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Marconetto M. B. 2006. “La gente, la leña, el monte”. En: El Modo de Hacer las Cosas. Artefactos y ecofactos en arqueología. C. Pérez de Micou Ed. FFyL. UBA. pp 101-129

Marconetto M. B. 2006. “La gente, la leña, el monte”. En: El Modo de Hacer las Cosas. Artefactos y ecofactos en arqueología. C. Pérez de Micou Ed. FFyL. UBA. pp 101-129

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LA GENTE, LA LEÑA, EL MONTE
1
 
María Bernarda Marconetto
2
 El carbón suele ser el macrorresto más recurrente en contextos arqueológicos. En lasáreas de habitación se asume que la mayor parte constituye el subproducto de fuegosdomésticos (Zapata y Figueiral 2003), el resultado de la combustión de maderas llevadasdeliberadamente al asentamiento con diversos propósitos. También puede ser la secuela deincendios –naturales o artificiales- ocurridos antes, durante o después, de la ocupación de unsitio. Nos concentraremos aquí básicamente en los conjuntos ligados al abastecimiento deleña, y a la consideración de una serie de variables que operan sobre esta actividad.Diversos factores intervienen en la formación del registro antracológico más allá de lasconductas humanas. Estos agentes, cubren un amplio espectro que abarca desde la accióndel fuego sobre los distintos taxa, el tipo de contexto de depositación y los procesos queactuaron sobre los mismos, entre otros (ver Rodríguez Ariza 1993; Piqué i Huerta 1999;Austin 2000; Asouti 2003; Marconetto 2004; 2005). No obstante esto, el accionar del hombrees lógicamente un factor de gran relevancia entre los distintos agentes intervinientes en laconformación de los conjuntos de carbón procedentes de contextos arqueológicos.Al realizar la identificación de muestras de carbón, los resultados presentan diversasfrecuencias de aparición de taxones, ligadas a una serie de acciones. Trataremos acontinuación dos instancias: la
selección 
y el
consumo 
de leña, acciones que a nuestrocriterio, engloban el espectro de pautas culturales que inciden en la composición de lasasociaciones que presenta el registro antracológico. Discutiremos también algunascuestiones vinculadas a la relación de las personas con el ambiente.
No [sólo] se hace leña del árbol caído 
... La selección.
Entre las acciones del hombre, destacaremos en primera instancia la
selección,
 puesto que es esta acción la que define en sí misma a los conjuntos como vestigiosantrópicos. El hecho de entender al registro antracológico como resultado de la selección deespecies por parte del hombre, se remite a una línea de interpretación en particular. Estaúltima explica las asociaciones florísticas identificadas como el producto de pautas culturales,
1
El presente trabajo es parte de la tesis doctoral “Recursos forestales y el proceso de diferenciación social en momentosprehispánicos. Valle de Ambato, Catamarca”. FCNyM - UNLP
2
Museo de Antropología – FFyH – Universidad Nacional de Córdoba.marconet@ffyh.unc.edu.ar 
 
 
2
y no como un indicador directo del ambiente en el pasado. Las pautas culturales son las queimprimen variabilidad a los conjuntos. De no mediar estos aspectos culturales, todas lasasociaciones de carbón procedentes de unidades fitogeográficas semejantes, deberíanpresentar las mismas frecuencias de taxones como resultado, y de hecho esto no sucede.Si bien asumimos que la oferta ambiental de leña condiciona, en cierta medida, elaprovisionamiento, son otras las cuestiones que creemos determinarán qué madera ha deser seleccionada y en qué cantidad (Shackleton y Prins 1992; Piqué i Huerta 1999). Laselección de recursos leñosos puede estar pautada, entonces, por varios factores, entreellos, los
aspectos socio-económicos y simbólicos 
, las
capacidades técnicas 
, y también la
oferta ambiental 
. Estos factores no operan independientemente sino que se retroalimentanentre sí, dando lugar a una inmensa diversidad.
ASPECTOS SOCIO- ECONÓMICOS Y SIMBÓLICOS 
 Distintas variables operan sobre la forma de aprovisionamiento con relación a estosaspectos, que han de considerarse en cada caso.Por comenzar, el tamaño del grupo es un condicionante con relación a la capacidad decarga
 
