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¿OPINI
Ó
N P
Ú
BLICA O CONCIENCIACI
Ó
N ABERTZALE?CR
Í
TICA CONSTRUCTIVA DE LA PR
Á
CTICA COMUNICATIVA DEL MLNV0.- ACLARACI
Ó
N1. ¿SUPERFICIALIDAD Y/O DESCONOCIMIENTO?
1-1. Buceando en el pasado1-2. El pasado inmediato1-3. Conclusi
ó
n 
2.
 
NUESTRAS CARENCIAS TE
Ó
RICAS
2-1. Herencia que ahorca2-2. El mito de la comunicaci
ó
n social2-3. La industria cultural2-4. Estado y transnacionalizaci
ó
n2-5. ¿Hacia la realidad virtual?2-6. Conciencia e ideolog
í 
a2-7. Conclusi
ó
n
3.
 
NUESTRAS POSIBILIDADES
3-1. Identidad nacional y de clase3-2. Acci
ó
n y conciencia3-3. Autonom
í 
a de lo social3-4. Riqueza del MLNV3-5. ¿Utilizar los medios del enemigo?3-6. Cambios contextuales3-7. Conclusi
ó
n
4.
 
NUESTRAS CARENCIAS PR
Á
CTICAS
 4-1. Tres contradicciones4-2. Cuatro interrogantes sociales4-3. D
é
bil raz
ó
n y ausencia de modelo4-4. Inmediatismo cegato4-5. Burocracia y automatismo4-6. No rentabilizamos4-7. Distancias internas4-8. ¿Euforizantes?4-9. Conclusi
ó
n
5.
 
¿QU
É
HACER?
 5-1. Acci
ó
n, miedo e imagen5-2. El deseo y el ma
ñ
ana5-3. Identidad y radicalidad5-4. Otros sentimientos e identidades5-5. Contra el Estado invisible5-6. ¡Viva la asepsia conceptual!5-7. Cipayos desnudos e impotentes5-8. Unidad y diversidad del MLNV5-9. Conclusi
ó
n
6.
 
