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NUEVOS MODELOS LOCALES DE DESARROLLO ECONÓMICO¿ALTERNATIVAS ANTE DE LA CRISIS?
Oriol Estela BarnetEconomista
Julio de 2009
La crisis económica que sacude la práctica totalidad del planeta ha situado ante la opiniónpública varios interrogantes sobre la conveniencia de seguir haciendo caso omiso a las vocesque reclaman, desde hace ya tiempo, la introducción de cambios en profundidad en elfuncionamiento del sistema económico global. Ahora, incluso se ha llegado a hablar en algunosmomentos desde instancias oficiales de la necesidad de un cambio de modelo, a pesar de quede se ha hecho de una manera genérica y poco apoyada en actuaciones concretas.Parece evidente, vista la trayectoria económica global de las últimas décadas, con problemas deuna dimensión mucho más amplia que los que plantea esta crisis (desde el cambio climático alos movimientos migratorios masivos, pasando por los problemas estructurales del mundo rural),que este cambio es necesario y no puede limitarse sólo a algunos retoques que permitancontinuar en la misma dirección. La fuga hacia adelante no puede ser la solución esta vez.Así, por ejemplo, los acuerdos de la segundacumbre del G-20apuntan entre otras cuestiones aun tímido avance en aspectos como la regulación de los mercados financieros globales,regulación que, también hace falta reconocerlo, seguramente no se hubiera planteado nunca sinuna crisis tan profunda y sin que salieran claramente a la luz (aunque ya fueran conocidos) losexcesos retributivos de muchos de los responsables del hundimiento de estos mercados. Es unpaso conveniente, pero mucho nos tememos que todavía insuficiente.Las políticas emprendidas por los Estados para hacer frente a la crisis, siguiendo la mismalógica, están claramente enfocadas a recuperar la situación anterior a la depresión a base deretocar algunos aspectos del modelo para recuperar la vía del crecimiento: planes de rescate delos bancos o de industrias en declive, intensificación de la obra pública para recuperar puestosde trabajo en la construcción, apuesta por algunos “nuevos” sectores de actividad, etc.Así, por ejemplo, si revisamos la “letra pequeña” de las declaraciones sobre como se debeafrontar el cambio de modelo, podemos ver propuestas como la del gobierno japonés
 
, queespera, a la vez “crear cuatro millones de puestos de trabajo, incrementar en un 24% el PIB ycambiar el modelo de crecimiento”. El barniz de sostenibilidad que se aplica a este plan es el delenfoque hacia sectores como las energías renovables o los servicios de atención a la terceraedad, pero parece claro que una propuesta así deja muchas dudas sobre su viabilidad y muchos
 
 
2más sobre su congruencia con los retos que se nos están planteando. No hace falta recurrir a losplanteamientos de los promotores deldecrecimiento(planteamientos que, en cualquier caso, espreciso analizar con interés) para entender que un ritmo de crecimiento del PIB como el deseadopor Japón, generalizado a escala global, es irrealizable, sean cuales sean los sectores sobre losque se sustente y sean cuales sean los avances tecnológicos que se puedan lograr.En este contexto, ¿qué es lo que se puede hacer desde lo local? Es bien sabido que el municipiosuele ser la primera instancia a la que acude la ciudadanía cuando se encuentra en dificultades.Así lo demuestran las colas que se han vuelto a formar frente a los servicios locales de empleo;servicios que, no lo olvidemos, nacieron con motivo de los estragos que provocó el paro masivoen el transcurso de la crisis de los años 80, con la consiguiente presión ciudadana sobre losayuntamientos. Y estos mismos ayuntamientos han hecho un gran esfuerzo en los últimos añospara tratar de definir estrategias de desarrollo económico local, muchas veces de formacoordinada a escala supramunicipal. Pero, también en este caso, el desconcierto es la tónicageneral a la hora de buscar nuevas soluciones al viejo problema del paro.En este artículo haremos un repaso a varias experiencias locales que, siguiendo caminos amenudo similares, a menudo diversos, representan ya desde antes de la crisis enfoquesalternativos al modelo general imperante; un modelo que ya ha demostrado lo suficiente suinviabilidad y su vulnerabilidad como para no tomarnos la molestia, desde lo local, de buscar nuevas respuestas más próximas a la ciudadanía y al territorio, en un ejercicio deresponsabilidad que quizás sólo se pueda emprender seriamente desde esta escala territorial.Unas nuevas respuestas que, como veremos, los hechos demuestran que son posibles.
Dinámicas globales... ¿dinámicas urbanas?
El doble proceso de globalización y de reinvención de lo local dentro de este contexto global hasido ya ampliamente analizado y teorizado, a pesar de ser un proceso en constante y rápidaevolución. Algunos de estos análisis apuntan a la emergencia de lo que se suele denominar “desarrollo glocal”, es decir, la oportunidad económica de poner en valor los elementosdiferenciadores locales a escala global, y que se suele expresar con la frase “pensar local yactuar global”; una formulación que, curiosamente, invierte una de las premisas fundamentalesde la sostenibilidad (“pensar global y actuar local”).Efectivamente, nos encontramos en una dinámica en la que se habla tanto de unmundo “plano” como de unmundo “puntiagudo”
 
