asumió nuestra naturaleza y habitó entre nosotros. El Hijo del Altísimo estuvo aquí en estemundo inferior. Estuvo
en
el mundo, pero no era
del
mundo. Vino a salvar a un mundo perdido,porque era un mundo de Su propia hechura. Sin embargo, el mundo no le conoció. Cuando vengacomo Juez, el mundo le conocerá. Muchos dicen que son de Cristo, aunque no lo reciben porqueno dejan sus pecados ni permiten que Él reine sobre ellos. —Todos los hijos de Dios son nacidosde nuevo. Este nuevo nacimiento es por medio de la palabra de Dios, 1 Pedro i, 23, y por elEspíritu de Dios en cuanto a Autor. Por su presencia divina Cristo siempre estuvo en el mundo,pero, ahora que iba a llegar el cumplimiento del tiempo, Él fue, de otra manera, Diosmanifestado en la carne. Obsérvese, no obstante, los rayos de su gloria divina que perforaron estevelo de carne. Aunque tuvo en la forma de siervo, en cuanto a las circunstancias externas,respecto de la gracia su forma fue la del Hijo de Dios cuya gloria divina se revela en la santidadde su doctrina y en sus milagros. Fue lleno de gracia, completamente aceptable a su Padre, portanto, apto para interceder por nosotros; y lleno de verdad, plenamente consciente de las cosasque iba a revelar.
Vv. 15—18.
Cronológicamente y en la entrada en su obra, Cristo vino después de Juan, peroen toda otra forma fue antes que él. La expresión muestra claramente que Jesús tenía existenciaantes de aparecer en la tierra como hombre. En Él habita toda plenitud, de quien solo lospecadores caídos tienen, y recibirán por fe, todo lo que los hace sabios, fuertes, santos, útiles ydichosos. Todo lo que recibimos por Cristo se resume en esta sola palabra: gracia; recibimos:“gracia sobre gracia” un don tan grande, tan rico, tan inapreciable; la buena voluntad de Diospara con nosotros, y la buena obra de Dios en nosotros. La ley de Dios es santa, justa y buena; ydebemos hacer el uso apropiado de ella. Pero no podemos derivar de ella el perdón, la justicia ola fuerza. Nos enseña a adornar la doctrina de Dios nuestro Salvador, pero no puede tomar ellugar de esa doctrina. Como ninguna misericordia procede de Dios para los pecadores sino pormedio de Jesucristo, ningún hombre puede ir al Padre sino por Él; nadie puede conocer a Diossalvo que Él lo dé a conocer en el Hijo unigénito y amado.
Vv. 19—28.
Juan niega ser el Cristo esperado. Vino en el espíritu y el poder de Elías, pero noera la persona de Elías. Juan no era
aquel
Profeta del cual Moisés habló, que el Señor levantaríade sus hermanos como para Él. No era el profeta que ellos esperaban los rescataría de losromanos. Se presentó de tal manera que podría haberlos despertado y estimulado para que loescucharan. Bautizó a la gente con agua como profesión de arrepentimiento y como señal externade las bendiciones espirituales que les conferiría el Mesías, que estaba en medio de ellos, aunqueellos no le conocieron, Aquel al cual él era indigno de dar el servicio más vil.
Vv. 29—36.
Juan vio a Jesús que venía a él, y lo señaló como el Cordero de Dios. El corderopascual, en el derramamiento y rociamiento de su sangre, el asar y comer su carne y todas lasdemás circunstancias de la ordenanza, representaban la salvación de los pecadores por fe enCristo. Los corderos sacrificados cada mañana y cada tarde pueden referirse sólo a Cristo muertocomo sacrificio para redimirnos para Dios por su sangre. Juan vino como predicador dearrepentimiento, aunque dijo a sus seguidores que tenían que buscar el perdón de sus pecadossólo en Jesús y en su muerte. Concuerda con la gloria de Dios perdonar a todos los que dependendel sacrificio expiatorio de Cristo. Él quita el pecado del mundo; adquiere perdón para todos losque se arrepienten y creen el evangelio. Esto alienta nuestra fe; si Cristo quita el pecado delmundo entonces, ¿por qué no
mi
pecado? Él llevó el pecado
por
nosotros y, así, lo quita
de
nosotros. Dios pudiera haber quitado el pecado quitando al pecador, como quitó el pecado delviejo mundo, pero he aquí una manera de quitar pecado salvando al pecador, haciendo pecado asu Hijo, esto es, haciéndole ofrenda por el pecado por nosotros. Véase a Jesús quitando el pecado
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