Resabios del autoritarismo
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Por Alejandro Rosas
Creadas o reformadas para prevenir o solucionar una situación concreta, ciertas leyes o algunos de sus artículos–como el 33 constitucional-, se convirtieron en el instrumento con el que el sistema político mexicano mantuvobajo control a los actores potencialmente peligrosos para su permanencia en el poder o que, aparentemente,podían poner en riesgo su estabilidad. La historia contemporánea de México registra varios casos en donde elautoritarismo del sistema político mexicano se vistió de un legalismo simulado, alejado de la justicia, donde lo queimperaba era la discrecionalidad de la ley.Algunos meses antes de que México ingresara en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Manuel ÁvilaCamacho tomó las providencias necesarias para hacer frente al conflicto internacional con miras a evitar elementosque desestabilizaran políticamente al país. En octubre de 1941, el artículo 145 del Código Penal fue reformado y seintegró un nuevo delito: disolución social. De acuerdo con la reforma, incurrían en él, el extranjero o nacionalmexicano que realizara propaganda política, defendiendo “ideas, programas o normas de acción” de cualquiergobierno extranjero que perturbaran el orden público o pusieran en riesgo la soberanía de la nación.Parecía una ampliación del artículo 33 constitucional, pero con una diferencia: no era privativo de losextranjeros, podía aplicarse también a cualquier mexicano. En esos términos, la tipificación de la “disolución social” como delito estaba plenamente justificada. Por su posición geográfica con respecto a Estados Unidos, México eraun lugar estratégico para que los servicios de inteligencia de las potencias del Eje desarrollaran sus operaciones deespionaje. Por otra parte, la sociedad mexicana estaba dividida, no existía un verdadero sentimiento de empatíahacia la causa aliada e incluso llegaron a darse muestras de apoyo al fascismo. Razones de seguridad nacionalimpulsaron al gobierno mexicano a tomar la decisión de aplicar, a mexicanos y a extranjeros por igual, el artículo145 del Código Penal, y más aún cuando el país ingresó formalmente al conflicto bélico.En manos de un poder autoritario que empezaba su consolidación y buscaba perpetuarse, el delito de disoluciónsocial representó el gran instrumento de coerción, no contra el extranjero, sino contra los propios mexicanos. Elconcepto de disolución social rebasó la temporalidad de los sexenios y los siguientes gobiernos recurrieron a él, enrepetidas ocasiones, para destruir a los movimientos opositores independientes como el de los maestros,ferrocarrileros, médicos, estudiantes, entre otros. La mayor parte de los líderes obreros encarcelados en lossexenios de Alemán, Ruiz Cortines y López Mateos, fueron juzgados por el delito de disolución social.Los extranjeros por su parte, sobre todo los nacionales de Italia, Alemania y Japón, padecieron los efectos delas reformas al Código Penal pero sólo mientras duró la guerra, al gobierno ya no le interesó aplicarlo después,puesto que podía recurrir en cualquier momento y ante cualquier circunstancia al artículo 33 constitucional, muchomás efectivo, ya que no daba ninguna alternativa de defensa para los extranjeros.
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