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Irán, próximasubasta de guerra
texto de
Higinio Polo
rán es una dictadura teocrática en la que se vulneran sistemáticamente los derechos políti-cos de sus ciudadanos. Pero también es una "pieza a cobrar" por parte del Imperio en suavance estratégico para la dominación del mundo. Un asunto complejo a cuya soluciónpoco ayuda su nuevo presidente, Mahmud Ahmadineyad.
I
1Las recientes declaraciones del presidente iraní,Mahmud Ahmadineyad, sobre las responsabilidades delholocausto judío en la Segunda Guerra Mundial, han vuel-to a poner en el centro de la atención mundial al régimenteocrático de los
ayatolás 
, y lo han hecho en un escenariointernacional donde se enfrentan múltiples intereses delas grandes potencias, serios apercibimientos de Washing-ton y explícitas amenazas de Israel si Teherán no abando-na de inmediato su programa nuclear, y, todo ello, en unazona caliente del planeta donde se cruzan tradiciones his-tóricas, reivindicaciones religiosas, movimientos de rena-cimiento cultural y político e intereses nacionales contra-dictorios. Todas las cancillerías son conscientes de que esegran Oriente Medio es un polvorín, donde, además, hantenido lugar las dos últimas aventuras militares norteame-ricanas, Afganistán e Iraq. Por eso, la declaración de Ahma-dineyad está lejos de ser una cuestión menor.El escándalo por las palabras de Ahmadineyad fue mun-dial, y tanto en Bruselas como en Washington, en Moscúcomo en Tel-Aviv, las repercusiones fueron inmediatas.También lo fueron en la prensa internacional. El 24 dediciembre de 2005, por ejemplo, el
International Herald Tribune 
, publicaba varias informaciones y opinionessobre el asunto acompañadas de una destacada viñeta enla que aparecía el presidente iraní, flanqueado por dos
mulás 
, hablando desde una tribuna, mientras su sombraadoptaba el perfil de Hitler haciendo el saludo nazi. Laspalabras de Ahmadineyad añadían combustible ideológi-co a una creciente tensión en el área, e ilustraban la cues-tión pendiente de la “crisis nuclear iraní” que, según lasreiteradas amenazas de Washington, puede acabar conTeherán ante el Consejo de Seguridad de las NacionesUnidas. Hay muchas cuestiones en juego.Pero, ¿qué dijo, realmente, Ahmadineyad? Si creemos ala agencia oficiosa iraní IRNA, el nuevo presidente —du-rante su visita a Sistán-Baluchistán y en su intervenciónen el estadio de la ciudad de Zahedán, ante miles de per-sonas— reclamó un referéndum en Palestina, donde pu-diesen participar todos los habitantes, para decidir su pro-pio gobierno. Con retórica solidaria con los derechos pa-lestinos, y con un calculado lenguaje, equívoco en sustérminos, Ahmadineyad se interrogaba sobre el origen(“¿dedónde han llegado?”) de quienes estaban cometien-do los crímenes contra el pueblo palestino: con ello, elpresidente iraní estaba apuntando al gobierno y la pobla-ción israelí, establecida en la zona sobre todo a partir de laSegunda Guerra Mundial y de la creación del Estado deIsrael. Al mismo tiempo, Ahmadineyad sembraba algunasdudas sobre la realidad histórica del asesinato de millonesde judíos bajo el régimen nazi y, utilizando la denomina-ción de “los europeos” como responsables del holocausto,se preguntaba por la razón para hacer pagar el precio deesos crímenes a los palestinos con la creación de un ficti-cio Estado de Israel. Es decir, Ahmadineyad, planteabaque si “los europeos” habían sido los causantes del holo-causto, no era justo que hiciesen hacer pagar por ello a lospalestinos, que se vieron expulsados de sus tierras. En ese
 
