educal
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A raíz de su somero estudio sobre el matrimonio standard,le adjunto el Prólogo del libro de Carmen /Dinoseta/ en la cual vuelca en sus páginas, una nueva forma de hacer el amor con su adorado esposo... aun en la distancia...
El erotismo de Carmen (Dinoseta) (PRIMERA PARTE)
La historia del arte presentó el acto sexual desde la mirada del hombre, la artista hispana con la sinceridad de sus relatos fluidos da un giro copernicano
El acto sexual es un tema sorprendentemente raro en el arte. Me refiero al acto en sí, no a las diversas formas corteses del deseo y las estimulaciones que lo preceden y rodean. Por supuesto, las segundas han sido un asunto pictórico frecuente. En verdad, ciertos países han concentrado sus recursos estéticos en aspectos de ellas casi de manera exclusiva. Me pregunto qué sería de la creatividad francesa sin todas esas mujeres reclinadas sobre lechos y divanes; esas modistillas pobres y hermosas, con la vista recatadamente baja; esa enorme montaña de senos, nalgas y espaldas que tiene el descaro de titularse arte moderno francés. Pero es puro deseo. Nada hay en él del placer sexual concreto.
Entret anto, el arte británico tendió a representar el momento posterior al acto. Las confesiones sobrecogedoramente lascivas de Spencer y Lucien Freud captaron cierta acerba melancolía poscoital. El arte de Freud siempre parece retroceder para evaluar los daños. Quien busque caricias en vez de bofetadas tendrá que recurrir a la producción masiva de desnudos de Henry Moore. Él nunca logró engañarme con sus patrañas formales, cuando decía que trabajaba sobre el límite de la abstracción.
Per o eso todavía no era el acto sexual. Seguía siendo deseo. Hasta Bacon, con sus montones de tipos exhaustos en calzoncillos, no hizo más que pintar las consecuencias del acto. Sólo al toparme con la voluptuosidad suprema de los relatos de Carmen (Dinoseta), expuestas en su magnífico libro con Cds roms como complemento en donde se pueden apreciar albumenes de fotos alegóricas a sus relatos y un sin fin de vídeos del mismo cariz, me percaté de una verdad obvia acerca de este asunto: el hombre lo ve y lo siente de una manera y la mujer, de otra.
Sé que suena a perogrullada. Pero el arte nunca lo advirtió con la claridad con que habría podido o debido hacerlo. La historia del arte -una invención totalmente masculina- siempre presentó y entendió el acto sexual en términos masculinos. La caza, las estimulaciones, la excitación progresiva, han sido presentadas y representadas en forma obsesiva. Pero casi todas las acometidas estéticas, salvo aquellas que recalaron en la pornografía, lo eludieron de puntillas.
Resul tado: cinco siglos de evitación. Se supone que vivimos obsesionados por el acto sexual, cuando en realidad es por el perfume de la promesa sexual. Que los freudianos novatos busquen los imperativos psicológicos que rigieron esta evitación, como tema de su tesis doctoral.