• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
p a re n t e s c o s
108/ElViejo
Topo
 
p a re n t e s c o s
ElViejo
Topo
/109
Marx, conspirandoen Manhattan
texto de
Higinio Polo
os Ma rx, Groucho por un lado, Karl por otro siguen hablándonos de los viejost i e m p o s, conspirando en Manhattan, haciéndole, por ejemplo, un corte demangas a Ha r ry Truman por Hi roshima y Nagasaki, o burlándose del incapazBush de nuestros días; y siguen siendo capaces de soltarles a los plutócratas nort e a-m e ri c a n o s, con Gro u c h o, que “p a rtiendo de la nada, hemos alcanzado las s altascotas de miseri a”.
L
Pese a la celebridad de los hermanos Marx, no hay demasiados libros sobre sus vidas. Uno de ellos fue pu-blicado por Stefan Kanfer, quien estudió “la vida y laépoca de Julius H. Marx”, en un volumen que aparecióentre nosotros con el título de
Groucho,una biografía
.Tenemos, además, el estudio de Simon Louvish, publica-do hace poco más de un lustro. En él, el autor nos cuentaque los cinco hermanos Marx (que se quedaron en cua-tro, y, al final, en tres) venían del vodevil, antes de con-vertirse en cómicos famosos y en protagonistas de pelí-culas que dieron la vuelta al mun d o. Los cinco eran Julius( Groucho), Adolph (Harpo), Leonard (Chico), Mi l t o n(Gummo) y Herbert (Zeppo). Groucho había nacido en1890, como Julius Henry Marx –cuando el otro Marx, elalemán, hacía nueve años que había muerto– y sucum-bió en 1977. Groucho, el más célebre de los hermanosMarx, empezó a actuar en tugurios hacia 1905 y, después,asociado con la familia, siguió elaborando números mu-sicales, escenas de
music-hall 
 y cualquier ocurrencia queles permitiera comer caliente. Eran tiempos difíciles, nolo olviden. Chico nació en 1887 y murió en 1961, y Harponació en 1888 y murió en 1964. Aunque tampoco esasfechas están claras, al decir de algún biógrafo; detalle queno importaba demasiado a Gro u c h o, quien re c u e rda suinfancia de niños judíos pobres con humor, bromeandocon sus propios trucos parahacerse con un centavo,sisando a su madre en el precio del pan, o ironizando conla realidad de su familia alojándose en domicilios sucesi-vos en el duro NuevaYork del cambio de siglo, cuando losniños de Manhattan trabajaban y no era raro que algunosmuriesen de hambre. No fue su caso, claro, e incluso loshermanos tuvieron largas vidas para la época que les to-có vivir. Cuando Groucho recordaba esos años, en loslibros que publicó, la infancia de pobres quedaba muy lejos, pero seguía teniéndola presente.Groucho, cuya familia paterna (judíos pobres de so-lemnidad) procedía de la Alsacia francesa, nos cuentaque su abuelo materno (que era originario de Alemania,se llamaba Lafe Schoenberg, como si fuese una señal delinterés por la música que tendrían varios de sus nieto s )vivió 101 años, seguramente porque decidió dejar de tra-bajar a la edad de 52 años; y re c u e rda que la abuela to-caba el arpa: como Ha r p o. Y Chico, a quien le gustabaf recuentar las salas de billares de Harlem, empezó ga-nándose la vida tocando el piano en los cinematógra f o s y en hoteles apestosos, tras abandonar los lugares don-d e, de niño, se dedicada ya al juego de apuestas en lacalle 94. Todos con la música. En NuevaYork, la familiaseguía siendo pobre. El padre –el señor Marx– era unalsaciano jovial al que le gustaba la vida, y acariciaba laidea de prosperar: había soñado con apoderarse del co-mercio de todo el East Side neoyorquino, aunque todos
 