contexto, Ahmadineyad declaró la conveniencia de que—en Europa, Estados Unidos, Canadá o Alaska— se ce-diera una región a los judíos para establecer ese Estado,iniciativa que recibiría el apoyo inmediato de Irán. Erauna calculada, aunque torpe, declaración, que tiene unalectura en política exterior y otra en el interior de los cír-culos enfrentados del propio régimen iraní, que, con susintrigas palaciegas, intentan dominar políticamente a susenemigos y seguir controlando la mayor parte de las ri-quezas de Irán. La declaración de Ahmadineyad tambiénestaba dirigida a la población de su país, y, más allá, a lasgrandes masas musulmanas del planeta que siguen vien-do, día a día, la feroz ocupa-ción y segregación del pueblopalestino a manos de Israel.Pero vayamos por partes.Esos resabios mostrados por Ahmadineyad no son nue-vos: recuerdan la larga rela-ción de algunos musulma-nes con el fascismo y con movimientos de extrema dere-cha europeos, que se explican por su común fobia a los ju-díos o a los israelíes. Algunos rasgos de esa patología polí-tica vienen de lejos, del período de entreguerras, cuandolos pueblos árabes se sintieron traicionados tras las pro-mesas que les habían hecholos agentes de Londres enlos días de la Primera GuerraMundial: les prometieron laindependencia del Turco y obtuvieron la colonizaciónde Londres y París, que se re-partieron Oriente Medio con la socorrida fórmula de los
mandatos 
de la Sociedad de Naciones. La lógica conse-cuencia de ello fue el nacimiento de simpatías por Ale-mania, la potencia europea derrotada en la
Gran Guerra
(aliada además del Estado turco) en quien algunos musul-manes vieron un aliado europeo posible ante la ocupa-ción colonial británica y francesa de las tierras árabes.Recuérdese que, en ese periodo de entreguerras, WinstonChurchill, por ejemplo, hará y deshará países y crearámonarquías artificiales y arbitrarias en Oriente Medio, loque hizo crecer la resistencia (y, también, el resentimien-to) hacia Londres y París y, en paralelo, la inclinación dealgunos medios hacia Berlín.En Irán, Reza Pahlevi, el primer sha y padre del segundo y último soberano, ya había mostrado simpatías por Hit-ler, hasta el punto de que, en 1941, en el norte del país, seencontraban destacamentos de soldados alemanes e ita-lianos. Desde meses antes, el nazi Paul Leverkuehn (unagente de la
 Abwehr 
, el servicio de información del EstadoMayor alemán dirigido por el almirante Canaris) seencontraba en Tabriz y recorría con sus hombres el nortede Irán, con la misión de estudiar la posibilidad de atacarBakú, para apoderarse del petróleo del Cáucaso, idea que,sostenía Leverkuehn, podía lanzarse con éxito. La UniónSoviética, que estaba bajo la feroz presión militar de la
operación Barbarroja
iniciada por la
Werhmacht 
, temía unataque alemán desde el norte de Irán, que, de llevarse acabo, cerraría la tenaza sobre su territorio, circunstanciaque llevó a Moscú, de acuer-do con Londres, a atacar paraexpulsar de Irán a esas fuer-zas militares fascistas. Tam-bién Gran Bretaña temía esaposibilidad y había dejado deconfiar en Reza Pahlevi: enseptiembre de 1941, la pre-sión militar y diplomática de Moscú y Londres, unidos enla coalición antifascista, fuerzan la abdicación del sha, y su hijo Muhammad le sucede en el trono. De hecho, desdeentonces puede hablarse de un sionismo y de un antisio-nismo de derechas, y otros de izquierdas, que, junto con lacreación del Estado de Israel y la expulsión de centenaresde miles de palestinos de sustierras, que continúan malvi-viendo en campos de refugia-dos, complica mucho el aná-lisis y es terreno abonado pa-ra todo tipo de mentiras y demagogias. La creación delmoderno Estado de Israel cambió muchas cosas en Orien-te Medio, y, desde entonces, no será extraño ver apareceren algunos medios musulmanes simpatía por los alema-nes, incluso por los nazis, como rechazo al nuevo Estadode Israel y al inhumano despojo del pueblo palestino.Seis años después del final de la Segunda GuerraMundial, el doctor Mosaddegh nacionaliza el petróleo y esa será la señal de alarma que activa todos los resortesneocolonialistas norteamericanos (pese a un posturageneral de Estados Unidos, en 1945, favorable a la desco-lonización) para que, poco después, Washington organiceun golpe de Estado —la célebre
operación Ajax 
, preparadapor la CIA, que tenía entre sus más importantes agentes aun nieto del presidente Theodore Roosevelt— que termi-na con el gobierno Mosaddegh, mientras el sha
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En Irán, las elecciones son apenasel manto con que se cubrela dictadura teocrática.Diferentes fuentes calculanentre ochenta y cien mil el númerode presos políticos en Irán.
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