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Socioconstruccionismo, estigmatización y...

Socioconstruccionismo, estigmatización y...

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Socioconstruccionismo, Terapia Reflexiva Sistémica, Intervención AcciónGenerativa y Micropolítica y Poética. Propuestas de investigación enpersonas estigmatizadas: esquizofrenia y trastornos de la alimentación
Josep Seguí Dolz(
)(
∗∗
) y Sara Olivé Horts(
)
Resumen
¿Qué es la Normalidad/Anormalidad en psicoterapia? ¿Es posible eliminar laestigmatización social de las personas diagnosticadas de trastornos mentalesgraves como los de la Esquizofrenia o la Conducta Alimentaria?Las dificultades por las que atraviesan dichas personas se intensifican con laestigmatización social a las que están habitualmente sujetas a través del cadavez más intenso etiquetaje a que se les somete por medio de los métodostradicionales basados en manuales diagnósticos, estadísticos y biomédicos,como el DSM-IV-TR (2002). Y, consecuentemente, a las accionessupuestamente terapéuticas que sobre ellas se ejercen, que responden atécnicas prediseñadas que poco tienen que ver con la singularidad ycreatividad de cada ser humano y su entorno social.Partiendo de las orientaciones socioconstruccionistas de Kenneth J. Gergen(1991, 1994, 2009) proponemos alternativas al diagnóstico, como ladescripción densa (Geertz, 1973) con el objetivo de entender mejor qué y cómoestá pasando. Y actuar en base a ese entendimiento.Desde nuestra propia experiencia con personas diagnosticadas yestigmatizadas trabajamos sobre las propuestas de la Terapia ReflexivaSistémica (Andersen, 1991; Fraga Gómez et al., 2012), la Intervención AcciónGenerativa psicosocial dialógica (Seguí et al., 2012; Fried Schtinman ySchtinman, 2000; Fried Schtinman, 2008, 2010; Seikkula, Alakare y Aaltonen,2008) y la Micropolítica y la Poética (Pakman, 2011) mostrando basesepistemológicas interdisciplinares que describen significados, y proponenacciones críticas y formas de hacer productivas orientadas a eliminar laEstigmatización Social de las personas diagnosticadas de Trastorno Mental.
NOTA: En este texto se utiliza en algunas ocasiones el género neutro sin que ello impliquenunca ningún tipo de discriminación sexista.
Miembros de la Red de Trabajo para Diálogos Productivos,www.dialogosproductivos.net Participantes en el Diploma Internacional en Prácticas Dialógicas
∗∗
Miembro Asociado del Taos Institute,http://www.taosinstitute.net Contacto:socioconstruccionismo@gmail.com 
 
Proponemos acciones de poca ortodoxia y alta innovación 
”. JorgeSanhueza Rahmer. Presentación del proyecto “Formación acción:comunidad de aprendizaje y práctica dialógica. Acción de diálogo socialen el contexto político”
 
durante la reunión virtual del DiplomaInternacional en Prácticas Dialógicas. 27 de marzo de 2012.
Introducción
¿Quién decide lo que es normal o anormal en psicología?Instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la
American Psychiatric Association 
(APA) son enormes máquinas de producción de poder ydominación sobre las personas, especialmente esta última. Una institución deorientación claramente biomédica y compuesta en su mayor parte por expertosde un lugar concreto del mundo decide quién es normal o no, qué es bueno omalo para la salud mental de millones de personas cuyas culturas y formas devida nada tienen que ver con ese lugar del mundo, dicho sea con todo elrespeto para sus habitantes.El etiquetaje mental a que lleva basar las intervenciones psicoterapéuticas enlos criterios citados conduce a una hiperdiagnosis y a una sobremedicación conpsicotrópicos. Es decir, a la drogadicción legal de las personas detrás de la queestán los intereses económicos de las grandes multinacionales farmacéuticas.Diversas asociaciones y entidades cívicas se enfrentan a esta situación. Porejemplo,
Citizens Commission on Human Rights International 
(CCHR-I,http://www.cchr.org).¿Es posible una alternativa? Sí. Actualmente, frente a esta situación desdediversos lugares se está trabajando en otras formas de poner en práctica lapsicoterapia. Formas con las que estamos de acuerdo y que introducimosbrevemente en este trabajo.Pensamos que es más útil hacer una descripción densa atenta al detalle deldiscurso y la acción que poner una etiqueta; también en interconsulta oderivación. Al etiquetar caemos en el riesgo de confundir lo puramente físico –biomédico- con lo psicológico y viceversa. Si atendemos, sin embargo, a lanarración del paciente como una descripción –y potenciamos que sea así-podemos co-construir un entramado psicológico, biológico, social y tambiénpoético como creatividad que amplíe las posibilidades de conversación ydiálogo que limita la postura del experto alimentada por manuales como elDSM-IV-TR (2002).Un médico de familia, por ejemplo, puede conocer a sus pacientes desde hacemucho tiempo, pero raramente incluye aspectos psicosociales –mucho menoscreativos- en sus anamnesis. Normalmente se limita a preguntar lo que el guiónde etiquetaje ha establecido como pertinente, independientemente de lapersona que tiene delante. Está, entonces, cerrando puertas a momentosrealmente interesantes y pertinentes para el caso que motiva la consulta.Probablemente no pueda hacer mucho más debido a las limitaciones de tiempoy recursos que la Administración de la Salud impone. Pero esta forma de actuar
 
