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El Compromiso ético del investigador educativo postpositivista

El Compromiso ético del investigador educativo postpositivista

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El compromiso ético del docente investigador postpositivistaAutor: Prof. José Gregorio López Loyo
Con el siguiente papel de trabajo pretendo poner de relieve lasimportantes implicaciones que, desde la perspectiva ética, tiene el ejercicioinvestigativo en el ámbito socio-educativo, y dentro de una matriz inscrita en unenfoque postpositivista, llamado comúnmente cualitativo.Antes de entrar en materia, creo pertinente explicar porqué prefiero hablarde postpositivismo y no de investigación cualitativa. Sencillamente, pienso quela dicotomía cualitativa-cuantitativa, usada para distinguir los diversos enfoquesy matrices de investigación, se queda en lo meramente metodológico, lo que noimplica que no sea importante, ya que define el camino a seguir en el procesode indagatoria. Por ello es la distinción que se maneja en los manuales demetodología. Lo que quiero significar es que lo que define uno u otro enfoquecorresponde a un nivel de discernimiento más profundo, que supera lometodológico, enraizado en sistemas de convicciones, asociados a estilos depensamiento, todo esto en palabras de Padrón (2001). Es más, es posibleafirmar que la definición metodológica depende y surge del posicionamientoontológico y epistemológico que hace el investigador; es decir, la manera como
el sujeto cognoscente “se planta” ante el objeto de conocimiento.
Adicionalmente, hay que tomar en cuenta la posibilidad de que taldicotomía sea falsa y haya que tomar el camino de la complementariedad,como sugieren Cook y Reichardt (1979), ya que lo sustantivo está en la maneracomo los datos y la información se conciban y se traten, con independencia dela naturaleza de los mismos. En síntesis, ¿qué interés tiene esta discusión parael tema que pretendo desarrollar? Tomo como principio básico que la
investigación postpositivista no es cualitativa por el simple hecho de “no ser cuantitativa”; es cualitativa porque lo que se persigue es construir significados“…
con énfasis en el discurso, en la interpretación de los hechos humanos y en
la toma del punto de vista de los actores sociales” (Alvira, 2001:54)
, y esto tieneuna indiscutible trascendencia axiológica, desde la óptica de la ética del límite;de tal manera que
el cognomento “cualitativa” resulta reduccionista y e
scaso.
 
Abordando el tema previsto, debo comenzar por decir, como generalidad,que ningún ejercicio profesional, ningún ejercicio de gobierno, ningunaactividad humana será de provecho verdadero para la humanidad (o, al menosresultará inocuo para ésta), si no se produce dentro de un marco ético. Enefecto, a pesar del relativismo con que la postmodernidad aborda la concepcióndel hombre como ser social, según el cual la verdad, lo bueno y lo malo, einclusive la justicia son todas relativas, existe un reclamo constante de las
sociedades por más y más ética, porque el “vacío ético” que denuncia Kliksberg
(2003) amenaza con destruir las bases morales que sostienen a la humanidad.Pero, si en algún sector son válidas las consideraciones sobre laimportancia de la ética, es en el de la ciencia y la tecnología. En efecto, en lasociedad del conocimiento, signada por el nuevo paradigma científico-técnico,impactan de forma cada vez mayor el accionar del hombre y de la sociedad lasmaneras de construir conocimientos y la forma como se arma el entramadoaxiológico en las diversas culturas. Pero no es nada nuevo. Es claro que laimportancia de la ética en investigación científica y de la aplicación práctica delos productos de ésta siempre ha preocupado al hombre: Desde la muy común
“invención” de resultados para aprobar un trabajo de grado, hasta la
aniquilación masiva de seres humanos (como en Hiroshima y Nagasaki),pasando por manipular u ocultar resultados para no perjudicar las ventas de unproducto nocivo para la salud o para apuntalar con bases falsas la acción de un
gobierno; la “laxitud axiológica” en el acto de hacer y aplicar la ciencia siempre
ha hecho dudar al hombre sobre los verdaderos beneficios sociales que sepueden esperar del trabajo de los investigadores y centros de investigación.Ahora bien, la consideración de lo ético toma dimensiones y aristasparticulares cuando la práctica investigativa tiene como sujeto y objeto al serhumano en su condición de ente social, y especialmente dentro de unaactividad profundamente humana y social como la educativa, puesta al crisol deprocedimientos dialógicos de indagación que reclaman de los actores uninvolucramiento crucial en las comprensión de los fenómenos. Me refiero a lainvestigación postpositivista,
aplicada en (no “a”) la educación.
 
 
La investigación postpositivista dentro de este campo de conocimiento, se
distingue de la positivista porque se práctica “en” educación y no “sobre”educación. Así, según Elliott (2000), mientras la investigación “sobre”
 
educación implica una práctica cientificista “desde afuera”, fundada en datos
cuantitativos para generar explicaciones formales a partir de conceptosdefinidores
“a priori”; la investigación “en”
educación conceptúa los procesos y
fenómenos educativos “desde dentro” de la acción de los involucrados,
expresada cualitativamente para desarrollar una teoría sustantiva que implica laconstrucción cooperativa de una comprensión de la realidad, mediante elcriterio intersubjetivo. De este modo, de acuerdo con la distinción de Elliott, la
concepción postpositivista de una investigación hecha “en” educación se hace
posible sólo a través de la relación que, con el objeto de conocimiento,practican las personas comprometidas con el hecho educativo, utilizando losmedios empleados usualmente por los seres humanos para conocer: laobservación y la conversación. De allí que las conceptualizaciones delfenómeno investigado surgen del contexto de ocurrencia, del proceso mismode investigación y de la situación abordada; no se anteponen a éstos.Se saca en claro, entonces, que la acción de un investigador socio-educativo, de orientación postpositivista, se inscribe en una dimensióneminentemente dialógica, porque es en la interacción y en el diálogo que sehace posible la construcción de conocimientos, originándose así el crucial
compromiso ético, que no es más que la “ética discursiva”
cuyo principioestablece Apel (1986:45) en los siguientes términos:Todos los seres capaces de comunicación lingüística deben serreconocidos como personas, puesto que en todas sus acciones yexpresiones son interlocutores virtuales, y la justificación ilimitada delpensamiento no puede renunciar a ningún interlocutor y a ningunade sus aportaciones virtuales a la discusión.En otras palabras, la serie de obligaciones éticas que asume elinvestigador postpositivista de derivan del deber fundacional de tomar encuenta los puntos de vista de todos los involucrados como individuos capacesde comunicación, a través del lenguaje, lo que nos remite a la prédica deFreire, en cuanto a que todo ser humano debe tener la posibilidad de
pronunciar el mundo, de decir
su palabra”
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