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Pascendi _ Pio x

Pascendi _ Pio x

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09/05/2012

 
Pascendi
 
PÍO PP. X
 
Venerables hermanos: Salud y bendición apostólica
 
INTRODUCCIÓN
 Los motivos de esta Encíclica
 
El primer deber que Cristo señaló a quien, como Nos, tiene confiadodesde lo alto el oficio de apacentar la grey del Señor, es custodiar con lamayor vigilancia el depósito de la santa fe que se nos ha entregado; y esto,tanto rechazando las novedades profanas de lenguaje como lascontradicciones de una mal llamada ciencia. y ciertamente que no hahabido época en la que no haya sido necesaria esta vigilancia del Pastor Supremo, pues nunca han faltado, por instigación del enemigo del génerohumano,
hombres que enseñan doctrinas perversas
 
charlatanes denovedades y seductores
,
metidos en el error y que arrastran hacia el error 
. Pero hay que reconocer que, en estos últimos tiempos, el númerode los enemigos de la cruz de Cristo ha aumentado enormemente; todosellos, con técnicas absolutamente nuevas y astuciosas, se esfuerzan por agostar las energías vitales de la Iglesia y hasta querrían destruir el reinode Cristo, si esto fuera posible. Por eso, no podemos permanecer callados por más tiempo, no vaya a ser que demos la impresi6n de estar faltando almás sacrosanto de nuestros deberes, y la comprensi6n que hasta ahorahemos tenido esperando ver una rectificaci6n, sea interpretada comoabandono de Nuestro oficio.
 No podemos callar 
 
El motivo principal, por el que no podemos dejar pasar más tiempo, esque ya no es necesario buscar a los fabricantes de errores entre losenemigos abiertos, sino que, con grande y angustioso dolor, los vemosintroducidos en el seno mismo de la Iglesia, y son por ello tanto más peligrosos cuanto que son más difíciles de descubrir. Nos referimos,Venerables Hermanos, a tantos seglares y, lo que es más lastimoso, atantos sacerdotes que, con un falso amor a la Iglesia, sin ningún sólidofundamento filosófico ni teológico, incluso impregnados de doctrinasenvenenadas, que inoculan hasta la médula de los huesos de la Iglesia, sealzan como reformadores, con una absoluta falta de humildad; comoejército compacto arremeten contra lo que de más santo hay en la obra deCristo, y ni siquiera: respetan la persona del Redentor divino: consacrílega osadía la reducen a la categoría de puro y simple hombre.A todos ellos los incluimos entre los enemigos aun cuando ellos mismosse asombren; pero -dejando aparte sus intenciones que sólo Dios puede juzgar- nadie que conozca sus doctrinas y su modo de hablar y de actuar 
 
 podrá extrañarse de lo que decimos. Y no exageraría quien los incluyeseentre los peores adversarios de la Iglesia. Pues, como hemos dicho, nodesde fuera, sino dentro mismo de la Iglesia llevan a cabo su perversaactividad; por eso, el peligro se encuentra metido en las venas y en lasentrañas de la Iglesia; con mucha mayor eficacia dañina, puesto queconocen tan íntimamente a la Iglesia. A todo esto se añade que no atacanlas ramas o los retoños, sino las raíces mismas: la fe y sus más profundasfibras. y una vez dañada esta raíz de inmortalidad, intentan propagar elvirus por todo el árbol, de tal manera, que no hay aspecto de la verdadcatólica en donde no pongan su mano y que no traten de corromper.Emplean tales tácticas para hacer daño, que no se encuentran otras másmalvadas ni más insidiosas: son una mezcla de racionalista y católico, tanhábilmente presentada, que con facilidad engañan a los incautos; y sonhasta tal punto osados, que no hay consecuencia que les detenga o que nomantengan con firme obstinación. Además, suelen llevar una vida llena deactividad, con gran dedicación al estudio, y unas costumbres intachablesque les atrae la estima de todos, lo cual es muy adecuado para engañarles.Pero lo que hace pensar que no tienen remedio es que tienen el espíritu tanabsorbido por sus doctrinas, que no admiten ninguna autoridad ni aceptanningún freno; y como obran con conciencia errónea, creen que es celo por la verdad lo que en realidad sólo es efectode la soberbia y de la obcecación. Habíamos esperado conseguir que algúndía estos hombres rectificaran su actitud, adoptando con ellos primero unaactitud indulgente, como con hijos Nuestros que son; después, siendo másseveros; por último, aun contra nuestros deseos, hemos tenido quereprenderles públicamente. Sabéis bien, Venerables Hermanos, que todoha sido inútil: se sometían un momento, para volver a levantar la cabezamás llenos de soberbia. Si se tratase sólo de ellos, quizá hasta podríamos pasar todo esto por alto, pero se trata del prestigio y de la tranquilidad dela religión católica. Por tanto, es preciso interrumpir un silencio, que seríacriminal prolongar, y arrancar la máscara de estos hombres, paramostrarlos ante la Iglesia entera tal y como son.Como los modernistas (este es el nombre que con razón se les da)utilizan la táctica insidiosa de no exponer sus doctrinas orgánicamenteestructuradas, sino desarticuladas, para que parezcan inconexas y pococoncretas, cuando en realidad son firmes y consistentes, lo primero quehay que hacer es presentar esas doctrinas en su conjunto, señalando loslazos que las unen, y a continuación determinar las causas de los errores eindicar 1os remedios adecuados para atajar el mal.
I.
 
