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oticias
de
salud
ambieNtal
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salud pública de méxico / vol. 54, no. 2, marzo-abril de 2012
como uno de sus problemas másapremiantes. El motivo era sim-ple: falta de dinero para pagar lassuscripciones”.
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El programa HINARI creció,y con 160 editoriales participantes,ahora proporciona de manera gratui-ta unas 8000 fuentes de informaciónsobre salud y ciencias biomédicas(principalmente revistas revisadaspor pares) a las instituciones de 63países con un IBN per cápita actualde 1600 dólares o menos.
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Para otros42 países con un IBN per cápita de1601-4700 dólares, se ofrece accesoal precio de 1000 dólares anualespor institución.El programa hermano Acceso ala Investigación Mundial en Líneasobre la Agricultura (AGORA), enel que participan más de 40 editoresy que es administrado por la Organi-zación de las Naciones Unidas parala Agricultura y la Alimentación ensociedad con la Universidad Cornell,fue lanzado en el año 2003 y actual-mente proporciona acceso en línea amás de 1200 revistas sobre cienciasalimentarias en las mismas condicio-nes. En 2006, Acceso en Línea a la In-vestigación sobre el Medio Ambiente(OARE), en el que participan más de150 editores y que está administradopor el Programa de las NacionesUnidas para el Medio Ambienteen sociedad con la Universidad deYale, comenzó a proporcionar elmismo tipo de acceso a más de 3000revistas sobre ciencias ambientales.Y en 2009, la Organización Mundialde la Propiedad Intelectual (OMPI)lanzó su programa de Acceso a laInvestigación para el Desarrollo y laInnovación, que ofrece acceso a bajocosto a más de 200 revistas de cienciay tecnología de 12 editoriales para las
ocinas de patentes e institutos de
investigación que cumplen con losrequisitos. Juntos, HINARI, AGORA, OAREy OMPI, conocidos colectivamentecomo Research4Life [Investigaciónpara la Vida] están poniendo revistasa disposición de más de 5000 institu-ciones usuarias.
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Iniciativas similaresentre las que se incluyen HighWire dela Universidad de Stanford,
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la Red In-ternacional para la Disponibilidad de
las Publicaciones Cientícas (INASP)
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y ediciones de libre acceso tales como
EHP
y la tabla de publicaciones de laBiblioteca Pública de Ciencias (PLoS)también han mejorado el acceso a la
información cientíca.
“El acceso a la información esla clave para desbloquear la parti-
cipación de los cientícos de países
con ingresos bajos y medianos en
el discurso cientíco global”, expli
-ca Kimberly Parker, directora delprograma HINARI, quien reside enGinebra, Suiza. “Sin la última evi-dencia relevante para su trabajo y suinvestigación, nuestros colegas delSur Global
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pueden perder un tiempoprecioso repitiendo investigacionesconocidas, o bien, pueden desarrollarpolíticas basadas en conocimientosobsoletos”.El sitio web de Research4Lifepresenta un testimonio reveladorescrito por Shehu U. Abdulahi,vicerrector de la Universidad Ah-madu Bello en Zaria, Nigeria: “Hacealgunos años realizamos un expe-rimento para cirugías en ganadoy, dado que pensamos que era unaexcelente investigación, redactamosun manuscrito sobre los hallazgos a
n de publicarlos en una revista. No
obstante, después de una revisión,el manuscrito nos fue devuelto conel comentario de que el fármaco queestábamos empleando como aneste-sia había sido prohibido cinco añosantes. Si hubiéramos tenido acceso apublicaciones actualizadas a travésde recursos como AGORA, eso nohabría ocurrido”.
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Arun Neopane, editor en jefe dela Revista de la Sociedad de Pediatría
de Nepal, señala los benecios que
brinda a la salud pública el accesoa la literatura. “Hace un par deaños, las universidades, bibliotecas,colegios médicos y organizacionesde investigación en Nepal no teníanacceso a la literatura médica relativaa la investigación proveniente de lamayoría de las revistas revisadas porpares”, dice. “Antes, sólo teníamosacceso a los resúmenes que se en-contraban en PubMed/MEDLINE
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.Con el acceso a HINARI, el vastorepositorio de literatura médica seabrió repentinamente para nosotros,y ya no hubo vuelta atrás”. Neopanedice que este acceso ha ayudado alpersonal médico en sus prácticasclínicas y comunitarias e incluso estáayudando indirectamente al país alograr sus Metas de Desarrollo parael Milenio.
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u de ed
Pero el solo hacer que las revistassean asequibles y estén disponibles
en línea puede no ser suciente. Para
ver una revista en línea, primero senecesita una computadora y una co-nexión a Internet capaz de soportar
el ujo de datos. “La disponibilidad
de una computadora puede ser unverdadero escollo en algunos paí-ses”, explica Sue Silver, redactoraen jefe de
Frontiers in Ecology and theEnvironment
[Fronteras en la ecologíay el medio ambiente], que junto conun colega imparte en China talleressobre cómo lograr publicar en lasprincipales revistas occidentales. “Enalgunas instituciones puede ser ne-cesario compartir una computadoraentre un gran número de personas, demodo que el tiempo de acceso puedeser limitado”.La parte espinosa de este pro- blema puede ser grave: un informede 2007 indicó que los cafés Interneteran el principal punto de conexióncon la red para los médicos de pos-grado del Hospital Clínico de Lagosy en la Universidad de Yaundé, enCamerún.
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“Además, en algunospaíses el suministro de electricidad es
poco able, de modo que puede ser
que una computadora y su enrutadorno siempre estén funcionando. A esto