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Estrategias para el manejo de las aguas pluviales: las ciudades acondicionan la infraestructura anticuada para el cambio climático

Estrategias para el manejo de las aguas pluviales: las ciudades acondicionan la infraestructura anticuada para el cambio climático

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Si no fuera por los segmentos de tubería de cemento de casi 2.7 metros de diámetro, las gigantescas retroexcavadoras amarillas, los altísimos montones de arena y las profundas zanjas que dividen las calles, la sección de Toronto cercana al cruce de las avenidas Connaught y Fargo presentaría el aspecto de un barrio residencial común y corriente. En la primavera de 2011 esta zona de casas contemporáneas de aspecto confortable rodeadas por una arquitectura de paisajes bien cuidados fue una zona de construcciones mientras sus alcantarillas para el agua de lluvia, muchas de ellas de menos de 20 años de antigüedad, eran rotas para reemplazarlas con tubos mucho más grandes. ¿Cuál fue el propósito de todo este desbarajuste? Prevenir la inundación de los sótanos y cocheras que ha asolado a estos hogares durante las lluvias inesperadamente intensas de los últimos años.
Si no fuera por los segmentos de tubería de cemento de casi 2.7 metros de diámetro, las gigantescas retroexcavadoras amarillas, los altísimos montones de arena y las profundas zanjas que dividen las calles, la sección de Toronto cercana al cruce de las avenidas Connaught y Fargo presentaría el aspecto de un barrio residencial común y corriente. En la primavera de 2011 esta zona de casas contemporáneas de aspecto confortable rodeadas por una arquitectura de paisajes bien cuidados fue una zona de construcciones mientras sus alcantarillas para el agua de lluvia, muchas de ellas de menos de 20 años de antigüedad, eran rotas para reemplazarlas con tubos mucho más grandes. ¿Cuál fue el propósito de todo este desbarajuste? Prevenir la inundación de los sótanos y cocheras que ha asolado a estos hogares durante las lluvias inesperadamente intensas de los últimos años.

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salud pública de méxico / vol. 54, no. 2, marzo-abril de 2012
 
Noticias de salud ambientalehp-spm
* Publicado originalmente en
Environmental Health Perspectives,
volumen 119, número 12, diciembre 2011, páginas A514-A519.
S
i no uera por los segmentos de tubería decemento de casi 2.7 metros de diámetro, lasgigantescas retroexcavadoras amarillas, losaltísimos montones de arena y las proundas zanjasque dividen las calles, la sección de Toronto cercana alcruce de las avenidas Connaught y Fargo presentaría elaspecto de un barrio residencial común y corriente. Enla primavera de 2011 esta zona de casas contemporáneasde aspecto conortable rodeadas por una arquitectura depaisajes bien cuidados ue una zona de construccionesmientras sus alcantarillas para el agua de lluvia, muchasde ellas de menos de 20 años de antigüedad, eran rotaspara reemplazarlas con tubos mucho más grandes. ¿Cuálue el propósito de todo este desbarajuste? Prevenir lainundación de los sótanos y cocheras que ha asolado aestos hogares durante las lluvias inesperadamente inten-sas de los últimos años.Esta es sólo una de las 32 áreas en toda Torontodonde se tiene programado modernizar el alcantarilladode acuerdo con una nueva normativa de diseño másestricta. Mientras que las viejas tuberías debían captarel volumen de agua que baja de los techos, entradaspara automóviles y calles durante el tipo de tormentasque ocurren en promedio cada 2-5 años, las nuevasestán planeadas para las tormentas llamadas “de cadacien años”.
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Anteriormente esas tormentas tendían aocurrir sólo cada cien años, pero ahora parecen sermás recuentes, según Michael d’Andrea, director dela Administración de la Inraestructura del Agua parala ciudad de Toronto.
Memphis, Tennessee, 13 de junio de 2011: un empleado del Departamento de Transporte del estado trabaja para destapar undesagüe en la rampa de la Avenida Madison hacia I-240, donde el ujo del tráfco está detenido debido al elevado nivel del aguaque cubre el camino. Las lluvias intensas y vientos habían azotado a Memphis más temprano ese día, dejando sin energía eléctrica adecenas de miles de residentes y ocasionando numerosos accidentes de tráfco (incluyendo el que se ve en el ondo). La tormentaocurrió apenas unas cuantas semanas antes de que la histórica inundación del río Mississippi anegara el sistema de drenaje de laciudad, enviando aguas negras a los jardines y calles y al propio río.
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Foto: © Mike Brown/The Commercial Appeal/ZUMAPRESS.com
EstratEgias para El manEjodE las aguas pluvialEs*
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“Como quiera que se la vea, estaes una normativa de diseño extrema”,dice d’Andrea, y adaptar la infraes-tructura necesaria a una ciudad den-samente desarrollada como Torontopresenta retos técnicos y resulta cos-toso, sobre todo considerando quelas viejas tuberías se encontrabantodavía dentro de los límites de suvida útil. “Estamos reconstruyendosistemas en un área de la ciudad porla que, si todo hubiera permanecidoigual, no habríamos tenido motivopara preocuparnos durante variasdécadas”, señala.Pero un clima extremo requieremedidas extremas. Los funcionariosde la ciudad consideraron necesa-ria la nueva norma después de quedos tempestades enormes, una enmayo de 2000 y otra, aún mayor, enagosto de 2005, ocasionaron el bom- bardeo de las centrales telefónicascon miles de quejas sobre inundacio-nes y sobre la penetración de aguasresiduales en los sótanos. De hecho,no menos de ocho eventos climáticosconsiderados extremos, con lluviasque excedieron las de las tormentasde cada 25 años han azotado
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a Toron-to en el cuarto de siglo transcurridodesde 1986. La tromba de 2005, quedejó caer 15 cm de lluvia en alrede-dor de tres horas, no sólo arruinómuchos sótanos, sino también dañóautomóviles, rompió las tuberías dela red de suministro de agua, deslavósecciones enteras de caminos, inundóuna planta de tratamiento de aguas
 