sus negocios resultaron ruinosos. El señor Marx lanzabamaldiciones en francés, y podía hacer vino –clandestina-mente, durante los años de la prohibición y de la
ley seca
sin uva: era un verdadero genio. Fabricaba el vino conpasas y malta, aunque, a veces, sus desvelos producíanalguna explosión en los sótanos del edificio donde viví-an. Al fin y al cabo, como decían en la familia Marx, aquélera mejor sistema que mezclar zumo de naranja con gra-nadina y añadir unas gotas de gasolina etílica. No lo juz-guen con severidad: tenía que conseguir algunos ingre-sos para tanta familia, máxime si las cosas se ponían difí-ciles. Según Groucho, su padre, que oficiaba como sastre,no acertaba nunca con las medidas, por lo que sus clien-tes nunca repetían y los ingresos escaseaban. Así quetodo eran líos. La madre de los Marx odiaba cocinar, deforma que tenía que hacerlo el sastre, situación que Chi-co aprovechaba para birlarle todo lo que podía, ademásde dedicarse a dejar en prenda los objetos famil i a res enuna tienda de empeños de la Te rc e ra Avenida para conse-guir algún dinero para sus gastos. A ve c e s, en esa tienda,Chico empeñaba incluso los trajes que le habían encar-gado a su padre. Pe ro, poco a poco, fueron pro s p e ra n d o,hasta el punto de que, años después, los hermanos Ma rx c o n s i g u i e ronuna mala reputación como cantantes como actores. No hay que extrañarse mucho: era así contodos los cómicos, a quienes, en ocasiones, insultaban oeran agredidos por cometer pequeñas faltas, como robarobjetos en los hoteles, o por hacer como aquel actor, quefue sorprendido mientras trataba de huir con un enanoque formaba parte de otro número de la compañía.Esos eran los Marx que crecieron en el Upper East Sidede NuevaYork. A mí, que siempre me han llamado laatención las coincidencias extrañas (ya saben: manías),me resulta difícil evitar rela-cionar a los hermanos Marx con la industria textil y conla contestación al capitalis-mo. Me explicaré. Marx, elviejo Marx de
El Manifiestoc o m u n i s t a
, colabora ahoramismo, si me permiten, conGroucho Marx, jugando, en-redando en Manhattan: después de todo, Groucho cuen-ta en sus memorias que su padre, después de emigrardesde NuevaYork a Chicago, puso un negocio para plan-char pantalones –negocio que resultó, también, ruinoso–con un amigo faquín que se llamaba Alexander Jefferson.De esa forma, el cartel que colgaba en la calle anuncian-do el negocio de plancha-pantalones automático llevabael nombre de “Marx y Jefferson”. Parece contradictorio,¿verdad? No lo es: es una ironía, puesto que toda la fami-lia estaba al cabo de la calle de que Marx prevalecerías o b re Jefferson. Más coincidencias textiles: Si d n e Bechet, a quien Eric Hobsbawm bautizó como “el Carusodel jazz”, puso una tienda de arreglo de prendas de vestiren el Harlem de 1933, negocio que también fracasó.(Reparen ustedes, de paso, en las relaciones de los artis-tas de jazz con los comunistas). Y el padre de Arthur Mi-ller, un judío polaco que había emigrado a los EstadosUnidos, y que con siete años había llegado, él solo, desdePolonia hasta NuevaYork, también puso un negocio tex-til. Por no hablar de Marx y Engels, o de la cadena dealmacenes de Marks y Spencer, un intento de escapar a lamaldición. Marx y Jefferson. En fin. Ya ven que todo sontiendas de ropas. Hasta para Marx y Engels, envueltos enla revolución industrial del textil: ya se sabe que el buenode Engels tuvo que preocuparse por sus negocios fami-liares en Manchester, y que todos los sindicatos obrerosnacieron en las fábricas textiles.Y tampoco puedo dejarde pensar en los chinos que ponían lavanderías en esosaños y en un secreto hilo que los une a todos. Pero nodivaguemos: ya les tengo dicho a ustedes que hay queanalizar siempre las cosas con detalle.* * *En una ocasión fui hasta la calle 93 de NuevaYork.Buscaba el 179 East. Allí vivieron los hermanos Marx,cuando eran niños. Mientras recorría el tramo de calle,imaginaba a la madre, desesperada con sus cinco hijos,con todos aquellos pequeños diablos recorriendo lascalles del Upper East Side, aterrorizando a los vecinos y alos comerciantes. En princi-pio, lo hicieron hasta los treceaños, porque, a esa edad, losniños de familias judías ce-lebraban su
Bar Mitzvah
 y seconvertían en hombres. Es und e c i r, porque los Ma rx seguían con sus tra ve s u ra s.Esa parte de NuevaYork, queen la época de los hermanos Marx agrupaba a un vecin-dario modesto, está habitada ahora por muchos ricos,como el alcalde Michael Bloomberg, un multimillonariopopulista que se desplaza en metro para impresionar a laplebe, aunque toda la ciudad sabe que Bloomberg viveen ese exclusivo Upper East Side, convertido hoy en un
p a re n t e s c o s
110/ElViejo
Topo
 
Si los sindicatos organizaban huelgaso preparaban piquetes, eran acusadosde ¡“violación de los derechosindividuales de los empresarios”!
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...