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El Ambiente Tico y Los Mitos Tropicales

El Ambiente Tico y Los Mitos Tropicales

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Published by: Luana Villegas Zúñiga on Jun 22, 2012
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El ambiente tico y los mitos tropicales
1Si usted es extranjero y llega a Costa Rica, hay desde el muelle deentrada un gran culpable que se cierne sobre el país y al que se le achacatodo lo malo que sucede... y que sucede mucho: es el "ambiente". Lasculpas, hasta la estación de San José, son relativamente pequeñas: lalentitud de los mozos, lo sucio de la comida, las frecuentes paradas en lasestaciones rurales, los precios y la atención. Pero eso, en realidad, no justifica la negra reputaciónque tiene "el ambiente".2Solo se descubren sus verdaderos y grandes pecados cuando el extranjeroinquieto, yaun poco familiarizado, se atreve a buscar la parada de la callecentral para un poco decharla bajo el
Diario de Costa Rica
, o si ya más experto, nosbusca a los "intelectuales" para un palique de ribetes literarios. Entonces sí. Soltamostodo. Aparecen y menudeanlos delitos y nosotros, nuestra inercia y nuestraincapacidad, quedan simplemente justificados.3La culpa la tiene el"ambiente".Esa palabra vaga e imprecisa, adquiere enCosta Rica, (no sé si en el resto de América) una significación diferente de la que le dan eldiccionario, la terminología corriente o lasnecesidadesdiarias.4El ambiente puede ser: azul en el Mediterráneo, agitado y violentoen los EstadosUnidos, colorista en México, sadista en Turquía, rocoen el Japón (quepor culpa de la propaganda es actualmente el heredero legítimo del bastardo rococó). EnCosta Rica es negro.5Yo entiendo por ambiente, en términos generales, la atmósfera vaga pero definitivaquevan haciendo las costumbres familiares, el vocabulario de todos los días, la
 
políticalocal, el modo de vivir y la manera de pensar (que frecuentemente sonantípodas). Perono niego la realidad de suinfluencia ni su vasto radio de acción.6En Costa Rica esas acepciones no valen. "El ambiente" es una cosa muygrande, muy poderosa y muy odiada que no deja hacer nada, que enturbia lasmejores intenciones,que tuerce la vocación de las gentes, queaborta las grandes ideas antes de suconcepcn y que nos mantienemano sobre mano esperando siempre algo sensacionalquevenga a barrer esa sombratenebrosa y fatídica.7Pero si queremos ser realmente honrados y consecuentes connuestro objetivismo,debemos reconocer que esa posición de cómodoestatismo es nuestra culpa, que "elambiente" lo llevamos dentro de nosotrosmismos y que somos nosotros los que lohacemos, lo especulamos y lo mantenemos.No niega lo anterior, que haya una especiede influencia, en cualquier momentosuperable, que viene desde la mediocridad de lacuna, la mediocridad de nuestraeconomía y de nuestra política. Lo que yo niego es queel término sea justo y que los cargos estén bienenrostrados.8Dos son los cargos que con caracteres de enfermedad nacional, sí merecen unestudioserio: la ausencia casi absoluta de espíritu de lucha, y la deliberadaignorancia haciacualquier peligroso valor que en un momento dadoconmueva o pueda conmovernuestroquietismo.9El espíritu antiagresivo se manifiesta en un miedo campesino a lo grande y en ungustoesporádico por lo pequeño; la deliberada ignorancia actúa con un simpleprocedimientoeliminativo, no de los malos para dejar al eficiente, sino de los peligrososeficientes paradejar al
 
apócrifo einonfesivo.10La culpa de todo esto viene de viejo... Nuestro pueblo no se ha hecho a sí propio: lacivilización le vino como un regalo y la cultura continúa llegando como unproducto deimportación que todavía sufre impuestos prohibitivos.Heredamos la civilizacióneuropea como un capital que manosextras hicieron que vinieron en plan deexplotación, nunca con laintención de afincar, y que si afincaron fue como parásitos porque no habíamucho que explorar. En vez de ser una expoliación rápida de ampliosrendimientos,nuestra conquista fue un lento negocio burgués a largo plazo y con pococapital. Noshan quedado como lacras la ausencia total de sangre corajuda quedejaronregada en otras tierras los audaces españoles de látigo y espada y lamediocridad del negocio pequeño, sin peligros y sin grandes ganancias.Con un poco de cosquilleomorboso nos lanzamos, siempre apoyados en la timidezy la posiblidad de volver atrás,hacia lo viable que no presenta grandesriesgos; conseguimos no sin algunasdificultades estar a la moda, pero loestamos. Cometemos todos los días infinitesimales pecados que se corrigen con un máspequeño arrepentimiento y con una recaída en otro pequeño pecado a la moda. Lareincidencia constante no empaña nuestra inmaculadahonradez, y podemosusar voz tonante para acusar los grandes pecados de los grandespaíses,que nopadecemos.11Hasta el paisaje es cómplice de nuestra sicología. Se acabaron alnorte los grandesacantilados en donde el agua puja mugriente todos losdías, los inmensos desiertosarenosos y hostiles, los pavorosos fríos;y hasta la inclemencia tropical, no nos pertenece del todo. Nuestropaisaje, es un cromo. Un cromo delicadamente lindo. Lacasita se recuestaaperezada en el potrero, el maizal o el cafetal; es limpia como un ajito;el árbol estásiempre verde, y no hay ni molestos deslindes entre verano e invierno, quenos haganpensar seriamente en climatología. No sufrimos pavorosas sequíasniinmensas inundaciones. Las montañas son siempre desesperadamente azules; octubreyenero son jugosos en humus fertilizantes; hay tierra bastante (y bastante malrepartida)sin que este paréntesis afecte en forma seria nuestra beatíficatranquilidad. La casita pintada de blanco, con las tejas muy rojas, y una franjaazul furioso a la altura de lasventanas, continúa suavemente aperezada en unromántico amor interminable con elcampo siempre verde y el arroyonunca seco. El concepto de lo grandioso, de loinmenso, la sensación de

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