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Revista
 
internacional
 
de cienciassociales
diciembre 2004
 
182
 Exploraciones en el espacio abiertoEl Foro Social Mundial y las culturas dela política
 
Tema del número
Asesores editoriales: Chloé Keraghel y Jai SenVivimos en una época en la que surgen políticas radicalmente nuevas, comprendidas las políticas civiles de ámbito local, nacional, transnacional y mundial, así como nuevas redesmundiales formadas por refugiados, migrantes y grupos religiosos. Una de lasmanifestaciones más destacadas de política civil internacional es el Foro Social Mundial, quecelebró su primera reunión mundial en Porto Alegre, Brasil, en enero de 2001. Mediante elanálisis de los temas y la formulación de diagnósticos, el Foro trata de estimular la preparación de propuestas y estrategias como alternativas al “pensamiento único” neoliberaly a toda forma de fundamentalismo. El espectacular aumento de los participantes en lareunión -de unos 25.000 en 2001 a más de 100.000 en 2004- demuestra la pertinencia delForo para personas del mundo entero.Aunque se autodenomina “social”, el Foro es una iniciativa esencialmente política y fomentaun léxico, una gramática y una cultura de la política específicos. Este número tratará deefectuar una exploración amplia, crítica y marcadamente plural de la idea de “espacioabierto” en tanto que concepto político-cultural, centrándose en el Foro y en lo que éstedefine como su(s) cultura(s) de la política. En este sentido, el Foro representa tanto unexperimento importante como, en cierto modo, una paradoja. Por una parte, ofrece una
 
 amplia perspectiva de un “espacio abierto” para movimientos que desafían a imperios yexaltan la diversidad y la pluralidad. Por la otra, ese espacio abierto está circunscrito por determinada concepción de la política y por una orientación ideológica específica. ¿Es posible preservar la multiplicidad en el marco de una idea “única” mayor y en relación conella? ¿Puede funcionar coherentemente la cultura de la política de “espacio abierto” tanto enel Foro como en sus relaciones con el mundo que trata de cambiar?
Número anterior (181):
 
Megaciudades
 Asesor editorial: Mattei Dogan
Próximo número (183):
 Acción afirmativa
 
 
 
Editorial
¿Existen, o pueden existir, diferentes “culturas de la política”? Esta pregunta aparentementesencilla que enmarca este número especial de la
 Revista Internacional de Ciencias Sociales
 sobre el Foro Social Mundial plantea cuestiones amplias y complejas. La sabiduríaconvencional, dentro y fuera de los círculos académicos, enseña que la política es en generalun rasgo permanente de la condición humana. Así pues, tomando al azar dos colecciones, esatinado considerar el “viaje inconcluso” de la democracia, desde Grecia clásica hasta el periodo contemporáneo (Dunn, 1992) o los principios del pensamiento político “desde Platónhasta la OTAN” (Redhead, 1989). No se trata de sugerir, por ejemplo, que Pericles y BillClinton ocupan el mismo universo social, imaginativo y moral y que, si por casualidad seencontraran, tendrían a su disposición un lenguaje transhistórico y transcultural de “losestadistas” que, de hecho, les mostraría cuanto tienen en común. La historia popular, en particular la biográfica, en gran parte está escrita en esos términos, pero el académico profesional tiende a desconfiar más de las generalizaciones. A un nivel más abstracto, sinembargo, en gran medida se da por sentado que la noción de “liderazgo político”, por ejemplo, si bien no nombra a una esencia transhistórica de determinado tipo, apunta a unaserie de problemas caracterizados por cierta permanencia. Pericles era un
tipo
de líder  político, Bill Clinton, otro. Y lo que es permanente en la condición humana política se sitúaen algún lugar en el “aire de familia” básico.Cualquier intento de especificar detalladamente la naturaleza de la “condición humana política” sería, en el mejor de los casos, bastante polémico. En cualquier caso, no se podríacondensar en el marco de este breve editorial. Sin embargo, a grandes rasgos lo que está en juego podría especificarse de manera bastante simple. Se puede afirmar que la condición política nace de la conjunción de tres características de la existencia humana que nodependen de ninguna presunción particular acerca de los modelos social, tecnológico,cultural o institucional. Estas características familiares son la pasión, el lenguaje y lanecesaria coordinación. En otras palabras, los seres humanos están genéricamente llamados ahacer cosas juntos, que pueden hacerse de muchas formas diferentes, que pueden nombrarse,analizarse, discutirse, promoverse y rechazarse; y se preocupan de lo que se puede hacer y delo que no– y, normalmente, quién hace exactamente qué. En esta lectura, la semilla de la política está presente en toda la interacción humana; tiende a germinar tan pronto comoempieza a expandirse la gama de opciones concebibles, de participantes apasionados, demodos de participación, y de posturas críticas. La esencia de la política puede variar enormemente, junto con sus formas prácticas. Puede llegarse incluso a un punto en que las“opciones concebibles” (y los lenguajes políticos que configuran y reflejan) de dos gruposconcretos localizados histórica, geográfica y culturalmente dejen totalmente de cruzarse, demodo que la política de uno deje totalmente de ser inteligible en términos del sentido comúndel otro. Sin embargo, aun en un caso tan extremo, los límites del sentido común pueden ser infringidos por la ciencia social o lo que pasa por el mismo. Al disponerse de técnicas paraevaluar lo que los otros seres humanos piensan que hacen, nosotros siempre podemos, demanera indirecta, hacernos una idea de cómo se articula su visión del mundo, y de este modosituar en ella su comprensión particular de la “política”.
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