesia. Antes bien, es necesario propiciar una vida familiar plena y promover la ayudaespiritual mutua entre las diversas familias.
 
n. 49. El amor conyugal 
La indisolubilidad matrimonial y unidad familiar, humanamente hablando, tienen a la base el amor conyugal, el cual es como el cemento de unión que fortalece y garantiza unasana convivencia conyugal y familiar. Pero este amor no se trata de un acaparamiento egoístaque dañe al otro, sino que es un amor de donación plena con miras al bien no sólo de loscónyuges sino también de los hijos. Más concretamente se trata de un auténtico amor, el cualconjuga lo humano y lo divino y, para que esto sea posible, el Señor es el que sana, perfecciona y eleva dicho amor. Sólo así es que los esposos en su decisión de amarse, lohacen como un acto totalmente libre y mutuo, lo cual posibilita que se perfeccione y crezcaen el día a día.Este amor verdadero, elevado por el Señor de una dimensión humana a una divina, esel que hace posible y garantiza la fidelidad conyugal en cuanto que se opone a toda situaciónque amenace con destruir la unión indisoluble del matrimonio. Sólo este amor libre haceenfrentar y superar a los esposos todo tipo de adversidad que les sobrevenga. Es tanimportante que los hijos aprendan este amor auténtico dentro de su propia familia porqueluego también ellos harán su experiencia matrimonial y familiar y, así como han sidoeducados por ese amor de sus padres, también ellos orienten su amor conyugal al bien yeducación de sus hijos.
n. 50. Fecundidad del matrimonio
El contenido de este numeral, es de vital importancia para que los esposos reflexioneny encuentren su auténtico papel de cara a Dios. Pues en efecto, el amor conyugal, en cuantodonación libre, se abre a la procreación de los hijos. Y esto es muestra de que Dios hace partícipes a los esposos de su obra creadora.Por consiguiente, un auténtico amor conyugal, no puede jamás negarse a la procreaciónde los hijos, sino al contrario, está este amor orientado biológica y espiritualmente a la procreación y educación de los hijos. Tampoco hay que prescindir que el amor de los espososdebe madurar y progresar rectamente, de modo que sigue siendo el fundamento que sostiene

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