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 La hipótesis sostenida en este artículo es que la economía mundial se dirige hacia una crisis relativamenteimportante. Dado que toda crisis lleva la marca del momento en que surge y de las contradiccionescaracterísticas del mismo, esto es lo que el artículo procuró aclarar. oda crisis de cierta amplitud nosrecuerda el carácter y los límites históricos del capitalismo: seguramente tendremos mas oportunidadesde reerirnos a ello, sabiendo de todos modos que eso no basta para asegurar su superación.
Introducción
La marcha de la crisis nanciera que estallóen el sector de préstamos hipotecarios de losEstados Unidos en agosto del año pasado no eslineal. Los momentos de regreso a una calma re-lativa se alternan con expresiones más visiblesde crisis, a veces espectaculares. El estallido deesta crisis representa un giro en el curso de laeconomía mundial.
En primer lugar, marca el n del ciclo eco-nómico estadounidense iniciado con la recu-peración de comienzos del 2003. Ya en estesentido su alcance es mundial, pues el consumointerno norteamericano representó, entre 2003 y 2006, la principal salida para la oerta demercancías producidas en los otros países. Yhay más: aún antes de que la demanda interiorde los Estados Unidos suriese todo sus eectos,la crisis hipotecaria comenzó a propagarse casi
*Destacado marxista rancés, autor de numerosos libros y trabajos reeridos a la mundialización del capital,el capital nanciarizado y los nuevos requerimientos teórico–estratégicos de la lucha emancipatoria. Esmiembro del Consejo asesor de
 Herramienta
y uno de los Editores responsables de la nueva revista
Carré rouge / La brèche
en cuyo nº 1 Diciembre 2007–Enero–Febrero 2008 se publicó este artículo, traducido al castellanopara
 Herramienta
por Aldo Casas.
en todo el mundo, mediante los mecanismospropios del sistema nanciero globalizado,hacia los bancos y las sociedades de colocaciónnanciera (los
 Mutual Funds
, los
 Hedge Funds
  y las sociedades especializadas en préstamoshipotecarios). No son tocados sólo los paísesuertemente interconectados con la nanza es-tadounidense. Lo son también los que tienenmonedas más expuestas a los eectos de lacaída del dólar. Por lo tanto, los niveles de ac-tividad económica, de empleo y de disposiciónal consumo o la inversión en un conjunto depaíses pueden disminuir a consecuencia delo que ocurre en los Estados Unidos. Son deprever interacciones a este nivel, pues la OCDEprecisó que la desaceleración había comenzadoentre los países miembros antes del inicio de lacrisis nanciera.
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El fn deun ciclo.Alcance yrumbo dela crisisfnanciera
François Chesnais*
 
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El mecanismo de contagio en el que más seinteresan los diarios es el de la cotización delas acciones en las bolsas. La transmisión delas uctuaciones bursátiles puede ser especta-cular, pero más allá del eecto «subjetivo» entérminos de imagen del capitalismo, no es elcanal de propagación más importante. Sólo enlos Estados Unidos y en menor medida en GranBretaña el consumo interno es directa y rápi-damente aectado por los cursos bursátiles. Lainquietud inmediata de los observadores tieneque ver sobre todo con otras tres cuestiones.La primera se reere a la amplitud de la con-tracción del crédito interno en el sector nan-ciero, provocada por los títulos «podridos» de«nueva generación» (ver más adelante) que losbancos y los ondos de colocación con riesgo(los
 Hedge Funds
) tienen en sus carteras. No setrata todavía de una contracción del crédito alas empresas, sino de un paso en esa dirección.La segunda concierne al momento y la violenciadel estallido de la burbuja inmobiliaria en otrospaíses en que existe, sobre todo los de la UniónEuropea como España o Irlanda, pero tambiénAustralia. El tercero se reere a los eectos almenos parcialmente antagónicos de las políticasde tasas de interés y tasas de cambio adoptadaspor los principales países. Un ejemplo es el alzade las tasas de cambio del euro con respecto aldólar, que se aceleró con la baja de las tasas deinterés norteamericanas.Un poco a más largo plazo, a seis u ochomeses, el principal interrogante, del que real-mente depende el curso de la crisis nanciera,se reere al Asia. Esta crisis nanciera no podríadesembocar en una crisis mundial grave deltipo de la de 1929, si no se produjera una des-aceleración general de la demanda mundial querevelase que hubo –desde el 2002 y más aúnluego de 2003– un proceso de sobreacumula-ción en todas las economías asiáticas de la costadel Pacíco (en China, pero también en Japón,Corea y aiwán). Muchos economistas piensanque en esta región clave del sistema capitalistamundial, la capacidad de producción instaladaexcede ampliamente las posibilidades de absor-ción del mercado mundial. Pero siguen esperan-do que a pesar de la contracción de la demandaexterna –que es absolutamente necesaria paralas economías de Asia– los países en cuestiónsabrán compensar esa limitación aumentado sudemanda interna. En todo caso, se entra en uncontexto en el que la presión de la competenciade las mercancías asiáticas engendra tensionesproteccionistas que enrentarán a los EstadosUnidos y otros países con China. Finalmente,está la situación de los países productores delmismo tipo de mercancías, por ejemplo texti-les: incluso una contracción limitada de la ca-pacidad de los Estados Unidos y de la UniónEuropea para recibir importaciones provenien-tes de China y otros países de Asia acentuará lapresión de la mercancías asiáticas sobre ellos y agravara sus dicultades.
I.
¿Qué puntos de apoyo brinda Marxpara abordar las crisis fnancieras?
Marx no conoció una situación de hipertro-a de la esera nanciera comparable a la actual.Sin embargo dejó algunas indicaciones metodo-lógicas importantes y sobre todo una teoría delcapital cticio en la que nos apoyaremos másadelante. Recordemos por ahora que lo denomi-nado en el siglo XIX «crisis monetaria» o «dedinero» más que nanciera, constituía para él«un momento de las crisis industriales», peroun momento muy signicativo porque en él sedesnuda una contradicción undamental conte-nida en la moneda:
La unción del dinero como medio de pago en- vuelve una brusca contradicción. En la medida enque los pagos se compensan unos con otros, el dinero
 sólo
unciona
idealmente
, como
dinero aritmético
omedida de valor. En cambio, cuando hay que hacerpagos eectivos, el dinero ya no actúa solamentecomo medio de circulación, como orma mediadora y llamada a desaparecer de la asimilación, sino comola encarnación individual del trabajo social, como laexistencia autónoma del valor de cambio, como lamercancía absoluta. Esta contradicción estalla en esemomento de las crisis comerciales y de producción alas que se da el nombre de
crisis de dinero
.
2
El reemplazo del oro por las monedas esta-tales de los países más uertes (actualmente, un«semi–patrón oro»
3
) así como el desarrollo ex-traordinario que adquirieron los eectivos ban-carios exigiría transcribir esta contradiccióna las condiciones actuales.
4
Queda en pie sinembargo el hecho de que en esta crisis ya se haperlado una situación en la cual:
laberinto n
os
26-27 / 1
er
y 2
o
cuatrimestre de 2008
 
