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Saldos y Retazos, Ernesto Jorge Wilde

Saldos y Retazos, Ernesto Jorge Wilde

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"Saldos y retazos" (1993)
1ASCO, LE DIO. Le dio asco. Un olor pegajoso y picante, como a sexo yhumedad concentrados. Muebles ordinarios, un montón de chirimbolosde mal gusto aquí y allá, sobre las repisas o colgados de las paredespintadas de rojo violento o verde ofensivo. Jackson dedujo que era unambiente estrafalario, poco estimulante para realizar orgías. Imaginó elliving y los dormitorios a media luz, música lenta y desatada después,al final, cuando el whisky y la pasta habían hecho su efecto devorandoneuronas, y todo empezaba a volverse blando, a diluirse en algodonesmulticolores, en gritos mudos, y uno quiere seguir, seguir hasta el findel mundo, hasta que le explote la conciencia, el sexo infatigable, lasllamaradas de pasión concentradas en la punta de la lengua o en layema de los dedos, y las manos que recorren muslos y cavidades, queescarban frenéticas y se mojan con líquidos turbios, aceitosos, y seenriedan y tropiezan, siempre temblorosas. Buscó con la mirada en eldormitorio el lugar donde habían hallado el frasco con orina y dos tiposde esperma, uno de ellos no humano. ¿Habría estado sobre esa repisa,al lado de los enanitos de cerámica con la Blancanieves decapitada? ¿Oacaso sobre el tocador, entre los frascos de colonia Polyana y de cremaenjuague? Un conjunto de campera y pantalón Calvin Klein estabadesplegado a los pies de la cama y, encima de él dos libros: "ElPrincipito", de Saint Exupery, y "Juan Salvador Gaviota", de Bach.No habían tocado nada después de descubrir los cadáveres de las dosmujeres, le comentó el comisario Mendieta a Jackson antes de ingresara la vivienda donde madre e hija fueron asesinadas una semana atrás."Las cosas están tal cual", aseguró el policía. 'También -pensó jackson-los olores y las moscas, obesas y verdes'. Es que en Yerba Buena nohay cloacas, sólo pozos ciegos. No quiso recordar cuando, dos añosatrás, tuvo que hacer una encuesta en el lugar: la gente huía de suscasas porque habían reventado, una noche babilónica, casisimultáneamente, miles de pozos ciegos; los excrementos se metíanpor todas partes, detritus infecto y pútrido que entraba a las casas ytumbaba los muebles, helado magma venenoso. Varias personas, lamayoría viejos y niños, murieron ahogados en esa avalancha fecal trashaber resbalado en el líquido pestilente.Ahora, en cambio, las lluvias habían provocado inundaciones por eldesborde del arroyo Muerto. Y el sol castigaba sin misericordia, conviolencia jupiterina. A Jackson le fatigó también tanta luz golpeando latierra, tanto fulgor agobiante sobre las calles sin asfalto, tanto solazoardiente haciendo brillar la pobreza en un reverbero irredento. 'Lamiseria puede encandilar', reflexionó, para advertir que hay gente a laque le gusta vivir en Yerba Buena. 'Claro que no precisamente en estazona hedionda -se dijo-, sino a unos tres kilómetros más allá, en la zonade Marcos Paz, un lugar que al fin de cuentas también participa delsubdesarrollo general aunque se vean muchas residencias pomposas'.En efecto, tanto les gusta, que intentaron conformar un ghetto sólopara especímenes privilegiados, pero no pudieron evitar que algunoscomerciantes árabes de la calle Junín o empleados de multinacionales
 
