han estado libres del deseo de sentir esas emociones e ilusiones que únicamenteproducen vacío, del deseo de obtener la atención y la aprobación de los demás, la fama,la popularidad, el éxito o el poder.Fíjate en las personas que te rodean. ¿Hay entre ellas alguna que no se interese poresos sentimientos mundanos? ¿Hay una sola que no esté dominada por dichossentimientos, que no los ansíe, que no emplee, consciente o inconscientemente, cadaminuto de su vida en buscarlos? Cuando consigas ver esto, comprenderás cómo la gentetrata de ganar el mundo y cómo, al hacerlo, pierde su vida. Y es que viven unas vidasvacías, monótonas, sin alma...Propongo a tu consideración la siguiente parábola de la vida: un autobús cargado deturistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Perolas cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la menor idea de loque hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debeocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno deconsideración... Y así siguen hasta el final del viaje.Meditación 2Felicidad y falsas creencias«Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sushermanos y hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío» (Lc. 14,26)Echa un vistazo al mundo y observa la infelicidad que hay en torno a ti y dentro de timismo. ¿Acaso sabes cuál es la causa de tal infelicidad? Probablemente digas que lacausa es la soledad, o la opresión, o la guerra, o el odio, o el ateísmo... Y estarásequivocado. La infelicidad tiene una sola causa: las falsas creencias que albergas en tumente; creencias tan difundidas, tan comúnmente profesadas, que ni siquiera se te ocurrela posibilidad de ponerlas en duda. Debido a tales creencias, ves el mundo y te ves a timismo de una manera deformada. Estás tan profundamente «programado» y padeces tanintensamente la presión de la sociedad que te ves literalmente obligado a percibir elmundo de esa manera deformada. Y no hay solución, porque ni siquiera sospechas que tupercepción está deformada, que piensas de manera equivocada, que tus creencias sonfalsas.Mira en derredor tuyo y trata de encontrar a una sola persona que sea auténticamentefeliz: sin temores de ningún tipo, libre de toda clase de inseguridades, ansiedades,tensiones, preocupaciones... Será un milagro si logras encontrar a una persona así entrecien mil. Ello debería hacerte sospechar de la «programación» y las creencias que tantotú como esas personas tenéis en común. Pero resulta que también has sido«programado» para no abrigar sospechas ni dudas y para limitarte a confiar en lo que tutradición, tu cultura, tu sociedad y tu religión te dicen que des por sentado. Y si no eresfeliz, ya has sido adiestrado para culparte a ti de ello, no a tu «programación» ni a tusideas y creencias culturalmente heredadas. Pero lo que empeora aún más las cosas es elhecho de que la mayoría de las personas han sufrido tal lavado de cerebro que ni siquiera
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