RESUMEN
1
 
0.-
 
ACLARACI
Ó
N
Las reflexiones y propuestas que siguen son producto del t
í 
pico vicio de preguntar sobre las causas de lascausas.Originariamente la primera cuesti
ó
n era la de qu
é
postura deb
í 
amos tomar frente a los medios de prensa delenemigo. Todas nuestras buenas intenciones y largos mon
ó
logos en las reuniones se empantanaban deinmediato nada m
á
s enfrentarse a la cruda pr
á
ctica.Esta cuesti
ó
n se iba agudizando seg
ú
n aumentaba la beligerancia de la prensa contra el MLNV en todos losaspectos, por pasiva o por activa, indirecta o directamente. El cerco a EGIN y el silencio de los medios; lastorturas, palizas y la situaci
ó
n global de los prisioneros; la manipulaci
ó
n y mentira de todo lo que no interesaal Pacto, etc. ¿Para qu
é
seguir?Vino despu
é
s el problema de qu
é
y c
ó
mo decir sobre la ertzaintza y muy especialmente tras lo de buruandi.Se sum
ó
luego el saqueo de EGIN, etc.Conforme estudi
á
bamos la propaganda legitimadora de la ertzaintza, seg
ú
n pretend
í 
amos analizar losvericuetos internos de sus mecanismos justificatorios, y por tanto acceder desde ah
í 
a los instrumentosconcienciadores y desmitificadores, en este buceo nos sorprend
í 
a cada vez m
á
s la doble tensi
ó
n que minatodas nuestras concepciones al uso. Por un lado, tensi
ó
n entre la unitariedad te
ó
rica del problema en s
í 
, elhecho de que el problema psicopol
í 
tico de aceptaci
ó
n del poder es global, y entre su ramificaci
ó
n, pues sediversifica como las ramas de un
á
rbol. Por otro lado, tensi
ó
n entre la necesidad l
ó
gica de una denunciaunitaria correspondiente a esa globalidad, y entre el necesario respeto a los grados diferentes de sensibilidadexistentes entre nosotros y en nuestra sociedad.Doble tensi
ó
n que escapa a la f 
á
cil consigna de "batalla por la opini
ó
n p
ú
blica". Precisamente, es en estecampo, en el de la llamada "opini
ó
n p
ú
blica" en donde el enemigo centra el grueso de su ataque inmediato yes en el frente de la estructura ps
í 
quica de masas, de la psicopol
í 
tica, si se le quiere denominar as
í 
, en dondeplantea su ataque a medio y largo plazo. Cualquier respuesta nuestra en el campo de los medios decomunicaci
ó
n, de la propaganda, del debate pol
í 
tico, de las alternativas, de las denuncias y desmitificaciones,y especialmente de la legitimaci
ó
n de la lucha armada, que busque s
ó
lo "ganar a la opini
ó
n p
ú
blica", por muyurgente y prioritario t
á
cticamente que sea, es de hecho pan para hoy y hambre para ma
ñ
ana.Hablamos de problema psicopol
í 
tico, algo mucho m
á
s profundo y decisorio que la simple "opini
ó
n p
ú
blica",cosa que existe efectivamente pero que debemos colocar en su justo sitio. Hablamos de estructura ps
í 
quica demasas como punto central y decisorio de todo problema comunicacional, de opini
ó
n p
ú
blica.Las p
á
ginas que siguen sorprender
á
n tal vez a algunas personas debido a que buscan otras brechas de entradaen el problema, al margen de los criterios tradicionales utilizados por nosotros y que se basan en un rampl
ó
ndemocraticismo. Lamentamos que el texto haya resultado tan corto para un tema tan extenso. Un tema tanextenso, hay que decirlo, como la realidad misma.Es la certidumbre te
ó
rica y pr
á
ctica de que la comunicaci
ó
n es y afecta a la realidad misma, la que nos lleva ainsistir en la necesidad de unir siempre comunicaci
ó
n con concienciaci
ó
n. Puede sonar algo manido, unt
ó
pico de principiante si se quiere pero por eso mismo es algo que se olvida con peligrosa facilidad.La tesis que se defiende en este texto es que nuestra capacidad de comunicaci
ó
n concienciadora es inferior alas potencialidades que poseemos. Muy inferior. Somos m
á
s de lo que comunicamos. No es verdad quecomuniquemos lo que somos, sino s
ó
lo una parte de lo que somos. Nuestros errores, la distorsi
ó
n y lafalsificaci
ó
n que introduce el Pacto m
á
s las nuevas exigencias sociales que van por delante de nuestracapacidad, estos tres factores son los causantes de que infrautilicemos nuestras potencialidades. Lo grave esque esa infrautilizaci
ó
n se produce en momentos de tr
á
nsito, de interrogaci
ó
n social, de demanda derespuestas y perspectivas.Todo el texto y sus propuestas pr
á
cticas est
á
surcado por una intenci
ó
n clara, que no es pesimista sinoprecavida: pensar como si se cumpliera la peor de las hip
ó
tesis posibles, la desaparici
ó
n de EGIN o, en todo2
 