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residuales y destruyó una línea dedrenaje sanitario, enviando aguasnegras a un arroyo.
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El Instituto parala Reducción de Pérdidas por Catás-trofes, un instituto de investigaciónde la industria de los seguros consede en Toronto, lo describió comoel desastre natural más costoso que lehaya ocurrido a Ontario y el segundomás costoso de Canadá, con dañospor más de 500 millones de dólarescanadienses.“No puede negarse que en estaárea en particular estamos viendoestas tormentas extremas con másfrecuencia que en el pasado” diced’Andrea. “Es un llamado de alerta”,agrega.El cambio climático ya estáafectando los servicios públicos deagua, según un informe presentadoen 2009 por la Asociación Nacional deAgencias de Agua Limpia y la Asocia-ción de Agencias Metropolitanas deAgua, grupos de apoyo a la industriacon sede en Washington, DC.
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Unamezcla infernal de tormentas másfrecuentes y extremas, sequías y ele-vación del nivel del mar está comen-zando a agobiar la infraestructura delagua de algunas ciudades.Si bien es típico que los admi-nistradores piensen primero en losefectos sobre el suministro de aguapotable, muchos se están dandocuenta de que sus sistemas de aguasresiduales (en los cuales se centra esteartículo) también se verán seriamenteafectados, con profundas consecuen-cias potenciales para la salud pública.En muchos lugares, esos sistemas yaestán bajo presión debido al creci-miento poblacional, el desarrollo, laescasez de fondos y los rezagos en elmantenimiento.
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En una época en laque las ciudades de América del Nor-te están comenzando apenas a evaluarlas posibles consecuencias de la alte-ración de los patrones climáticos quehan prevalecido por mucho tiempo,unas cuantas, como Toronto, ya sehan comprometido a modernizar sussistemas de aguas residuales teniendoen mente el cambio climático.
pecó  e cb
Cientos de ciudades ya están ha-ciendo frente al cambio climático,reduciendo sus emisiones de gasesinvernadero.
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Sin embargo, reciente-mente muchas han pasado a evaluarsus vulnerabilidades a los cambiosde los patrones climáticos y algu-nas están comenzando a pensar encómo adaptarse, dice Brian Holland,director de los programas climá-ticos de ICLEI-Gobiernos Localespor la Sustentabilidad de EUA, unorganismo no lucrativo con sede enBoston que ofrece asistencia técnicaen materia de planeación para elcambio climático. Holland y un co-lega canadiense estiman que tal vezhaya unas 90 ciudades de EstadosUnidos y Canadá formalmente invo-lucradas en la elaboración de planesde adaptación.Este tipo de planeación no esuna tarea fácil y hay mucho en juegopor lo que respecta a las infraestruc-turas costosas para el agua. En uninforme de 2009, el Programa deCambio Climático Global de EstadosUnidos predijo que en las próximasdécadas, en muchas zonas costerasse elevará el nivel del mar y habrácada vez más tormentas, y que engeneral el noreste y el Oeste Mediose volverán más húmedos y podránesperarse tormentas más severas entodo el país. Sin embargo, mientras
los cientícos han cobrado una ma
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yor conanza en sus predicciones
para áreas y marcos temporalesgrandes, las investigaciones “a escalareducida” sobre lo que debe esperar-se a nivel local o las predicciones másprecisas sobre cuándo sobrevendránlos cambios son escasas. Esa es infor-mación crítica para cualquier procesode planeación, dice David Behar,director de programas climáticos dela Comisión de Servicios Públicos deSan Francisco y vocero de la AlianzaClimática de Servicios de Agua, unconsorcio de diez grandes provee-dores de agua de Estados Unidos.Debido a la incertidumbre, señalaBehar, la mayoría de los servicios deagua continúan “viviendo en una erade evaluación, más que en una era deadaptación”.Las condiciones cambiantes po-drían afectar a los sistemas de aguasresiduales de diversas maneras. Losniveles del mar constituyen una pre-ocupación obvia en las zonas costeras,donde las aguas han rebasado las deEstados Unidos hasta por 20 cm eincluso más en algunos lugares.
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Lasaguas elevadas y las olas de tormentaspueden inundar o dañar las plantasde tratamiento costeras o sumergirlas tuberías de desagüe, inhibiendoel vertido y provocando que retro-ceda hacia los sótanos y calles. Sinembargo, el principal motivo de pre-ocupación puede ser que las precipi-taciones se han vuelto más frecuentese intensas en todo Estados Unidos, ysegún las predicciones, esta tendenciava en aumento. Entre 1958 y 2007 elnúmero de días con precipitacionesmuy intensas se incrementaron
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en8% en Hawaii, en el extremo más bajo,y en 58% en el noreste, en el extremomás alto. Debido a la manera en la queestán diseñados muchos sistemas deagua, las aguas pluviales ejercen ungran impacto en la contaminación delagua y, consecuentemente, en la saludpública.Los sistemas de agua potableestán totalmente separados de lossistemas de alcantarillado sanitarioy para las aguas pluviales. En ge-neral estos sistemas conducen lasaguas residuales residenciales e in-dustriales a plantas de tratamiento,

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