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el crédito se reduce o desaparece en absoluto, eldinero se enrenta de pronto de un modo absolutoa las mercancías como medio único de pago y comola verdadera existencia del valor. De aquí la depre-ciación general de las mercancías, la dicultad, másaún, la imposibilidad de convertirlas en dinero.
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Es muy útil una distinción introducida porMarx respecto a las «crisis monetarias» o «dedinero». Por un lado, está la de que «es unaase es de cualquier crisis». Por el otro y sin queexistan barreras inranqueables entre ambas,está
esa modalidad especial de crisis a que se datambién el nombre de crisis de dinero, pero quepuede producirse también de un modo independien-te, inuyendo luego de rechazo sobre la industria y el comercio. Son estas crisis que tienen como centrode gravitación el capital–dinero y que, por tanto,se mueven directamente dentro de la órbita de losBancos, de la Bolsa y de la nanza.
6
 
Las crisis monetarias de este tipo son lasque llamamos ahora crisis nancieras. Tra-ducen la maduración de las contradiccionesa nivel de la ormación de la tasa de gananciaasí como de las condiciones de realización del valor y plus–valor. El hecho de que estas crisisse orman de manera «
independiente
» es conse-cuencia de la acumulación de capital–dinero y de la ormación de capital cticio a gran escala.Pero estas son a su vez la expresión de graves«disunciones» que hunden sus raíces en lasrelaciones de producción y de propiedad y enlas medidas de política económica utilizadaspara contenerlas.
II. El tiempo de la crisis fnanciera
Así se comienza a percibir el alcance de lacrisis nanciera que se abrió y la importan-cia de las cuestiones en juego. Ocurre en unmomento en que los instrumentos utiliza-dos por los bancos centrales comenzaron amostrar sus limitaciones, a uer de haber sidoutilizados repetidamente desde hace veinteaños. Se produce después de una ase excep-cionalmente larga de acumulación sin ruptura.Se sitúa, nalmente, cuando la conguracióndel marco geo–económico y geopolítico delcapitalismo mundial está experimentandomodicaciones proundas.
El acento se debe poner, en primer lugar,sobre el alcance y consecuencias de lo que de-nomino
una muy larga ase de
«
acumulación sinruptura
». Considerando que la reconstrucciónde lo destruido en la Segunda Guerra Mundialterminó a mediados de los años 1950, el capi-talismo como sistema mundial conoció desdeentonces más de cincuenta años de acumula-ción casi ininterrumpida. Es la ase de este tipomás larga de toda su historia. La acumulaciónse dio con momentos de ritmos dierentes, perosin que se produjese ninguna ruptura, como unagran crisis económica o una guerra análoga a lasdos grandes conagraciones del siglo XX. La re-cesión mundial de 1974–76 puso n al largo mo- vimiento cíclico llamado «los treinta gloriosos».Cerró un período, pero luego de una ase de tran-sición la acumulación recomenzó sobre la base,especialmente, de un desplazamiento progresi- vo de su centro de gravedad geográco. Ningunaruptura se produjo tampoco desde el anco dela lucha de clases. El capitalismo mundial tuvolas manos libres para responder a lo que pudoparecer en su momento una ruptura por mediode la revolución neoliberal o más exactamenteneoconservadora. Con el benecio de la distan-cia histórica y la destrucción (al menos parcial)de las anteojeras de aquella época, podemos verahora que su esera de acción e inuencia sobre-pasó las ronteras de la dominación imperialistadel momento. Las «reormas» de Margaret Ta-tcher tuvieron como contrapartida las de DengXiaoping en China, que comenzaron como lassuyas en 1999–80 y pasaron desapercibidas parala izquierda mundial.La alta de ruptura en la acumulación duranteun período tan largo no es algo secundario. Fa-cilitó considerablemente el trabajo del capital«para apropiarse de la praxis social en toda suextensión y toda su proundidad» y orjar comodice Alain Bihr, a nivel ahora verdaderamentemundial, «un tipo de sociedad global proun-damente marcado por el dominio del capital,mucho más allá de la esera puramente econó-mica»
7
. Es en esta sociedad en la que cualquiereventual crisis de sobreproducción mundial es-tallará, tomando a la mayor parte de sus com-ponentes sociales, es decir los asalariados, en unestado de total alta de preparación «subjetiva» y por tanto política.
Alcance y rumbo de la crisis financiera
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