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El marxismo de Althusser
Alex CallinicosIntroducciónAgradecimientosDebo agradecer a muchas personas su colaboración en este ensayo: a Eric Cameron, AllinCottrell, Tony Dodd, Chris Harman, Alan Montefiore, Mike Rosen y Bruce Young, sinquienes entendería a Althusser aún menos de lo que lo comprendo; a Mike Kidron por susugerencia de que escribiera este ensayo, y a Richard Kupper por su paciente cuidado delmismo; a Colin Barker, Jim Grealey y Mike McKenna por sus comentarios a losborradores. Todos ellos rechazarían la responsabilidad del resultado, del cual yo soy elúnico culpable. Se lo dedico al difunto Imre Lakatos.Diciembre de 1975_____________IntroducciónLouis Althusser demanda nuestra atención como marxista, y es como marxista que debe juzgársele. Lo que escribe en Pour Marx es cierto de todo su trabajo:“Estos textos deben tomarse como lo que son. Son ensayos filosóficos, las primerasetapas de una investigación a largo plazo, resultados preliminares que obviamenterequieren corrección; esta investigación se ocupa de la naturaleza específica de losprincipios de la ciencia y la filosofía que fundó Marx. Sin embargo, estos ensayosfilosóficos no se derivan de una investigación meramente erudita o especulativa. Son,simultáneamente, intervenciones en una coyuntura definida”.[1]El carácter de la actual coyuntura política está claramente expuesto en el mismo texto yen otros varios pasajes del trabajo de Althusser. Es esencialmente la crisis de posguerradel estalinismo, la crisis provocada en el movimiento comunista internacional por elintento de redefinir el carácter del movimiento,[2] crisis que comenzó en 1956 con elXXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Después discutiremos sobreella y su relación con los problemas filosóficos que Althusser ha tratado.[3]Mi intención de tomar a Althusser en sus propios términos, es decir como marxista,establece el enfoque de este ensayo. Y lo que es más importante, establece lo que no eseste trabajo. No es un estudio del trabajo de Althusser como parte de las tendenciasintelectuales popularmente agrupadas bajo la etiqueta de estructuralismo (a pesar delrechazo de muchos de los principales proponentes declarados del estructuralismo,
 
incluyendo al propio Althusser). Tampoco es un estudio de la filosofía de Althusser enrelación con el desarrollo de la moderna filosofía francesa o aun europea.[4] Es unintento de colocar a Althusser en su contexto dentro de la tradición marxista y determinarsu contribución a esa tradición.Este enfoque tiene una serie de problemas que le son propios. Por ejemplo, ¿cuál es latradición marxista? Identificarla con una selección de textos, como un cuerpo doctrinario,abre el camino a la peor clase de dogmatismo. En cualquier caso, esta identificaciónpresupondría la existencia de principios que gobernaran la selección, y estos principios deningún modo serían evidentes por sí mismos. Igualmente, ¿incluimos a Stalin o a Trotskycomo parte de la tradición marxista, o a ninguno, o a los dos? Esta no es una preguntameramente académica, sino que tiene un sentido político muy preciso. Pero si laselección no ha de ser arbitraria, dictada por las necesidades políticas del momento,necesitamos alguna base objetiva para hacer juicios.Por otro lado, identificar a la tradición marxista con el método marxista, como lo haceLukacs,[5] implica abrirnos al peligro de prejuzgar los puntos que trata Althusser. Porquesi fuéramos más allá de definir al marxismo en razón de su método para caracterizar estémétodo, estaríamos entrando en aquello que debate Althusser y se centra precisamentealrededor del problema del método.Este es un problema inherente a nuestro tema. De hecho, regresaremos a él cuandodiscutamos el círculo sobre el que descansa el sistema de Althusser.