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PROLOGO
La serie de relatos contenidos en este presente libro debidos a la pluma de Mario Echeverría Baleta, refleja aspectos dela vida cotidiana de los tehuelches en la faz cultural, espiritualy material de los mismos, haciéndolos conocer y, por ende, rescatándolos del olvido en un aporte literario que no puedemenos que ser elogiado.La vida de los tehuelches extraída de la memoria del tiempo en los relatos que encierra este libro, historias vigentes enlos escritos y testimonios de viajeros, exploradores y estudiosos, con más la propia experiencia de campo del autor,conocedor como pocos de diversos rincones geográficos y extensiones zonales del territorio de Santa Cruz, en unatrayectoria que abarca casi toda la vida del autor.Es así que este trabajo se suma a otros del mismo autor, el cual de siempre se intereso en conocer primero y difundir después la vida aborigen de la Patagonia, especialmente de esta parte sur del río Santa Cruz y hasta el Estrecho deMagallanes, espacio y extensión del desplazamiento y correrías del pueblo aónikenk.El transcurrir de trece mil años de historia de los tehuelches, digamos una historia no escrita por los actores, pero sírescatada por aquellos que llegaron a conocerlos en la etapa final de su desarrollo, una evolución interrumpida por circunstancias históricas que se dan entre los pueblos a lo largo del tiempo, de ese bagaje cultural así rescatado comodijimos más arriba, el conocimiento adquirido a través de los últimos exponentes del grupo tehuelche por parte denuestro autor, es el fruto de estas historias elaboradas por la pluma de Mario Echeverría Baleta.En un aporte más que hace al conocimiento del manso pueblo tehuelche, el cual cuando vio que su entornocircunstancial de miles de años ya no iba siendo el mismo, en parte se retrajo en sí mismo, pero a su vez se extendió enel tiempo a través del mestizaje.Estos escritos de Echeverría Baleta nos ilustran sobre multitud de aspectos del pueblo aónikenk, matizándolo con palabras propias del lenguaje tehuelche, lenguaje sin soporte escrito como sabemos, por lo que a pesar de ello losdistintos estudiosos del idioma tehuelche, trataron de fijar en el papel yen la cinta grabada las inflexiones lingüísticas deun idioma que va desapareciendo al mismo tiempo que sus portadores.De cualquier manera, este trabajo, dentro de las dificultades que son propias y naturales de estudios que pertenecen auna cultura en extinción, por una parte, y cambiante, por otra, contribuye a rescatar y difundir las características de ricoacervo de un pueblo como el tehuelche y en donde trabajos como el presente propician a su difusión y conocimiento.Prof. D. Osvaldo Topcic Noviembre de 1996
 
INTRODUCCION
Al arribar la expedición de Magallanes a Puerto San Julián, el año 1520, toma contacto con un nativo al que llamóPatagón, recordando el personaje de Amadís de Gaula en la novela "Primalión de Grecia" (Sevilla 1512). Patagónsignifica "hombre primitivo".Al producirse la ocupación del meridión americano, se reemplazó la denominación de "patagones" por "tehuelches",conjunción de las lenguas pampa con mapuche, cuando, en realidad ellos se denominaban "chonke".Ramón Lista, que vivió muchos años en la Patagonia en contacto continuo y muy familiar con el pueblo tehuelche,empleó comúnmente, para distinguirlo, el gentilicio tzóneka. Ya lo habían hecho anteriormente, y de manera corriente,gran número de autores (entre ellos Musters, Schmidt y Claraz, que deben reputarse como lo menos expuestos a errar eneste asunto), en las respectivas formas tsóneka, tsónik, que no son más que transcripciones y variantes del vocablo"chonke", con que ]os patagones se llamaron constantemente como queriendo decir "nosotros los hombres".Según los datos recogidos del terreno y en la literatura, e] gentilicio "chonke" era el más extendido territorialmente, pues comprendía todas las tribus de cazadores que moraban habitualmente desde Río Negro hasta el Estrecho deMagallanes.Los que vivían al sur del río Santa Cruz usaron denominarse con el gentilicio aónikenk, con que aún se distinguen susúltimos sobrevivientes. Aunque el nombre "chonke" fue más antiguo que el vocablo "tehuelche", este último haalcanzado una circulación siempre más extensa después que la lengua mapuche ha predominado en el sur a causa delcreciente flujo migratorio del araucano.La forma escrita "tsóneka" obedece a la grafía inglesa utilizada por G. Musters, pero considero que nosotros debemosconservar nuestra forma idiomática y escribir "chonke", que es la grafía más aproximada a la realidad, aunque sigamosdiciendo "tehuelche" por acostumbramiento.Consideré necesario describir brevemente algunos momentos de la vida cotidiana de los "chonke", como introducción acada leyenda, para que se tenga una imagen más cercana a la realidad en cuanto a la forma de pensar y el por qué de lamitología.Mario Echeverría Baleta25 de agosto de 1996
 
CAPITULO 1: CREACIÓN DEL MUNDO
A mediados de enero, en pleno verano, madura el "calafate" en la Patagonia, fruto nativo de sabor muy agradable,especialmente por la gente de campo, que lo utiliza para preparar mermelada o un licor comúnmente llamado "chicha", al que los chonkes llamaban "guachacay", El calafate(1), en todocaso, generalmente es comido directamente de la mata, teniendocuidado de sus afiladas espinas.El zumo del calafate, además de servir para hacer guachacay, era usado antiguamente para teñir lana, por su color azul -morado intenso, presumiéndose incluso que haya sido utilizado en las pinturas rupestres; sin embargo, dada su procedencia orgánica, no ha perdurado como aconteció con las pinturas realizadas con tobáceas, tan comunes en SantaCruz."Quien come calafates no puede negarlo", reza un proverbio santacruceño, ante algo evidente, puesto que el zumo azuldel fruto tiñe tan intensamente los labios y las manos de quien lo come que vano sería negado. Otro, de la misma procedencia, dice: "Quien come calafates vuelve". La explicación de este proverbio la he dado en "Koonek", leyendadel calafate.Su madera, de dura consistencia, era muy apreciada para fabricar los cabos de las herramientas, tales como: cuchillos,raspadores, punzones, etc. Además: cunas, arcos, astiles, soportes para armar los toldos y otros enseres. Durante eltraslado de un aike a otro, las brasas de madera de calafate -por su duración- ocupaban un lugar preferencial. También, para estaquear los cueros, estirar un charqui (2) o hacer un asado al palo era indispensable el uso de esta madera noble.El calafate fue reparo, comida, bebida, cabo de herramienta, calor, vivienda y cuna de los primitivos habitantes.También remedio y tintura; se extraía el amarillo de las raíces, los verdes de las hojas y el azul-morado del frutomaduro. La destacada artista santacruceña, doña Sofía Vicic de Cépernic, utiliza estas pinturas tradicionales en sus bellas obras de arte, logrando magníficos matices.El calafate fue y sigue siendo el más útil de los arbustos santacruceños. Por la forma de sus hojas, por el tamaño de susespinas y por su estructura, podemos clasificarlos en variasespecies.Febrero es la época de la madurez plena del fruto, de manera que los niños disfrutan de este manjar a toda hora.En tiempos muy lejanos un grupo de niños tehuelches, de regreso al kau, tras haber pasado el día comiendo calafates enun cañadón, miraban las llamitas mortecinas del fuego apenas encendido hasta que uno de ellos, llamado Tako, rompióel silencio.-Abuela Tama, dinos: ¿Cómo nacen los calafates?La anciana, sin dejar de sobar el cuero, le respondió:-Nacen de la semilla, crecen, florecen, la flor se hace fruto y contiene muchas semillas, que desparraman los pájaros ylos hombres para que nazcan nuevas plantas y así siempre...Tras un silencio, el niño preguntó:-¿Y cómo nació el primer calafate?La abuela Tama era quien siempre narraba las tradiciones, especialmente a los niños. Entonces se le iluminaba el rostrocurtido por el tiempo y hablaba pausadamente, sin omitir detalle. Concluyó su explicación y creyó satisfecha lacuriosidad del pequeño, pero otro niño le solicitó:-Cuéntanos abuela Tama. ¿Cómo empezó todo? ¿Antes de antes, cuando no había nada, ni siquiera "Güent"?-Es muy largo de contar -manifestó la anciana-. Hoy les hablaré de Kooch y durante los días siguientes les iré narrandoesta hermosa historia de nuestros antepasados.
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