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Reseña bibliográfica
Betsy Taylor pensó que entrar en el mundo de los no muertos era un gran cambio.Ser una nueva desposada no es mucho más fácil. El rubor sólo ha funcionado durante dos meses, y Betsy tiene mucho que hacer: establecer la nueva casa, terminar de escribir las notas de agradecimiento, y criar a BabyJon, su hermanastro y menor a su cargo. Sólo otra feliz familia americana que se adapta a la dicha marital.El marido de Betsy, Sinclair, ha estado examinando a fondo el Libro de los Muertos, y a Betsy la visita una fantasma que es incluso más insoportable, terca, y latosa de muerta que lo que fue en vida. Ella no sólo culpa a Betsy por su condición, sino que insiste en que lo arregle. Esto es tan sólo un preludio para el entretenimiento y diversión que esperan a Betsy y Sinclair cuando una jauría de antiguamente fieros vampiros,hambrientos de sangre y poder, hagan una visita a la feliz pareja.¡BIENVENIDA A LA VIDA DE CASADA, BETSY! 
 
 
 
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Capítulo 1
Aburrida, crucé la alfombra en cinco pasos, me subí al escritorio de Sinclair, y lebesé. Mi rodilla izquierda desalojó el teléfono, el cual golpeó el suelo con un golpeamortiguado e instantáneamente comenzó a hacer ese molesto eee-eee-eee. Mipatinazo directamente sobre el fax de Sinclair había conseguido despejar algo deespacioSorprendido, pero siempre dispuesto para un kiki mañanero (o como sea que llamenlos vampiros al sexo a las 7:30 de la noche), mi marido me devolvió el beso conentusiasmo. Entre tanto, debido al anteriormente mencionado patinazo, le golpeé tanduro que su silla dio contra la pared con la suficiente fuerza como para abrir una grietaen el empapelado. Más trabajo para el manitas.Tiró, y mi sueter (¡cachimera! agh) se desgarró por la mitad. Empujó, y mi falda (AnnTaylor) subió. Desgarró, y mis bragas (Target) se fueron a quién sabe donde. Y yoestaba bastante ocupada tirando a su vez de su camisa (por mucho que lo intentara nopodía conseguir que el rey de los vampiros dejara de llevar trajes), así que la ropavolaba por todas partes.Hizo esa cosa de barrido-por-el-escritorio que ves en las películas y me tumbó sobrela espalda. Se inclinó hacia abajo, y yo dije: ¡Los zapatos no!, así que los dejó en paz(aunque noté los ojos en blanco y la nota mental sobre quejarse al respecto luego).Tiró, empujó y entró. Dolió un poco, porque normalmente yo necesitaba más dedieciséis segundos de precalentamiento, pero aún así fue un polvo grandioso(¡literalmente!).Envolví las piernas alrededor de su cintura, así pude admirar mis bailarinas
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