L
A
D
OCTRINA
M
ODERNISTA 
Para proceder ordenadamente en materia tan compleja, hay que empezar advirtiendo que cada modernista es como la síntesis de varios personajes:el filósofo, el creyente, el teólogo, el historiador, el crítico, el apologista,el reformador; conviene ir distinguiendo uno por uno a todos estos personajes, si se quiere conocer bien su sistema y llegar hasta los
 
 principios de sus doctrinas y calibrar sus consecuencias.
1. E
L
M
ODERNISTA "FILÓSOFO"
 El agnosticismo 
Comenzando por el filósofo, los modernistas toman como punto de partida la doctrina filosófica llamada
agnosticismo.
Esta filosofía recluyea la razón humana en el ámbito de los
 fenómenos,
es decir, en laapariencia que presentan las cosas y en las formas de esa apariencia,afirmando que la razón no tiene ni derecho ni facultades para traspasar loslímites de esa apariencia. En consecuencia, es incapaz de elevarse hastaDios, ni puede conocer su existencia a través de las cosas que se ven. Deello resulta que Dios no puede ser de ningún modo objeto directo de laciencia, y que Dios no puede en absoluto ser sujeto histórico. Con estos presupuestos, cualquiera puede advertir qué es lo que queda de la
teologíanatural.
de los
motivos de credibilidad.
de la
revelación externa.
Todoesto queda barrido por los modernistas y lo reducen a un
intelectualismo
que, según ellos, mueve a risa y es un sistema muerto hace ya tiempo. Nisiquiera los detiene el hecho de que la Iglesia ya ha condenado con todaclaridad estos monstruosos errores. El Concilio Vaticano decretó:
Sialguien dijere que Dios uno y verdadero, Creador y Señor nuestro, no puede ser conocido con certeza por la luz de la razón natural del hombre,a través de las cosas creadas, sea anatema
; igualmente:
Si alguiendijere que no es posible o que no es conveniente que el hombre, mediantela revelación divina. sea instruido acerca de Dios y del culto que se ledebe. sea anatema
; y además:
Si alguien dijere que la revelación divinano puede llevarse a cabo por medio de signos externos y que, por consiguiente los hombres sólo se deben mover hacia la fe por unaexperiencia interna individual o por una inspiración privada, seaanatema
. Nadie podría saber en virtud de qué razonamiento losmodernistas pasan del
agnosticismo,
que no es más que ignorancia, al
ateísmo
científico e histórico, que es una pura negación, y, enconsecuencia, por medio de qué raciocinio, desde ignorar si Dios haintervenido o no en la historia del género humano van a parar en unaexplicación de esa historia al margen de Dios, como si realmente Dios nohubiera intervenido. Los modernistas dan por sentado que la ciencia y lahistoria deben ser ateas; en el ámbito de una y otra sólo hay lugar para
 fenómenos:
Dios y lo divino están excluidos. Más adelante veremos lasconsecuencias a las que esta doctrina absurda da origen, en lo que serefiere a la persona sagrada de Cristo, a los misterios de su vida y de sumuerte, a su resurrección ya su ascensión a los cielos.
 La inmanencia vital 
 
Este
agnosticismo
no es más que el aspecto negativo de la doctrinamodernista; el aspecto positivo lo ofrece la llamada
inmanencia vital.
El paso de uno al otro se lleva a cabo del siguiente modo: como cualquier otro hecho, la Religión -sea natural o sobrenatural- debe tener una

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