de la masa forestal que ofrezca el ambiente; también lo es el hecho de que se trate degrupos nómadas o poblaciones sedentarias. El tipo de ocupación, si el sitio corresponde auna ocupación estacional o se trata de un área habitada durante un largo período de tiempoes, a su vez, un tema relevante. Este tipo situaciones han de incidir en la forma deaprovisionamiento, en relación por ejemplo, a la posibilidad de abastecerse con la podanatural del bosque o a la necesidad de talar. Existe un amplio espectro de posibilidades queabarca desde un reducido grupo trashumante hasta una organización urbana, y estavariabilidad hace que exista a su vez un amplio rango de
 
acciones posibles.Otra cuestión es el tipo de organización socio-política. Definitivamente habrávariaciones en la forma de gestión de los recursos en función de la estructura social de ungrupo. Al considerar al carbón un ítem más del registro arqueológico, sensible comocualquier otro vestigio a los cambios organizacionales de una sociedad, es lógico esperarque el registro antracológico presente sensibles diferencias según sean las pautas queregulan el abastecimiento. Por ejemplo, si se trata de una escala doméstica, o si hay trabajocomunal involucrado, o bien si el acceso a los recursos es relativamente igualitario odesigual. Todas estas variables posibles con relación a la accesibilidad del recurso, tendrán
 
 
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una gran incidencia en la conformación de los conjuntos que recuperemos (Marconetto2005).Tomando el siguiente ejemplo como caso extremo en el espectro de posibilidadesmencionadas, es ilustrativo el trabajo de Asensi (2002), quien analizó maderas procedentesdel Ramesseum y del Valle de las Reinas, en Egipto. Estos análisis confirmaron laimportancia del mercado de maderas exóticas en el antiguo Egipto a partir del comercio conzonas alejadas como Nubia, el Mediterráneo, el cercano Oriente, o la India. Fueronidentificadas especies que no crecen en Egipto y sí en las mencionadas regiones, lo cualindica que bajo ciertas circunstancias, el tipo de organización social permite franquearcondicionamientos ambientales, y hasta tecnológicos. El control de la mano de obra, o lasredes comerciales establecidas por parte de un imperio por ejemplo, permiten obtenerrecursos inexistentes en el área de ocupación. Por supuesto no nos referimos aquí acombustibles, estas maderas fueron empleadas para la construcción de ataúdes, y de otrosobjetos de valor, aunque valga el ejemplo para ilustrar las posibilidades de ciertasorganizaciones socio-políticas.Si nos acercamos a nuestra región, tomando como caso el área Andina, de segurohabrá diferencias entre los resultados de las muestras de carbón analizadas de unasentamiento cazador-recolector, una aldea formativa, o de aquellas procedentes de un sitioincaico. Así sea que hayan ocupado el mismo ambiente y la oferta ambiental sea la misma, eltipo de organización y sus necesidades sociales difieren a tal punto que, la gestión sobre susrecursos será diferente, repercutiendo esto en las muestras recuperadas. Los trabajosrealizados en Perú por Hastorf y Johannessen (1990; 1991) demuestran que estasdiferencias existen entre distintos sitios. Aunque, según estas autoras no hay que desestimarlos aspectos simbólicos, puesto que, en el mundo andino el manejo del combustible y lamadera, está fuertemente vinculado tanto a cuestiones sociales y económicas, comosimbólicas. La selección de combustibles y los cambios evidenciados en estas prácticas noestarían determinadas por la oferta ambiental del entorno, sino que consideran que el uso delentorno está socialmente construido y mediado culturalmente (Hastorf y Johannessen 1991).Este punto es importante ya que, los aspectos simbólicos pueden tener granrelevancia a la hora de seleccionar especies. Existe la posibilidad de que algunos taxonespuedan ser considerados tabú, o que se les asigne valores positivos, sin que exista relacióncon sus propiedades de combustión, y en ese caso las especies podrán estar sub o sobrerepresentadas en el registro arqueológico. Si bien evaluar esto arqueológicamente resulta

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