se traslada también a la llamada “atención a la salud mental” conconsecuencias desastrosas; algunas de las cuales relatamos en este escrito.Conocemos el caso de una chica de treinta y tres años multidiagnosticada ymedicada (haloperidol, entre otros fármacos) desde los cinco. Vive bajo latutela legal de sus padres. Sin embargo es perfectamente capaz de construirun discurso lógico y entendible. A veces deja de tomarse la medicación y diceque se encuentra mejor, que está más tranquila y es más capaz de dominarsus constantes ataques de ira. También, por ejemplo, se ruboriza al reconocerque sus hábitos de higiene personal no son los más saludables. Y esperfectamente capaz de mantener relaciones sociales y de discernir lo quepueden ser comportamientos peligrosos para sí misma o los demás.Comentamos, no obstante, que no es aconsejable que se deje la medicaciónsin supervisión médica y evitamos manifestar nuestra opinión sobre que unachica de treinta y tres años lleve desde los cinco drogándose (eso sí,legalmente).Cuando las personas que consultan por “problemas mentales” no responden alas terapias establecidas en los guiones prediseñados por la propia etiqueta, seles adjudica el poco honroso título de “enfermos problema”, con “depresionessecundarias” y cosas por el estilo. ¿De verdad estas fórmulas y protocolosresponden a lo que el especialista en “salud mental” ha encontrado? ¿O es queno ha buscado más allá del encuadre de la persona como “complicada” y“problemática”, cerrando puertas a alternativas posibles? ¿Resulta máscómodo dejar a estas personas a la suerte del efecto de la química sobre susneurotransmisores? La mirada de la chica nos recuerda mucho a la que hemosvisto tantas veces en personas adictas a la heroína…Ninguna de las etiquetas, categorías, fórmulas y protocolos al uso puedendescribir la complejidad de los seres humanos y de sus narraciones sobre suspropios estados de ánimo. El puro etiquetaje
psi 
–siempre basado en losdéficits de la persona; nunca en sus posibilidades- no describe lo que unapersona es o experimenta (“padece”, “tiene”, “siente”). No podemos ponernosen la cabeza de la persona que consulta a través de lo que el DSM-IV-TR(2002) o la psicopatología clásica, moderna y dominante interpreta sobre lapropia etiqueta.Por otro lado, en la práctica cotidiana parece que raramente podamos salir deun sistema de etiquetación mental para poder funcionar con una ciertacoherencia, racionalidad y base científica. Aparentemente, si atendemos solo alo que la persona consultante nos explica evitando esa etiqueta/interpretaciónno podemos utilizar clasificaciones lógicas y no podemos entrar en su cabezapara entender su mundo interior mediante procesos de intersubjetividad yempatía.En este ensayo defendemos y argumentamos que una realidad terapéuticadiferente a la de la diagnosis etiquetadora es posible. Que la normalidad –oanormalidad- de los discursos y quehaceres procesuales humanos no sedecide en los despachos o universidades, sino en la calle y en la acción. Ymostramos que esas realidades terapéuticas se están llevando a cabo a través

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