Vv. 1—7.
El alma prospera cuando conocemos claramente la verdad en Jesús. Entoncescreemos no sólo con el corazón, sino que estamos dispuestos a confesar con la boca cuandose nos pida. El conocimiento y la fe enriquecen el alma. Mientras más fuerte es nuestra fe, ymás cálido nuestro amor, más grande será nuestro consuelo. Los tesoros de la sabiduríaestán ocultos, no
de
nosotros, sino
para
nosotros en Cristo. Fueron escondidos de losincrédulos orgullosos, pero exhibidos en la persona y la redención de Cristo. —Nótese elpeligro de las palabras persuasivas: ¡cuántos se destruyen con los disfraces falsos y lasbellas apariencias de principios malos y de las prácticas impías! Estad vigilantes y temed alos que desean seducir para cualquier mal, porque su propósito es corromperos. Todos loscristianos han recibido al Señor Jesucristo; al menos por profesión le aceptaron y letomaron como suyo. No podemos edificar ni crecer en Cristo si primero, no estamosarraigados o fundamentados en Él. Estando afirmados en la fe podemos abundar y mejorarmás y más en ella. Dios quita con justicia este beneficio a quienes no lo reciben con acciónde gracias; con justicia, Dios requiere gratitud por sus misericordias.
Vv. 8—17.
Hay una filosofía que ejercita correctamente nuestras facultades deraciocinio: el estudio de las obras de Dios, que nos lleva al conocimiento de Dios yconfirma nuestra fe en Él. Pero hay una filosofía que es vana y engañosa; y aunquecomplace las fantasías de los hombres, obstaculiza la fe de ellos: tales son lasespeculaciones curiosas sobre cosas que no trascienden o no nos interesan. Los que van porel camino del mundo se han apartado de seguir a Cristo. En Él tenemos la sustancia detodas las sombras de la ley ceremonial. Todos los defectos de la ley están compensados enel evangelio de Cristo por su sacrificio completo por el pecado, y por la revelación de lavoluntad de Dios. Ser completo es estar equipado con todas las cosas necesarias para lasalvación. Por esta sola palabra, “completo” se indica que tenemos todo lo requerido enCristo. “En Él”, no cuando miramos a Cristo como si estuviese lejos de nosotros, sinocuando tenemos a Cristo habitando y permaneciendo
en
nosotros. Cristo está en nosotros ynosotros en Él cuando por el poder del Espíritu, la fe obra en nuestros corazones por elEspíritu y somos unidos a nuestra Cabeza. La circuncisión del corazón, la crucifixión de lacarne, la muerte y sepultura al pecado y al mundo, y la resurrección a la novedad de vida,simbolizadas en el bautismo, y por fe obrada en nuestros corazones, demuestran quenuestros pecados han sido perdonados, y que estamos completamente liberados de lamaldición de la ley. —Por medio de Cristo somos resucitados los que estábamos muertosen el pecado. La muerte de Cristo fue la muerte de nuestros pecados; la resurrección deCristo es la vivificación de nuestras almas. Cristo sacó del camino la ley de las ordenanzasque fue yugo para los judíos, y muro de separación para los gentiles. Las sombras huyeroncuando la sustancia se hizo presente. Como todo mortal es culpable de muerte, por loescrito en la ley, ¡qué espantosa es la situación de los impíos réprobos que pisotean lasangre del Hijo de Dios, que es lo único con que puede borrarse esta sentencia! Que nadiese perturbe con los juicios fanáticos relacionados a la carne o a las solemnidades judías.Apartar un tiempo para adorar y servir a Dios es un deber ineludible que no dependenecesariamente del séptimo día de la semana, el día de reposo de los judíos. El primer díade la semana o el día del Señor es el tiempo que los cristianos guardan santo en memoria dela resurrección de Cristo. Todos los ritos judaicos eran sombra de las bendiciones delevangelio.
Vv. 18—23.
Parecía humildad recurrir a los ángeles, como si los hombres tuviesenconciencia de su indignidad para hablar directamente a Dios, pero eso no tiene respaldo,porque toma la honra debida sólo a Cristo y se la confiere a la criatura. En esta humildad
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