se infiltraran armando un sabroso cóctel. Sólo quedan por introducirselos coreanos, esa nueva especie de trashumantes mundiales que hacopado ("Modas Cho", "Textil Yen") los centros comerciales de Nueva York o Buenos Aires o cualquier otro rincón del mundo y les disputanencarnizadamente el poder a las mafias vernáculas. ¿Un redivivo"peligro amarillo" de las Vísperas Sicilianas? ¿El mundo occidental ycristiano se va a doblar y romper? 'Al fin -pensaba-, todos loshabitantes del ghetto tienden a confundirse en la manera de hablar, loshijos compran la misma ropa, asisten a los mismos colegios, practicanlos mismos deportes, adquieren juguetes electrónicos de la mismamarca, y zapatillas 'Adidas' y pantalones 'Wrangler'... Dicen quedefienden un estilo de vida pero viven como los chanchos: no tienenpavimento ni cloacas; cuando llueve las calles son ríos de barro; la luzy el agua se cortan a cada rato; a veces, en verano -con 40 grados a lasombra-, deben soportar una semana sin agua ni heladera'.Carmen y su madre, las dos mujeres asesinadas, vivían peor todavía,en la periferia brumosa del ghetto selecto, próxima a las villas-miseriaque había hecho florecer, de la noche a la mañana, el proletariado ruralexpulsado del campo por las hambrunas apocalípticas. Carmen eraprofesora de "danzas espolas, clásicas y contemponeas" ycosmetóloga; además, enseñaba gimnasia-jazz a amas de casaentradas en años en el Jockey Club y otras instituciones con patente deexclusivas. Para decir que hacía algo decente, nada más, pues -comoluego se enteraa Jackson- comentaban que era en realidad unaprostituta tapada, de lujo, que se cotizaba en hoteles del centro como"experta en relaciones públicas". 'Una chirusita linda y arreglada, a juzgar por las fotos en todos los tamaños y poses que cubren lasparedes del dormitorio -observó. 'Tenía buena ropa y costosa (¿se lapagaría con las clases de gimnasia?)'. Mendieta le contó también quehabían encontrado un sobre con fotos de Carmen cuando tendría 14 o15 años, ensayando gestos sexuales con el cuerpo de niña desnuda,pero "ssshhh" y el comisario cerró su boca con una llave imaginaria.Aunque aparentaba escucharlo con atención, a Jackson nada delasunto le interesaba en realidad. Más aún, fue a la casa de las mujeresasesinadas acompañando a Mendieta porque éste había insistido:"Venga, a usted que es encuestador le va a interesar". Todavía nosabía por qué se había metido en esto. Mendieta, era evidente, creíaque los encuestadores, como los periodistas, podían decir la verdad en Tucumán o cualquier otro rincón de este mundo. Pertenecía a esaespecie de seres humanos para quienes la información escrita en losdiarios era palabra santa; estaba persuadido de que existía la noblemisión de encuestar en esta sociedad de masas, a fin de que elanónimo ciudadano participara con su opinión en los asuntos públicos yayudara al gobierno a corregir lo que marchara mal. ¿Cómo podíaexplicarle Jackson que las encuestas eran otro brazo de la industria dela mentira y que sirven más a la manipulación y la asfixia que al noblepropósito de que los ciudadanos tuvieran una tribuna para expresarse?No intentó hacerlo. Desde que le ayudó a conseguir trabajo a unhermano del comisario, éste no dejaba de pasarle todo tipo deinformación sobre el ambiente del hampa. 'Un buen policía -pensaba
 
Mendieta-, un policía honesto como pocos. ¿Y qué es este asunto?Probablemente uno de los tantos crímenes que aquí se cometen y que,como casi siempre sucede, quedará sin resolver'. Tucumán entero estaba convulsionado. Rumores sórdidos excitaban elmorbo de la gente. Increíbles historias de orgías sexuales yperversiones dignas de Sodoma y Gomorra teñían la imaginación de losvecinos. No había quien no aportara algún detalle, con la autoridad dequien posee información de primera mano, a la maraña de chismes.Decían que la madre de Carmen sabía de sus actividades y la apañaba.No sólo que la apañaba, sino que participaba de algunas fiestas porquele gustaban los adolescentes, de modo que la hija le abastecía de tantoen tanto como para que la vieja se sintiera resucitar. El padre vivía, eraenfermero. A veces debía cubrir turnos en hospitales de Monteros o deAguilares, en el sur de la provincia, y permanecía fuera de la casa todoel fin de semana. Entonces las mujeres aprovechaban. Pero erandiscretas. Los vecinos más sospechaban que sabían, lo que no impedíaque cada cual tuviera una novedad de la que se pudiera cortar teladurante una semana, por lo menos. Eso sí, siempre había autos caros ala puerta de la casa. Cierta madrugada una pareja de invitados armóuna trifulca en el jardín del frente, pero en general cuidaban lasapariencias. Sólo música.Eran tantas las facetas oscuras en esos crímenes que, a pesar de que a Jackson no le interesaba la cuestión, no podía dejar de formularsealgunas preguntas. Por ejemplo, ¿los análisis demostraronfehacientemente que uno de los dos tipos de esperma que contenía laorina de Carmen no era humano? Y, en caso de ser así, ¿se estaría antela evidencia de prácticas sexuales (con el obligado tráfico de animalesamaestrados) no comunes o insospechados en Tucumán? '¡Qué terriblepara la gente decente!', se decía con cinismo. ¡Qué horror! Si lo supierala vieja fruncida que teje primorosamente sus crónicas sociales en "LaGaceta" y hace casar a veces, para escándalo de su clientela, a dosmujeres (acaso como un acto fallido, porque sabe que una de ellas eslesbiana)'. Por otra parte, ¿era perfecta la coartada del padre, quedecía que había permanecido toda la noche del crimen en un hospitalde Aguilares? ¿Nadie lo había visto fuera del hospital? ¿tendría algunarelación con estos asesinatos el crimen de la profesora de francés cuyocadáver, "con evidentes signos de haber sido ultrajado", apareció al díasiguiente del descubrimiento de los cuerpos de madre e hija entre unosmatorrales, en la Rinconada, junto al camino polvoriento que lleva alcementerio Parque de la Paz?Nada, en efecto, había sido revuelto en la casa de Carmen cuando lasmataron. Parecía además como si a los asesinos (la policía insistía enque ran más de uno) les hubieran franqueado la entrada a la vivienda.Las malas lenguas del vecindario argumentaban que el padre les habíamandado matar, hastiado de tanta corrupción. Decían también quehabía políticos, legisladores, e intendentes de todos los pelajes queparticipaban de las fiestas y que estaban interesados en que lainvestigación entrara a vía muerta. Los chismosos hablaban incluso deun candidato a gobernador por el radicalismo, coronado por una

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