Dice Ballard en el “Prólogo” de
Crash
, “Nuestros conceptos de presente,
pasado y futuro necesitan ser revisados, cada vez más. Así como el pasadomismo
–
en un plano social y psicológico
–
fue una víctima de Hiroshima y la eranuclear, así a su vez el futuro está dejando de existir, devorado por un presenteinsaciable. Hemos anexado el mañana al hoy, lo hemos reducido a una meraalternativa entre otras cosas que nos ofrecen ahora. Las opciones proliferan anuestro alrededor. Vivimos en un mundo casi infantil donde todo deseo, cualquierposibilidad, trátese de estilos de vida, viajes, identidades sexuales, puede sersatisfecho en seguida. / Añadiré que a mi criterio el equilibrio entre realidad yficción cambió radicalmente en la década del setenta, y los papeles se estáninvirtiendo. Vivimos en un mundo gobernado por ficciones de toda índole: laproducción en masa, la publicidad, la política conducida por una rama de lapublicidad, la traducción instantánea de la ciencia y la tecnología en imagineríapopular, la confusión y confrontación de identidades en el dominio de los bienesde consumo, la anulación anticipada, en la pantalla de TV, de toda reacciónpersonal a alguna experiencia. Vivimos dentro de una enorme novela. Cada vezes menos necesario que el escritor invente un contenido ficticio. La tarea del
escritor es inventar la realidad” (BALLARD, 1979 (b): 11
-12). Dentro de estaparálisis histórica, producida por una producción del deseo sujeta al incansableretorno de la mercancía, la ciencia ficción
“inventa realidad” porque pone en
evidencia el substrato material sobre el cual descansa esta utopía/apocalipsiscapitalista. Que la ciencia ficción invente realidad es sólo una aparentecontradicción, apenas un juego de palabras en la medida en que la invención sólopuede ser percibida como una ficción para el ideologizado sentido común que nopuede tomar distancia de su propio medio de existencia. Leemos en
Noches de cocaína
: “Lo irreal prosperaba por todas partes, un imán para incautos”
(BALLARD, 1997: 17). Lo irreal llena el mundo, buscando una utopía que, en los
balnearios de esta novela, se describe así: “la arquitectura blanca que borraba la
memoria; el ocio obligatorio que focilizaba el sistema nervioso [...]; la aparenteausencia de cualquier estructura social: la intemporalidad de un mundo más allá
del aburrimiento, sin pasado ni futuro y con un presente cada vez más reducido”
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