depravados y corruptos; Él es hecho santificación, la fuente de nuestra vida espiritual: de Él, laCabeza, es dada a su cuerpo por su Espíritu Santo. Estamos esclavizados, y nos es hechoredención, nuestro Salvador y Libertador. Donde Cristo sea hecho justicia para un alma, tambiénes hecho santificación. Nunca absuelve de la culpa del pecado sin liberar de su poder; es hecho justicia y santificación, para que, al final, sea hecho redención completa; pueda liberar al almadel ser de pecado, y librar el cuerpo de las cadenas del sepulcro. Esto es para que toda carne,conforme a la profecía de Jeremías, capítulo ix, 23, pueda gloriarse en el favor especial, en lagracia absolutamente suficiente, y la preciosa salvación de Jehová.
CAPÍTULO II
Versículos 1—5.
La manera sencilla en que el apóstol predica a Cristo crucificado.
6—9.
Lasabiduría contenida en esta doctrina.
10—16.
No puede conocerse debidamente sino por elEspíritu Santo.
Vv. 1—5.
En su Persona, oficios y sufrimientos, Cristo es la suma y la sustancia del evangelio, ydebe ser el gran tema de la predicación de un ministro del evangelio, pero no tanto como paradejar fuera otras partes de la verdad y de la voluntad revelada de Dios. Pablo predicaba todo elconsejo de Dios. —Pocos saben el temor y el temblor de los ministros fieles por el profundosentido de su propia debilidad. Ellos saben cuán insuficientes son, y temen por sí mismos.Cuando nada sino Cristo crucificado es predicado con claridad, el éxito debe ser enteramente delpoder divino que acompaña a la palabra, y de esta manera, los hombres son llevados a creer, a lasalvación de sus almas.
Vv. 6—9.
Los que reciben la doctrina de Cristo como divina, y habiendo sido iluminados porel Espíritu Santo, han mirado bien en ella, no sólo ven la clara historia de Cristo, y a éstecrucificado, sino los profundos y admirables designios de la sabiduría divina. Es el misteriohecho manifiesto a los santos, Colosenses i, 26, aunque anteriormente escondido del mundopagano; sólo se le mostró en tipos oscuros y profecías distantes, pero ahora es revelado y dado aconocer por el Espíritu de Dios. —Jesucristo es el Señor de gloria, título demasiado grande paratoda criatura. Hay muchas cosas que la gente no haría si conociera la sabiduría de Dios en la granobra de la redención. Hay cosas que Dios ha preparado para los que le aman, y le esperan, cosasque los sentidos no pueden descubrir, que ninguna enseñanza puede transmitir a nuestros oídos,ni pueden aún entrar a nuestros corazones. Debemos tomarlas como están en las Escrituras, comoquiso Dios revelárnoslas.
Vv. 10—16.
Dios nos ha revelado sabiduría verdadera por su Espíritu. Esta es una prueba dela autoridad divina de las Sagradas Escrituras, 2 Pedro i, 21.21. Véase, como prueba de la divinidad del Espíritu Santo, que conoce todas las cosas yescudriña todas las cosas, aun las cosas profundas de Dios. Nadie puede saber las cosas de Dios,sino su Espíritu Santo, que es uno con el Padre y el Hijo, y que da a conocer los misterios divinosa su Iglesia. Este es un testimonio muy claro de la verdadera divinidad y de la personalidad delEspíritu Santo. —Los apóstoles no fueron guiados por principios mundanos. Recibieron delEspíritu de Dios la revelación de estas cosas, y del mismo Espíritu recibieron su impresiónsalvadora. Estas cosas son las que declararon con un lenguaje claro y sencillo, enseñado por elEspíritu Santo, totalmente diferente de la afectada oratoria o palabras seductoras de la humanasabiduría. El hombre natural, el hombre sabio del mundo, no recibe las cosas del Espíritu de
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