después se adhirió al anarquismo, para acabar siendo nacionalista en 1914, al producirse la invasión de Francia por los alemanes. Este itinerarioaparentemente contradictorio — bastante similar, por cierto, al de otros dos.normandos « geniales » : Barbey d’Aurevilly y Georges Sorel — no es, sinembargo, el itinerario de un oportunista o de un llamado al poder, sino el de unhombre arrebatado por sus creencias, acertadas o no, de cada momento.Jules Lemaître dijo del autor del
Diario de una camarera
que poseía «
una gran imaginación trágicoburlesca para expresarse bajo la forma de lasmás bellas cóleras
». En efecto, el estilo de Mirbeau denota mucho más unsentimiento que una actitud. Obsérvese, por ejemplo, la textura de una frasecomo la siguiente : «
Un burgués ha muerto. Ignoramos su nombre, pero ¿qué importa ? ¡ Conocemos su alma ! Señores, era un venerable burgués, obeso,rubicundo y que se sentía feliz... ¡ Su vientre era la envidia de los pobres
! » Esla forma de expresión casi incivil, propia de un orgullo muy seguro de sí mismo, pero que, a la vez, no puede ocultar una especie de vaga generosidad. La mismaimpresión se tiene al leer un texto tan insólito como la célebre « Oda al cólera »,en la que Mirbeau daba la bienvenida a la peste que acababa de presentarse enParís. El autor suplica a la peste que, puesta a eliminar gente; elimine adeterminadas personas, cuyos nombres cita y explica, además, las causas por lasque él creía que no debían seguir vivas. La vehemencia es el denominador común de las «
bellas cóleras
» de Mirbeau, tanto cuando escribe
Sebastien Roch
, su novela contra los jesuitas, como cuando se muestra acérrimo defensor de Dreyfus, cuando deja de ser anarquista a causa del asesinato de Carnot ocuando escribe sus personales críticas sobre arte... De hecho se explica muy bienque Mirbeau fuese una de las más características y relevantes personalidades delmundo periodístico y literario de París en los años de tránsito del siglo XIX alXX. Georges Bataille, al citar el caso clínico de un joven francés de treinta añosque, el 11 de diciembre de 1923, se automutiló su dedo índice izquierdo en el bulevar Ménilmontant, precisa que dicho joven, «
además de su oficio dediseñador de bordados, ejercía en sus horas libres el de pintor ; de él se sabíatambién que había leído ensayos del crítico de arte Mirbeau y que entre sus
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