; de un mundo en el que desde cualquier lugar, gracias a lasTIC, se puede hacer casi cualquier cosa (haciendo prácticamente irrelevante nuestra ubicación),pero en el que, en cambio, se observa una creciente concentración de la población y de laactividad económica en espacios urbanos que, especialmente a los países del Sur, muestran
 
 
3ritmos de expansión sin precedentes. En cualquiera de los dos casos, la importancia de laidentidad local y de los recursos propios de un territorio es manifiesta: en un mundo plano,porque serán esta identidad y estos recursos los que aportarán los únicos elementosdiferenciales y, por lo tanto, harán un lugar más o menos atractivo para instalarse en él; en unmundo “puntiagudo”, porque ninguna ciudad podrá ser un foco de atracción si no es capaz demantener unos niveles aceptables de respeto ambiental y de cohesión social, teniendo en cuentasu entorno, su historia, su cultura.En todo caso, las ciudades, o mejor dicho, las aglomeraciones metropolitanas son reconocidascomo unosactores económicos de primer orden
 
, como mínimo al mismo nivel que los Estados,sino superiores. Y si esto es así, hace falta tener en cuenta que las tendencias siguenempujando en esta dirección, y que desde los diferentes organismos internacionalesse trabajapara reforzarlas.Este reconocimiento del importante papel que juegan las ciudades tiene bastante sentido, perocontiene una doble trampa que se pone de manifiesto en el momento de pasar a la acciónpolítica sobre el terreno. En primer lugar, la definición de aquello que se considera ciudad no esuniversal, dado que existen muchas formas urbanas claramente diferentes entre sí y, además,tampoco resulta inmediato establecer los límites donde termina la ciudad y donde empieza la“no-ciudad”. En segundo lugar, porque en muchas de las delimitaciones que finalmente seutilizan para designar espacios metropolitanos se acaban incorporando territorios que, a pesar de estar cercados por el tejido urbano, no responden a las mismas características físicas nifuncionales ni, a menudo, la gente que vive en ellos se siente realmente urbana.El entorno metropolitano de Barcelona podría ser un ejemplo de esta situación. Existe un amplioconsenso académico e institucional al hablar de tres coronas metropolitanas; contamos con unárea metropolitanaparcialmente institucionalizaday en vías de conversión en administraciónlocal de carácter pleno; conocemos cuáles son los municipios que se considera que forman partede la Región Metropolitana... Pero esto no agota el debate sobre dos cuestiones fundamentales:una, ya citada, la de los límites “reales”, si es que se pueden establecer, del hecho urbano-metropolitano; la otra, qué estrategias de desarrollo, en sentido amplio, deben de adoptar elespacio urbano y el no urbano y como se deben coordinar en el supuesto de que se considereque tienen que ser diferentes.
Los límites
El debate sobre los límites reales de la metrópoli barcelonesa ha llenado ya muchas páginas enlas últimas décadas, y no es objeto de análisis en este artículo. Simplemente es preciso hacer tres consideraciones:
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