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Los Ciudadanos Del Mundo 1

Los Ciudadanos Del Mundo 1

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Capitulo 5, "Los ciudadanos del mundo", hace parte del libro "Sin fines de lucro".
Capitulo 5, "Los ciudadanos del mundo", hace parte del libro "Sin fines de lucro".

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07/12/2012

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5Los ciudadanos del mundo
Y así
debemos
seguir trabajando, esforzándonos
por
hacer
nuestros sueños realidad.
Esos
sueños sonpara la
India,
pero también para el mundo,
pues
todaslas naciones y los pueblos están hoy tan estrechamenteunidos entre sí que ninguno de ellos puede imaginarque es posible
vivir
separados.
Se dice que la paz es
indivisible;
también lo es la
libertad;
también loes ahora la prosperidad y también lo es el
desastre
en
este
mundo unido que ya no puede dividirse enfragmentos aislados.
JawaharlalNehru,
discurso pronunciadoen la víspera de la independencia de la
India,
14 de
agosto
de 1947De repente, los muros que
separaban
las
razas
se han derrumbado y nos encontramos
parados
frente
a frente.
Tagore,
La religión del
hombre-,
1931
Vivimos
en un mundo donde nos encontramos unos frente aotros cruzando las
brechas
de la geografía, el lenguaje y la na-
cionalidad.
Hoy más que nunca, todos dependemos de
personas
que jamás hemos visto y que, a su vez, dependen de nosotros.
 
114
I
SIN FINES DE LUCRO
Los problemas económicos, ambientales, religiosos y políticosque
debemos
resolver tienen
alcance
mundial.
No
cabe espe-
ranza alguna de resolverlos si las
personas
que se encuentrandistantes no se unen para cooperar como jamás lo han hecho.Tomemos como ejemplos el calentamiento global, los regíme-nes de comercio internacional, la protección del medio am-biente y las
especies
animales, el
futuro
de la energía nuclear,los peligros de las
armas
nucleares, los flujos migratorios demano de obra, la elaboración de normas laborales dignas y laprotección de la infancia frente al
abuso sexual,
la esclavización
y
la trata de
personas.
Se trata de problemas que sólo puedenafrontarse de verdad si
existe
un diálogo a nivel
multinacional.
La lista puede
seguircasi hasta
al
infinito.
Por otra parte, ninguno de nosotros queda fuera de esa
inter-
dependencia. La economía global nos vincula a todos con otras
personas
que viven a gran distancia.
Nuestras decisiones
másbásicas como consumidores afectan el estándar de vida de otras
personas
que habitan en países lejanos y que producen los artí-culos que
usamos.
Nuestra vida cotidiana presiona
sobre
el me-
dio
ambiente global. Por lo
tanto,
sería irresponsable
esconder
la
cabeza
bajo la
tierra
y
hacer
caso
omiso de que todos los díasnuestros
actos
inciden
en
la
vida de
esas
otras
personas.
Entonces,la educación debería proporcionarnos los elementos
necesarios
para
desenvolvernos
de manera
eficaz
en ese diálogo
multinacio-
nal,
como "ciudadanos del mundo" (por
usar
una
frase
ya con-
sagrada)
y no sólo como
estadounidenses,
indios o europeos.Si en las
escuelas
y las universidades del mundo no se
ofrece
una buena
base
para la cooperación
internacional,
lo más
pro-
bable es que
nuestras
interacciones humanas se
vean mediadas
por normas tan lábiles como las del mercado, que concibe las
vidas
humanas principalmente como instrumentos para obtener
ganancias.
Por lo
tanto,
las instituciones
educativas
del mundo
LOSCIUDADANOS DEL MUNDO
I
115
tienen
una tarea
importante
y urgente: inculcar en los alumnosla capacidad de concebirse como integrantes de una nación he-terogénea (como lo son todas las
naciones
modernas) y de unmundo aun más heterogéneo, así como la facultad de compren-der, al menos en parte, la historia y las características de los
diversos
grupos que habitan
este
planeta.
Este
aspecto
de la educación requiere una gran cantidad deconocimientos fácticos que son prácticamente
desconocidos
para las
personas
que fueron a la
escuela
hace
treinta
años o
más,
al menos en los
Estados
Unidos: se trata de conocimientos
sobre
los varios subgrupos étnicos, nacionales, religiosos y degénero que conforman la propia nación, y
sobre
los logros, lasluchas y los aportes de
esos
subgrupos, pero también
sobre
lastradiciones y las
naciones ajenas.
Si bien siempre hemos
ense-
ñado a los niños y a las niñas
sobre algunas
partes pequeñas del
mundo,
hasta hace
poco nunca habíamos intentado
abarcar
lasprincipales
naciones
y
regiones
de modo sistemático, tratandoa todas por igual. Y aunque el conocimiento no garantiza labuena conducta, la ignorancia es
casi
una garantía de lo con-
trario.
En nuestro mundo abundan los estereotipos culturales
y
religiosos, como por ejemplo la equiparación del Islam con el
terrorismo.
Para
empezar
a combatir
esos
estereotipos es
nece-
sario procurar que,
desde
una edad muy temprana, los niños ylas niñas aprendan a relacionarse de otra manera con el mundo,contando con datos correctos y valiéndose de una curiosidad
respetuosa.
Ellos deben llegar a entender tanto las diferenciasque
impiden
la comprensión mutua entre grupos y
naciones
distintos
como las
necesidades
y los
intereses
compartidos quele dan un rol protagónico a esa misma comprensión para laresolución de problemas en común.La tarea de formar ciudadanos del mundo que
sean
inteli-
gentes parece
tan inabarcable que resulta tentador arrojar la
 