[6] Únicamentepodemos enfrentarlo por el momento, definiendo los términos en que vamos aaproximarnos a Althusser. No defenderé mi solución, que no es original y solamente esprovisional. Se trata de caracterizar al marxismo como la teoría y la práctica de larevolución de los trabajadores. La peculiaridad del marxismo como teoría científica,radica en el hecho de que sirve como instrumento de la clase trabajadora en su lucha porliberarse de la explotación y la opresión capitalista, instrumento que, en manos de unpartido que proviene y se relaciona con la actividad misma de la clase trabajadora, puedeservir como guía en el camino hacia la revolución.Hay defectos en esta formulación. Para empezar, es demasiado vaga. Esto no esnecesariamente una falta seria: podemos afinarla con referencias o ejemplos y analogíashistóricas cuando sea preciso. Lo que es más serio es que es completamente dogmática.No he intentado justificarlo. Sin embargo, confío en que esta falla desaparecerá en elcurso del ensayo ya que, como veremos, una característica importante del trabajo deAlthusser es la luz que arroja sobre la relación entre la teoría marxista y la lucha declases.[7]Voy a delinear, el curso de mi argumentación. Trataré primero de desarrollar laimportancia política de las cuestiones que suscita la filosofía marxista. Procederéentonces a examinar la filosofía de Althusser como respuesta a estas cuestiones,exponiéndola primero sistemáticamente y después analizándola críticamente. El análisisse extenderá entonces, más allá de la teoría como tal, a las posiciones políticas querefleja. Finalmente trataré de reunir los cabos juzgando el trabajo de Althusser a la luz de
 
sus contribuciones a la tradición marxista, es decir, al marxismo como teoría y práctica dela revolución de los trabajadores.Una última palabra. Como diría el mismo Althusser, no hay lecturas inocentes; dichosimplemente, cada interpretación involucra supuestos propios, teóricos y políticos. Debodeclararme culpable a este respecto. Mi actitud hacia Althusser reúne suficiente respetopor su trabajo para desear comprenderlo en su tiempo y como un todo, y suficientesreservas, particularmente en el nivel político, para querer enmendar los errores quecontiene. Al escribir este ensayo, como debe estar claro, he compartido algunas veces losprejuicios y supuestos de Althusser. Esto es particularmente cierto en lo que toca a lo quehe llamado marxismo hegeliano. No me avergüenzo de esto; mi tratamiento delmarxismo hegeliano es mucho menos sumario y polémico del que Althusser ha sufrido amanos de opositores marxistas y no marxistas por igual.Al mismo tiempo, este ensayo no es una apología de Althusser. Aunque ha hechocontribuciones significativas para la comprensión del marxismo, lo que trataré en detalle,su postura global no es la que puede mantener un revolucionario consistente. Me haextrañado la objeción persistente al hecho de que hay una contradicción entre aceptarelementos de una teoría y rehusar apoyarla como un todo. Lógicamente, éste no es porcierto el caso. Desde un punto de vista filosófico, siempre y cuando se detalle la relaciónentre los elementos correctos e incorrectos de una teoría que les permite coexistir dentrode la misma, podemos olvidarnos de esta "contradicción". No he dudado en contradecir aAlthusser cuando es descuidado, inconsistente o simplemente está equivocado.El problema con la recepción que ha tenido Althusser, al menos en Inglaterra, ha sido poruna parte la aceptación o el rechazo dogmático y acrítico de su trabajo, y por otra parte layuxtaposición ecléctica de grandes trozos indigestos de Althusser con dosis similares deLukacs o Sartre. He intentado evitar estas trampas.____________Notas1. Althusser (1965), p. 9.2. Ver Birchail (1974) en relación a la crisis del estalinismo de posguerra. Obviamente,esta crisis “dentro” del estalinismo era un reflejo de los acontecimientos en las sociedadesdel bloque soviético, incluyendo el final de la fase de la “acumulación primitiva” enRusia y los levantamientos de los trabajadores contra los regímenes de capitalismoestatal, comenzando con Berlín en 1953 y Hungría en 1956. Ver Harman (1974).3. Ver capitulos 1 y 4.4. Obviamente un examen del medio intelectual de Althusser, el París de los sesentas ysetentas, podría arrojar mucha luz. A pesar de sus protestas, hay ciertos paralelismosentre las preocupaciones de Althusser y las de figuras como el antropólogo Levi-Strauss,
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