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Rossana
Rossanda
Los
intelectuales
revolucionarios
y
la
Unión
Soviética
EDITORIAL
ANAGRAMA
 
Fuente:
LesintellectueIs
reyolutionnaire<.:
l
re'
S
Les
Temps
l \ - f o d e r n e ~
-
('
-
¡m011
oYietiquC'
Pas.1974
Traducción:
JoaquínJordá
Maquetu,
delacoleccn:
Argente
y
Mumbrú
<1)
EDITORIAL
ANAGRA}!\
Calle
dela
Cruz.H
Ban:elona-17
DesitoLegal:B.
23857,.1975
ISBN
M.
339
·0394.2
Printed
in
Spain
-Grd,FIcAs
DLL'\lA:"TE.
Z8"B
amora.
u-
arcclona
..
>
\
A
\\
)
La
relación
con
los
países
socialistas
-las
re
voluciones
sobrevenidas
«fuera,,-
formapartc
desdehacecincuentaaños
de
la
historia
de
laizquierdaeuropea,queno
ha
tenido
su
revolución.
Una
relaciónhechadeesperanzas
y
de
de
cepciones,de
alianzas
y
deabjuraciones,
de
exaltantesutopías
y
de
realidadesdeprimentes.
Casi
siempresubalterna,
se
ha
convertido
en
un
aspectodeladerrota
de
la
izquierdaen
los«psesde
capitalismodesarrollado".
Y,
comoque
un
relación
deamor-odio,
de
esperanza
desilusión,
siempre
resulta
en
ciertomodo
ri
dícula
y
siempre
se
convierte
en
debilidad,
-la
izquierda
europeahaintentados
de
una
vez
liberarse
deella,
negándolacomo
proble
ma:
sean
cualesfuerenlanaturaleza
y
el
des
tino
delas
«restantes"
revoluciones,
notienen
nada
que
verconmigo,
la
ase«totalmentediferente".Pero
ya
no
se
trata
de
un
exorcismo.Las«otras»revolucionesexisten.
Determinan
5
 
el
mundoen
que
vivimos.Nos
determinan
nos
gust"
O
no.No
podemosescapar
aellas.'
y
eso
por
dos
buenas
razones.
La
primera
es
q ~ e
launidad
dela
escena
mundial
se
ha
hecho
eVIdente:.el
capitalismo
hacreado
un
sistema,
un
mecamsmo
en
el
cuallasinteracciones
entre
el
centro
y
la
periferia
cada
vez
son
s
"'
._
d
d'
.'
r"pI
as
y
con
IClOnantes.
La
segunda
es
que
el
apa-
rato
conceptual
del
marxismo
-pese
a
todas
las
deformacionesque
ha
sufridoen
la
«vul
g ~ t a »
de
los,
partidoscomunistas
(o
quizás
graCIas
~
ellas),
pese
a
su
abulia
en
la
versión
re
f ~ r m I s t a ,
oa
lasalteracionesde
la
cultura
es-P
ureape
'...'
ro
marxIstIzante,
del
«radicalismo
a m e n c a ~ o »
O
cualquierotra
«nueva
cultura»
ha
ofreCIdo
un
léxico
políticocomún,
una
clave
delectura
y
de
interpretaciónquecontribuye
a
acelerar
el
proceso
de
unificación.
De
estemodo,
cualquier
ruptura
del
bloque
imperialis
t ~ ,
o
del
frente
capitalista,
odel
«campo'
soéia
lIsta»
es
perci?ida
-por
lejosqueesté
elepi
centro-
no
solo
como
problema
queremueve
todos.
los
frentes
del
movimiento,sino
como
cuestlOnamiento
inmediatamente
reconocible
en
cuanto
común
a
todos
nosotros:
sigue
sien-.
d?
Y
~ n
todas
partes
detefabulanarratur.
La
hIstOrIa
de
las
revoluciones
aparece
nuevamentecomo
pura
fenomenología
dela
historia
de
larevolución.
Por
consiguiente,nos
atañe
a
todos.
La
iz
q u i ~ r d a .
no
puedeeludir
unjuiciodehecho
ni
un
JUICIO
de
valor
sobre
los
paísessocialistas.
6
Si
se
piensa
en
la
historia
y
en
las
crisis
del
mo
vimiento
obrero
europeo,
se
encontrarán,
in'ex
tricablementeunidos
a
lahistoria
del
engage-
ment,
los
problemas
relativos
a
los
países
so-,
cialistas.¿Hay
queaceptarlos,
y
enqué
medi
da?¿Rechazarlos,
y
con
quécorolarios?Estosproblemassiempre
han
tenido
una
consecuen
ciadirectasobre
la
manera
de
entender
la
revo
lución
y
las
alianzaspolíticas
inmediatas.Laizquierdamarxistaque
ha
rechazado
t)
intentadorechazar
la
necesidad
de
enfrentarse
en
este
terreno
se
ha
visto·
esterilizada.Partiendodeposiciones
opuestas,
los
socialdemócra
tas
y
los
trotskistashanpuesto
en
cuarentena
a
los
países
socialistas.
La
II
Internacional,
al
menosmientras
contó
en
su
seno
con
alguiencapazde
pensar
en
sunombre,no
se
apercibió
de
la
proximidad
de
las
revoluciones.
Cuando
yano
pudoignorarsumolesta
presencia,
se
li-
mitó
a
constatarlas,
como
si
fueran
un
acciden
te:
la
historiahaaengendradounos
mons
truos.
¿Acaso
Marxno
haaprevistola
llegadadelsocialismocomo
ruptura,
sí,
perotambién
como
coronación
del
capitalismo
en
el
apogeo'
de
su
desarrollo,
cuando
las
impetuosas
fuerzas
productivas
entraran
encontradicción
conlasviejasrelacionesde
produccn?Si
éste
es
el
esquemade
larevoluciónsocialista,
Octubre
de
1917
notienela
documentaciónen
regla,
dc
la
China
es
mejor
ni
hablar
yel
casodeCuba
esalgo
totalmente
diferente.
Ni
sustancia
ni
accid,ente,
son
unos
fenómenos
a
los
que
el
mar-
7
of 00

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