116
I
SIN FINES DE LUCRO
toalla,
decir que
es
imposible
y
optar
por
limitarse sólo
a la
propia
nación. Sin embargo, incluso para comprender la nación
propia
hace
falta estudiar los grupos que
la
integran,
algo
muypoco frecuente
en los
Estados
Unidos
hasta
hace
un tiempo.Asimismo,
hace
falta entender
la
inmigración
y su
historia,
lo
que derivaría
necesariamente
en los otros problemas que dan
origen
a la inmigración. No obstante, es imposible comprenderla nación propia
y
su historia
de
manera cabal sin ubicarla
en
el
contexto del mundo. Todo estudio histórico de la nación que
se
precie
de
tal
debe
insertarse en
la
historia
mundial,
aunquehoy
esta
última
es
necesaria
por motivos que
exceden
la
com-prensión de la propia historia nacional. Los problemas que de-
bemos
enfrentar
y
las responsabilidades que
debemos
asumirrequieren un estudio más concreto
y
sistemático de las
naciones
y
las culturas mundiales.
Pensemos
por ejemplo en lo que supone entender el origende
los
productos que utilizamos para nuestra vida cotidiana,como
las
bebidas
gaseosas,
la
ropa,
el
café
o la
comida. En
las
primeras
etapas
de la educación para la ciudadanía democrática,los
pedagogos
insistían
en
explicar
a
los alumnos
la
compleja
historia
del trabajo que había sido
necesario
para producir
esos
artículos,
a
manera
de
clase
sobre
el
modo
en
que
la
nación
propia
había construido
su
economía, su mercado laboral
y
sumenú de retribuciones
y
oportunidades.
Se
trata de un conoci-
miento
importante para la ciudadanía,
pues genera
conciencia
acerca
de los distintos grupos que constituyen
a
cadasociedad
y
de
sus
diferentes condiciones de vida
y
de trabajo, además deprovocar
el
interés
de los
alumnos. Hoy en día, sin embargo,cualquier relato que pretenda describir
ese
origen será
necesa-
riamente un relato
de
alcance
mundial.
En
efecto, resulta im-posible comprender siquiera
de
dónde proviene una bebida
gaseosa
sin
pensar
en la
vida
de
otras
personas
que habitan
LOSCIUDADANOS DEL MUNDO
I
117
países extranjeros.
En
esos
casos,
es
lógico preguntar por
las
condiciones de vida
de esas
personas,
su
educación
y sus
rela-
ciones
laborales.
Y
al
hacer
esas
preguntas,
debemos
reflexionar
sobre
nuestra responsabilidad frente
a esas
personas
en
tanto
agentes
de la creación de
sus
circunstancias cotidianas. ¿Cómo
afecta
sus condiciones laborales
esa
red internacional de la queformamos parte
esencial
en tanto consumidores? ¿Qué
oportu-
nidades tienen? ¿Debemos
acceder
a formar parte de la red cau-sal que
genera
esa
situación?
¿O
debemos
exigir un cambio?¿Qué podemos
hacer
a fin de
promover un estándar de vidadecente para las
personas
que no viven en nuestra nación peroproducen lo que
necesitamos
(con el mismo compromiso conque lo haríamos
si
fueran trabajadores de nuestro país)?
Para
reflexionar
sobre
estas
preguntas,
los
alumnos debenentender cómo funciona
la
economía global. Asimismo, paracomprender que en muchos
casos
las oportunidades de los ha-bitantes de
distintos
lugares
están determinadas por condicionesque éstos no eligieron deben conocer la historia de
tales
condi-
ciones
(el papel histórico del colonialismo
y
el rol actual de lasinversiones extranjeras
y
de las
empresas
multinacionales).Por otra parte,
el
conocimiento
sobre
las
numerosas
tradi-
ciones
religiosas del mundo reviste igual importancia para
el
avance
de la
democracia.
No
hay ninguna otra
esfera
(con
la
posible excepción de
la
sexualidad) en
la
que exista
semejante
tendencia
a
formar estereotipos denigrantes del
otro,
lo que
a
su vez
limita
el respeto mutuo
y
el
diálogo
productivo.
Los niños
y
las niñas presentan una curiosidad natural por los rituales, lasceremonias
y
los
festejos
de otras
naciones
y
religiones, de modoque es buena idea capitalizar esa curiosidad
desde
sus primeros
años,
contándoles historias que
sean
acordes
a su edad
sobre
las
diversas
tradiciones del mundo, pidiendo
a
alumnos de
distin-
tos orígenes que describan sus prácticas
y
creencias,
y
formando

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