sin embargo, el itinerario de un oportunista o de unllamado al poder, sino el de un hombre arrebatado porsus creencias, acertadas o no, de cada momento.Jules Lemaître dijo del autor del
Diario de unacamarera
que poseía «una gran imaginación trágico- burlesca para expresarse bajo la forma de las más bellascóleras». En efecto, el estilo de Mirbeau denota muchomás un sentimiento que una actitud. Obsérvese, porejemplo, la textura de una frase como la siguiente: «Un burgués ha muerto. Ignoramos su nombre, pero ¿quéimporta? ¡Conocemos su alma! Señores, era un venerable burgués, obeso, rubicundo y que se sentíafeliz... ¡Su vientre era la envidia de los pobres!» Es laforma de expresión casi incivil, propia de un orgullomuy seguro de sí mismo, pero que, a la vez, no puedeocultar una especie de vaga generosidad. La mismaimpresión se tiene al leer un texto tan insólito como lacélebre «Oda al cólera», en la que Mirbeau daba la bienvenida a la peste que acababa de presentarse enParís. El autor suplica a la peste que, puesta a eliminargente; elimine a determinadas personas, cuyos nombrescita y explica, además, las causas por las que él creía queno debían seguir vivas. La vehemencia es eldenominador común de las «bellas cóleras» deMirbeau, tanto cuando escribe
Sebastien Roch
, sunovela contra los jesuitas, como cuando se muestraacérrimo defensor de Dreyfus, cuando deja de seranarquista a causa del asesinato de Carnot o cuando