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Este artículo será publicado como el capítulo segundo en S. Amin, G. Arrighi, A. G. Frank y I. Wallerstein,
Transforming the Revolution: Social Movements and the World System,
Monthly Review Press, Nueva York, 1990. Debo dar las gracias a Terence K. Hopkins y Be- verly J. Silver por sus comentarios y críticas de los primeros borradores de este capítulo.
En los párrafos finales de la primera sección del
Manifiesto del Par- tido Comunista,
Marx y Engels exponen dos razones distintas porlas que terminará la dominación de la burguesía
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. Por una parte, laburguesía «no es capaz de dominar, porque no es capaz de asegurara su esclavo la existencia ni siquiera dentro del marco de la esclavi-tud, porque se ve obligada a dejarle decaer hasta el punto de tenerque mantenerle, en lugar de ser mantenida por él. La sociedad ya nopuede vivir bajo su dominación, lo que equivale a decir que la exis-tencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de lasociedad». Por otra parte: «El progreso de la industria, del que la bur-guesía, incapaz de oponérsele, es agente involuntario, sustituye elaislamiento de los obreros, resultante de la competencia, por suunión revolucionaria mediante la asociación. Así, el desarrollo de lagran industria socava bajo los pies de la burguesía las bases sobre las
Giovanni Arrighi
Siglo xx: siglo marxista,siglo americano: la formación y la transformacióndel movimiento obrero mundial
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Karl Marx, Friedrich Engels,
The Communist Manifesto,
Harmondsworth 1967, pp. 93-94.[Existe edición en castellano:
Manifiesto Comunista,
 Akal Ediciones, Madrid, 1997, p. 37.]
que ésta produce y se apropia de lo producido. La burguesía pro-duce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la vic-toria del proletariado son igualmente inevitables»
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. Mi tesis aquí seráque ambas predicciones representan tanto la fuerza como la debili-dad del legado marxiano. Representan su fuerza porque se han vis-to convalidadas en muchos aspectos cruciales por las tendenciasfundamentales de la economía-mundo capitalista en los 140 añosposteriores. Y representan su debilidad porque ambas previsionesse contradicen mutuamente en aspectos parciales y porque ademásesa contradicción ha seguido viviendo sin llegar a resolverse en lasteorías y las prácticas de los seguidores de Marx.La contradicción, tal y como yo la veo, es la siguiente. La primeraprevisión es la de la impotencia proletaria. La competencia impideal proletariado la participación en los beneficios del progreso indus-trial y le lleva a tal estado de miseria que, en vez de una fuerza pro-ductiva, se convierte en un lastre para la sociedad. La segunda pre- visión, en cambio, es la de la potencia proletaria. El desarrollo de laindustria sustituye la competencia por la asociación entre proleta-rios, socavando la capacidad de apropiación burguesa de los bene-ficios del progreso industrial.Para Marx, naturalmente, no había una verdadera contradicción. Latendencia al debilitamiento del proletariado remitía al ejército in-dustrial del reserva y socavaba la
legitimidad 
de la dominaciónburguesa. La tendencia al reforzamiento del proletariado remitía alejército industrial activo y socavaba la capacidad de apropiaciónburguesa del excedente. Además, ambas tendencias no se con-cebían como independientes entre sí. En la medida en que se ve so-cavada la capacidad de apropiación burguesa del excedente, se de-rivan dos tendencias que atañen al ejército industrial de reserva. Losmedios de que dispone la burguesía para «alimentar», es decir, parareproducir el ejército industrial de reserva se reducen, a la vez quedisminuyen también los incentivos al empleo de trabajo proletariocomo medio de aumentar el capital y,
ceteris paribus,
aumenta elejército de reserva. De ahí que todo aumento del poder de resisten-cia a la explotación por parte del ejército industrial activo se traduz-ca más o menos automáticamente en una pérdida de legitimidad delorden burgués. Al mismo tiempo, toda pérdida de legitimidad debida a la incapaci-dad de asegurar el sustento del ejército de reserva se traduce más omenos automáticamente en un mayor (y cualitativamente superior)poder del ejército activo. Desde la perspectiva de Marx, los ejércitosactivo y de reserva estaban formados por un mismo material huma-no que se supone circula más o menos continuamente de uno aotro. Los mismos individuos formaban parte hoy del ejército indus-trial activo y mañana del ejército industrial de reserva, en función delos continuos altibajos de las empresas, las líneas de producción y 
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los escenarios productivos. Así, el orden burgués perdería su legiti-midad entre los miembros del ejército de reserva así como del ejér-cito activo, aumentando la tendencia de aquellos que por venturaformaran parte del ejército activo a transformar su asociación en elproceso productivo, de un instrumento de explotación por parte dela burguesía en un instrumento de lucha contra ésta.
Los tres postulados
El poder del modelo descansa en su sencillez. Se basa en tres pos-tulados. En primer lugar, tal y como Marx declarará en el tercer tomo
El Capital,
el límite del capital es el propio capital. Es decir, la evo-lución y la defunción final del capital están inscritos en sus «genes».El elemento dinámico es «el progreso de la industria», sin el cual laacumulación capitalista no puede seguir su camino. Pero el progre-so de la industria sustituye la competencia entre los trabajadores, so-bre la que descansa la acumulación, por su asociación. Tarde o tem-prano, la acumulación capitalista resulta contraproducente.Sin embargo, esta perspectiva determinista sólo se aplica al conjun-to del sistema y para largos períodos de tiempo; para espacios y tiempos particulares, el resultado permanece completamente inde-terminado. Hay derrotas y victorias del proletariado, pero ambas sonacontecimientos necesariamente provisionales y localizados quetienden a ser «compensados» por la lógica de la competencia entrelas empresas capitalistas y entre los proletarios. Lo único que es ine- vitable en el modelo es que, muy a largo plazo, la acumulación ca-pitalista crea las condiciones para un aumento de las victorias pro-letarias sobre las derrotas hasta que la dominación burguesa se veadestituida, sustituida o transformada hasta llegar a ser irreconocible.El tiempo y las modalidades de la transición a un orden postburguéspermanecen a su vez indeterminados. Precisamente porque la tran-sición se hacía depender de una multiplicidad de victorias y derro-tas combinadas espacial y temporalmente en formas impredecibles,el
Manifiesto 
decía poco sobre los contornos de la futura sociedad,salvo que llevaría las huellas de la cultura proletaria, con indepen-dencia de lo que pudiera ser la cultura en la época de transición.Un segundo postulado es el de que los agentes del cambio social alargo plazo y a gran escala son personificaciones de tendencias es-tructurales. La competencia entre los miembros individuales de laburguesía asegura el progreso de la industria, mientras que la com-petencia entre los miembros individuales del proletariado aseguraque los beneficios correspondan a aquélla. Sin embargo, el progresode la industria significa una cooperación cada vez mayor dentro de y entre los procesos de trabajo, lo que, en una determinada fase de de-sarrollo, transforma al proletariado de un conjunto de individuos encompetencia en una clase unida capaz de acabar con la explotación.La conciencia y la organización son reflejos de procesos estructura-les de competencia y cooperación que no responden a ninguna vo-
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