pelirrojo. A eso hay que añadirle que el más joven de los Weasley ha tenido que reconocer,con todo su pesar, que nunca ha visto a Harry más feliz que desde que Draco es su pareja.Para Ron, aunque no lo diga, es sólo una especie de locura transitoria de la que algún díaHarry sanará y él podrá volver a llamar
hurón
a aquel tipo estirado que parece haberlesorbido el seso al Niño que Vivió. Ahora, mientras observa como los elfos del hotel acaban de colocar los baúles enlos respectivos dormitorios, puede oír la conversación ligeramente tirante que la parejamantiene con Ron mientras la esperan para compartir un cóctel en la terraza privada, de lacoqueta casita, también privada, en la que van a convivir durante esos siete días.
«Siete días
,
Herm»,
aún puede escuchar a Harry que, animado, es quien ha organizadoaquella escapada del frío Londres donde residen;
«ya verás como
,
lejos de todo, Ron se relajará y podrá ver que Draco no es aquel gilipollas de Hogwarts».
Que Draco no es el idiota anoréxico y atormentado que estudió con ellos enHogwarts lo ha tenido claro Hermione desde que supo que su mejor amigo salía con él. Apesar de lo que muchos parecen querer creer, Harry Potter tiene la cabeza muy bienamueblada y si él ha decidido dejar atrás aquel pasado es porque tiene buenas y cuantiosasrazones. Hermione recuerda con una sonrisa que, ya siendo un adolescente acosado por unmago tenebroso, Harry tenía tiempo y ganas para, además de pelear contra aquel loco,nutrir una curiosa obsesión por el sangre pura. Lo tiene claro desde el momento en que, enla boda de Ginny y Cormac, se atraganta ante la visión aquel cuerpo largo y estilizadoguiando con maestría a Harry sobre la pista de baile. Lo tiene claro cuando el pensamientode que nunca ha visto a un mago que le siente mejor una túnica de gala que a él la haceparpadear asombrada de sí misma. Lo tiene claro desde el momento en que observa cómoel sector femenino de los invitados a la boda parece hipnotizado por los movimientoslánguidos y elegantes de la pareja. —Hermione, ¿sabes donde está la poción para la jaqueca? Tanto traslador me hadejado la cabeza hecha un asco. —La voz de Ron la saca de sus pensamientos y, sinresponder, va hasta la caja que con un
engorgio
ha aumentado a su tamaño normal. Lleva viales clasificados por síntomas y potencia; desde que en séptimo cruzó el país de la manode Harry usa ese sistema, por lo que encuentra lo que busca casi sin mirar. Observa a Ronhacer muecas mientras bebe el líquido color morado. Le aparta el cabello rojo de la cara,con un gesto que roza lo maternal. Besa ese grupo de pecas sobre el pómulo derecho einspira su dulce olor, siempre amó su olor. Vuelve al salón, amplio, con paredes de lo que parece alguna madera tropical de laque por una vez desconoce el nombre. Un gran ventanal desde el techo hasta el suelo hacelas veces de entrada al jardín privado, donde se vislumbra una abundante vegetación verdeoscura, lujuriante y espesa. El turquesa de la piscina redonda destaca en el césped cuidadocon mimo. Se sienta en la butaca frente a la pareja de magos y mira sin disimulo la estancia,un espacio funcional, elegante y, a la vez, lleno de modernidad. Charlan animados mientrasconsumen la primera copa, escanciando el líquido de la jarra que los elfos han mantenido ala temperatura exacta hasta su llegada. Atrás quedan las habitaciones de paredes tapizadas, cuadros centenarios y polvo desiglos. A su alrededor, a medio mundo de distancia, parece que la sociedad mágica haentrado al fin en el siglo XXI. Incluso poseen aparatos
muggles
que no se ven interferidospor la magia del lugar. Ron se ve atraído de inmediato por la pantalla de T.V., ha heredadode Arthur la curiosidad por toda aquella tecnología. Toca el mando a distancia y, enseguida, se desconecta de la conversación para curiosear por la infinidad de canales que enrápida sucesión desfilan tras el plano cristal.