caso, como si se cumpliera la segunda peor hip
ó
tesis posible, la reducci
ó
n del peri
ó
dico a un cuadernillopanfletario, resistente, una especie de libro de
ó
rdenes de guerra para el combate diario. Sabemos que hayotras hip
ó
tesis, pero por simple rigor pol
í 
tico insistimos al lector/a para que active las neuras de la precauci
ó
n.Se ha buscado ofrecer al lector tres posibilidades: una, la lectura completa del texto como ser
í 
a l
ó
gico; otra, lalectura de las conclusiones de cada cap
í 
tulo y del resumen final y la
ú
ltima, la lectura del resumen. Noperdemos la esperanza de que alguien lea el texto entero, probablemente quien se juega y lo da todo en estalucha.1.
¿SUPERFICIALIDAD Y/O DESCONOCIMIENTO
?Nuestros brillantes soliloquios, s
ó
lo o
í 
dos y apenas escuchados, por la persona sita al lado del orador/a ennuestras tertulias de turno, rozan ya la perfecci
ó
n sublime de los discursos cuodlibetales del medievo.Como sucede siempre que el bizantinismo pretende dictar la realidad, a la postre, m
á
s temprano que tarde, loshechos dictan las condiciones al discurso. As
í 
nos encontramos ahora. Y precisamente cuando lacontradicci
ó
n entre nuestra estulticia y nuestras posibilidades es mayor. Ahora bien ¿la causa de esta situaci
ó
ninsostenible radica s
ó
lo en nuestra lograda y muy meritoria sopa ecl
é
ctica de incongruencia y superficialidado tambi
é
n, en el fondo, en un profundo desconocimiento del problema que tratamos?¿Sabemos de qu
é
hablamos cuando hablamos de medios de comunicaci
ó
n, de comunicaci
ó
n social, depol
í 
tica propagand
í 
stica, e incluso de guerra psicol
ó
gica, o nos limitamos a repetir los t
ó
picos al uso, creadosy empleados por el mismo poder al que nos enfrentamos? ¿Luchamos en nuestro campo o en el suyo, connuestras armas o las suyas?
1-1. Buceando en el pasado
Aqu
í 
tenemos que buscar en nuestros m
é
todos e instrumentos de conocimiento de la realidad capitalista engeneral. M
á
s adelante en este escrito pasaremos a analizar la "otra" cara del problema psicopol
í 
tico de lallamada "opini
ó
n p
ú
blica": opresi
ó
n nacional y la realidad profunda que determina. Ahora nos detendremospor exigencia te
ó
rico-metodol
ó
gica en la incapacidad hist
ó
rica de la izquierda en su conjunto, desde finalesdel siglo XIX, para comprender e intervenir en este problema.Tal vez para alguien pueda parecer superfluo retroceder tanto y penetrar tanto en el problema, pero creerlo as
í 
 es dar una muestra m
á
s del error que debemos superar. Lo que nos ocurre a nosotros, agravadocualitativamente como veremos por la opresi
ó
n nacional, es que somos portadores de la incapacidad eimpotencia te
ó
rico-pol
í 
tica de todas las izquierdas -reformistas o revolucionarias- para responder a losavances del Capital en la dominaci
ó
n de las y los oprimidos desde finales del siglo XIX.Detenemos en estas fechas nuestro an
á
lisis pues es a partir del cu
á
druple fen
ó
meno del imperialismo; de lasegunda revoluci
ó
n tecno-industrial y sus efectos sobre la memoria, conocimiento pol
í 
tico y centralidadclasista del trabajo; de las mejoras en la protecci
ó
n y ayuda social y
ú
ltimo, de asentamiento burocr
á
tico-parlamentario de las izquierdas, cuando toma cuerpo definitivamente el retraso hist
ó
rico de las izquierdas conrespecto a los adelantos y mejoras de la dial
é
ctica burguesa del palo y la zanahoria. Esos cambios van unidosal fortalecimiento de los Estados-naci
ó
n burgueses, a la implantaci
ó
n de su nacionalismo interclasista,euroc
é
ntrico y patriarcal entre las clases oprimidas, al creciente poder delegado de la prensa y al deterioroimparable de la primitiva democracia burguesa que queda reducida a simple juego parlamentario incapaz decontrolar la cada vez m
á
s compleja, aut
ó
noma y obscura realidad pol
í 
tica y burocr
á
tica.Grosso modo, es a partir de entonces cuando se toma conciencia dentro de la izquierda, fundamentalmente dela socialdemocracia todav
í 
a vivo Engels, de las cada vez m
á
s agudas dificultades para llegar al fondo de laconciencia pol
í 
tica de las masas pese a los avances electorales y organizativos que se suceden. Desde entoncesel problema de c
ó
mo contrarrestar a los medios de propaganda de la burgues
í 
a se hace cr
ó
nico y angustiosoconforme transcurre el tiempo. Un problema que penetra e impregna a los tres fundamentales de la
é
poca yactualmente:3
of 00

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