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El Zar Tucumano

El Zar Tucumano

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El libro que desnuda la corrupción de José Alperovich, su esposa y sus ministros
El libro que desnuda la corrupción de José Alperovich, su esposa y sus ministros

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EL ZAR TUCUMANO
1
JOSÉ ALPEROVICH
ELZARTUCUMANO
 
EL ZAR TUCUMANO
2
EXCLUSIVO: LA HISTORIA DE ALPEROVICH QUE EL GOBERNADOR PROHIBEUrgente24 presenta el 1er Capítulo de “El Zar Tucumano”, biografía no autorizada delgobernador de Tucumán, José Alperovich, escrita por los periodistas, Nicolás Balinottiy José Sbrocco y censurada en la provincia, donde no se permite su comercialización.Aqui el Capítulo 1, solamente para demostrarle a Alperovich que la censura se lapuede meter… en la Casa de Gobierno pero no en la realidad.por NICOLAS BALINOTTI y JOSE SBROCCOSIN CENSURA
Capítulo I
El sueño hecho realidad. De cómo el hijo de un humilde inmigrante judío contradijo asu padre e imprevistamente,en actitud desafiante, se abrió paso en la política yconstruyó su poder hasta tener a Tucumán en un puño.
“Este es el candidato”
El sol caía sesgado en los jardines de Olivos. Eduardo Duhalde era el anfitrión de lacomitiva tucumana que había visitado deurgencia al entonces presidente con el afánde recurrir a un auxilio financiero de 100 millones de pesos para afrontar el canje delos bonos provinciales (Bocade). Tal como sucede hoy, en ese tiempo, las provinciastambién vivían con respiración financiera asistida de parte de la Nación. La caminatade Duhalde y los tucumanos por la quinta presidencial era amena hasta que el primermandatario se detuvo de golpe. —Vos, negrito. No te hagas el pícaro, frenó su marcha Duhalde. —¿De qué, che?, inquirió sorprendido el gobernador tucumano Julio Antonio Miranda. —Este es el candidato a gobernador, dijo Duhalde, señalando a José JorgeAlperovich, que participaba del paseo por la residencia como invitado, en su rol desenador nacional. —Si vos lo decís…, asintió Miranda, encogido de hombros, bajo la mirada cómplicede José Alberto Cúneo Vergés (ministro de Economía), Antonio Guerrero (ministro deGobierno) y Sisto Terán (vicegobernador), las espadas principales de su gabinete.
 
EL ZAR TUCUMANO
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A Miranda se le había dado vueltael plan: caída la posibilidad de reformar laConstitución provincial para habilitar la reelección a partir de fuertes versiones decoimas y compra de voluntades, el gobernador deseaba fogonear a Fernando Juricomo el número uno de la lista oficialista.Alperovich supo cultivar una buena relación con el ex presidente de la Nación cuandoHilda Chiche Duhalde, por entonces primera dama, encabezó en 2002 el OperativoRescate de los niños desnutridos en la provincia y se hospedó en la residencia de lospadres de Alperovich. Chiche había tenido fuertes contrapuntos políticos y verbalescon Miranda y hacía público su malestar al final de cada jornada durante la cena conlos Alperovich, en la cálida Yerba Buena.Cuentan algunos que la amistad entre los Duhalde y los Alperovich nació a partir delvínculo entre León Alperovich, el papá de José, y el padre de Mario Blejer, ex titulardel Banco Central durante la presidencia del ex gobernador de Buenos Aires. El lazose fortaleció, además, cuando Alperovich y Duhalde coincidieron en el centroantiestrés adventista Puiggari, en Entre Ríos. El primo del gobernador y representantede Tucumán en la Capital Federal, Benjamín Bromberg, fue en más de unaoportunidad el intermediario entre ambos.Con la bendición de Duhalde, aJosé Alperovich se le allanó bastante el camino haciala Casa de Gobierno. Duhalde lo consideraba un estadista y un conocedor de lasfinanzas tucumanas como nadie en los tiempos de abismos. A partir de ese gesto delex presidente, por cierto, un guiño de mucho valor en la liturgia justicialista, durante elrecorrido surgieron alianzas y traiciones, y el Partido Justicialista tucumano se convirtióen un hervidero de alucinaciones y temores. Nadie confiaba ni en su propia sombra, ypocos dirigentes estaban dispuestos a ceder su parcela de poder.Audaz y buen entendedor, Alperovich recurrió a discursos rutinarios, combinados conla retórica de la calle. Intercedió con dinero para que su nombre figure constantementeen los medios de comunicación. A través de los medios o en sus prédicas cotidianas,sus palabras apelaban al bolsillo de la gente común. Lejos de ser expresionesfascinantes o encendidas, su modo de hablar sin pronunciar las eses o deformando losverbos hizo que los tucumanos lo sintieran como uno más de ellos. Nada diferente encuanto al resto de la oferta política, aunque simulaba ser un hombre preparado,devenido del empresariado.Alperovich no modificaba sutilmente su acento y sus cadencias en función del público.No es un políglota. Jamás lo fue. Se expresa de la misma manera en un almuerzo conempresarios o presidentes como lo hace delante de sus compañeros de palco en lospartidos de Atlético Tucumán. Algunas veces, es cierto, intenta ser más tradicional ycuidado, pero su rapto de reserva le puede durar apenas unos minutos después delapretón de manos.Previo a los comicios de 2003, los números de las encuestas le sonreían a Alperovichcomo a ningún otro candidato. Era un dato a no pasar por alto en hombres obsesivosde los informes de opiniónpública, como lo son Duhalde, Miranda y Alperovich,aunque éste se preocupó por el poder de las cifras mucho tiempo después.“A José Alperovich lo conocí en las elecciones legislativas nacionales de 2001.Miranda me había encargado medir a José Carbonell y Alperovich para decidir a quienllevaba como candidato a senador. José sacaba mucha diferencia. Desde entonces,trabajo con él”, reconoció Hugo Haime, el encuestador favorito de muchos dirigentesperonistas.

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